martes, 18 de noviembre de 2008

à la recherche d'un poème perdu

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NOTA DEL BLOGGER & AUTOR: En mi búsqueda de archivos perdidos: poemas, cuentas, propósitos de novelas, opiniones políticas y sueños eróticos, me he encontrado con este poema sin título, pero que ahora con posterioridad he "entitulado" como IRACUNDIA. Las iracundias son unos arrebatos que me dan de vez en cuando, en realidad con cierta frecuencia, y que hasta ahora se han resuelto en versos, palabras acaloradas, insultos y resaca depresiva. Aún no ha aflorado la sangre.

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IRACUNDIA

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Soy la barranca abajo y el sin freno, la puerca de Valladares,

la copa rebosante de fluoxetina y la frustración del Prozac,

y el párpado inerme, inerte pellejo, bajo el tacón del lormetazepam.

El empujón me lo doy yo mismo, no hace falta que me atropellen.

Calma, compañeros, la cola en vela ha sido en vano:

no llegaron los tennis ni el tafetán

ni las banderitas hispano-cubanas para saludar la democracia –quesque cé?

Y, para colmo, España ya dejó de ser un modelo de transición

y volvió a lo que siempre fue: enchufe y besamano, usura, suciedad apañada,

crema exfoliante y agresiva, lejía con olor a menta allá por el sur, el cinturón de papá:

prepara el culo, mi niño, que quien la hace la paga.

¿Y qué hice yo?, me encuesto en este minuto sin tiempo.

“Es sólo un segundo”, me digo, como un profesional improvisado y mal pagado

bajo el arcón de mi puerta, esperando la respuesta, corre el tiempo,

el reloj sin manecillas de McCullers, que también se suicidó,

y las cuatro plantas sin ascensor,

el comedor para indigentes del General Martínez Campos, Sor Isabel Viñedo,

donde saboreé mis primeras sopas de cocido madrileño.

Pero no, esto no es un mero acto personal e intransferible, íntimo y aislado,

ajeno a cualquier circunstancia, como caído del cielo

o higienizado hasta la más recóndita molécula en el laboratorio:

laboratorio o cielo, dos extrañamientos brechtianos.

Les ahorro el matarife, ¡vaya!

Pero a esta vaca que soy yo, además de cerda y poeta,

muchas manos la han aguantado por más de una pata.

No se me pongan tiesos (o, tal vez, para ser más español,

¿deba decir “no ME SE pongan tiesos”?) ni carraspeen;

tampoco quieran mirar al de al lado --¡eh, tú, impío lengua de trapo!--

empezando por el pie como si el minueto a ensayar fueran:

pocos

se salvan de asesinar al maricón; al fin y al cabo,

nadie sabía muy bien qué hacer con él, ni allá ni aquí ni acullá,

tampoco aquellos que cama en delirio o asco compartieron.

Les descargo un poco añadiendo que ni siquiera yo mismo lo he sabido mejor…

Pero, ¡hala, garrulos! “¡Cochuzas!”, como Nina de Romero en gracia les bautizó.

¡A vuestras miserias, hermanos, que se acumula la labor!

Duro e infinito sudor aquel que gotea de lustrar la mierda propia y la ajena,

la oportunidad, el discurso y su método, la lisonja,

y esa aterradora palabra que la mediocridad se agenció: patria.

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Del fango salimos y al fango volvemos: estos, polvos no son.

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(Madrid, 4 de noviembre de 2005)

© David Lago González, 2005.

3 comentarios:

Zoe dijo...

Monumental poema.

Al Godar dijo...

Bueno!
Me recuerda a un ilustre alumno al que di clases de alguna ciencia oculta por allá por los 70s. Hugo inventó un género musical al que llamaba "perreta" e interpretaba en la guitarra con una maestría increible para alguien que no había estudiado nada de música.
Gracias por tu visita por allá.
Saludos,
Al Godar

papelbit dijo...

Sí, David¡ Tremendo. Lo mejor para nosotros que te leemos, es que no te sale sangre¡
Un abrazo¡