miércoles, 30 de diciembre de 2009

LA FLAUTA JAPONESA

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Carmelo Jordá_MonteFuji (Shizuoka-izu)

 

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para mi querido amigo Mr. Nyoshun (Kurt Findensein)

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La melodía

asciende hasta la habitación de huéspedes

y allí se condensa como las nubes

en esos grabados nipones

circundando la cúspide de las montañas sagradas.

Cientos de piezas que parecen desligadas,

independientes en su propia unidad,

pero que todas llevan un único tema:

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Paz.

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Y la paz crece en mi corazón como la hierba,

y un crisantemo abre espléndido

al filtrarse el primer rayo de sol

a través de la ventana que da a Pemberton Street.

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(Hospital Ramón y Cajal 4C, Madrid)

(26 de diciembre de 2009)

© David Lago González 2009

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martes, 10 de noviembre de 2009

El Harém del tiempo

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garrafa

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Voy a comprar una casa para reunir allí a todos mis amantes.

Conservarán el tiempo en que les conocí,

la primera sonrisa, el beso más entregado,

la noche aquella de las confidencias.

Guardarán el tiempo en que, de una u otra forma, nos amamos.

Yo continuaré el mío. Y no conoceré otros,

ni volveré a ellos salvo en esos terribles momentos

en que necesito un abrazo.

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(Madrid, 10 de noviembre de 2009)

© 2009 David Lago González

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Villa Maristas, La Habana. Año del Señor de 1978

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A Short Lived Thing (silverpoint)

(C) Richard A. Kirk - A Short Lived Thing (silverpoint), 2008

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para Carlos Victoria Olivera

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A la mesa del restaurante (Veinte años antes)

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El miedo, que viste y calza nuestros actos,

se sienta a la mesa con nosotros.

Virgilio Piñera

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Cuando pregunta por sentarse quiere decir que ya lo ha hecho.

A la mesa del restaurante, es de súbito una intrusa

que asume entre nosotros la función de las copas y los cubiertos.

La subimos, la bajamos, la dejamos reposar en nuestros labios;

es quizá de este reposo de lo que se aprovecha

para hacernos cambiar el diálogo.

Irrumpe sin más ni más, como un trueno,

mientras a todo alrededor, impasibles, sobre el telón

se repliegan y se desdoblan la luna y el sol al cierre de cada acto.

En contra de todas las mudas objeciones, ella está aquí,

sobrepasando nuestras manos, nuestra voz,

el taconeo ahogado de las camareras

y el sonido de las botellas al chocar en la cubeta,

la benevolencia que nos hace coincidir a esta mesa

en la que inconscientemente separamos un lugar para esta amiga nuestra.

Y porque es más real que la misma realidad,

como un soplo puede borrarnos,

o puede al menos para siempre convertirnos en enemigos.

Basta con tirar del mantel en el que como vasos y cubiertos

nos confiamos al requerimiento de los comensales.

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(Camagüey. 2 de Septiembre de 1978)

© 1978 David Lago González

--oo--

Recursos (Veinte años después)

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"...and the bird can sing

but you can't hear me, you can't hear me."

George Harrison

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Podría haberse remontado a los tugurios nocturnos de Hamburgo de donde las viejas notas de My Bonnie salían flotando sobre el océano para refrescar el asfalto de la ciudad con sus chorros de agua nueva.

Pero para intentar romper el orden con que la bombilla siempre luciendo desvirtuaba las horas del día y de la noche, confundía y enloquecía el paso del tiempo, escogió, precisamente, el orden de empezar por el inicio público de los mitos.

Curiosamente, recurrió al orden para romper el orden,

sin deliberación posible, tal vez sólo por la fuerza irremediable a la que estaba acostumbrado.

"Ámame tú, que yo a ti también te amo"*: ¿se puede pretender más simplicidad, más inocencia, más ingenuidad, que confiar en que amar a alguien implique ser correspondido?

Los golpes precisos de Richard Starkey sobre la batería Diamond acentuaban y subrayaban el deseo más simple y más pretencioso de todo ser humano: amar y ser amado.

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Como si de peligrosos criminales se tratara, sólo habíamos visto sus rostros sobre el estampado multicolor de las revistas del enemigo; sólo les habíamos visto sobre el escenario montado por Santiago Álvarez para compararles con graciosos chimpancés circenses, denigrando aquella inicial alegría de la vitalidad a algo muy pobre en pensamiento.

En el principio fueron aquellas imágenes vejatorias las que nos permitieron verles bailar con Beethoven en las pantallas de las usualmente vacías salas de cine de los años sesenta.

Paradojas de la historia hicieron que aquellos "diez minutos del Horror" se convirtieron en diez minutos de placer y lozanía, y aquellos tristes cines se llenaron a rebosar de jóvenes inquietos, de pies que seguían el ritmo de la vieja canción de Chuck Berry con silencio estremecedor, de palmadas que no se atrevían a pronunciarse en sonidos, de contusiones contenidas entre el estrecho corsé de las butacas, de cómplices miradas que en la oscuridad se descubrían con una cierta libertad temerosa de su ilegalidad, pero sonriente, sonriente porque alguien más podía vivir en alguna otra parte, o morir, o pasar hambre, o cantar, "contonearse y gritar”*, aunque ello no representara la liberación de los pueblos oprimidos sino una simple, elemental y efímera etapa llamada "juventud":

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John, Paul, George & Ringo.

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"Ella te ama"*, sí, efectivamente, pero "debería haberlo sabido mejor"*: todo no iba a ser tan sencillo como la fugaz adolescencia lo presentaba.

Pero, por mucho que cantara, "no había respuesta"*: la pequeña habitación de Villa Maristas carecía de "alma de goma”*, pero sí mantenía su luz impía para que la cuenta de los días se convirtiera en tarea imposible.

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"Cosas que dijimos hoy"* tal vez no debieron haber sido dichas, pero cuando "el pájaro puede cantar"* ¿cómo hacer para que guarde silencio si es condición natural del ave expresar sus sentimientos a través de su pico, aun, incluso, a pesar de estar en jaula de utopías o anillada a la búsqueda de lo perfecto?

No se podía cantar la canción que tú eligieras: era necesario, estrictamente necesario, aplaudir, rabiosamente, estruendosamente, para que su estruendo silenciara la voz ingenua del imberbe.

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"Si hay alguien dispuesto a escuchar mi historia..."*

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Pero, ¿para qué?... Mejor refugiarse en un "bosque noruego"*: al menos entre los altos abedules no palpitará este calor agotador ni la luz sempiterna e implacable de esta bombilla en la celda del antiguo colegio de los Hnos. Champaignat.

-o-

Nunca jamás en los veinte años posteriores hemos vuelto a hablar de aquello. Ni siquiera entonces lo hicimos: sentados a la mesa te negaste a hacerlo y cuando pasaron muchos días me contaste el recurso de las canciones, de nuestras canciones, cuyas letras nos intercambiábamos como material delictivo.

-o-

Luego, alguien mató a John bajo el Dakota Building y la juventud se terminó con la sorpresa de un disparo.

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So, let it be.

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(Madrid, 27 de Junio de 1998.)

© 1998 David Lago González

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*Referencias relacionadas con los temas de los Beatles:

“that love me do, you know I love you” - “twist and shout” - “she loves you” - “I should have known better” - “no reply” - “rubber soul” - “things we said today” - “and the bird can sing” - “if there’s anybody goin’ to listen to my story” - “Norwegian wood”

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martes, 3 de noviembre de 2009

Riders on the storm (Doors) - Elogio del Jinete

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MALECON POR LA TARDE by Felix Pages-Romeu

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a León de la Hoz,

por uno de sus poemas del libro "Cuerpo divinamente humano"

No dramatices,

ni añadas más leños del árbol de la tragedia

a ese cuerpo que sólo se viste con piel y formas

y en la larga acera que bordea El Malecón

se inclina ante la ventanilla de un coche alquilado.

Es una vieja historia

y ha sucedido ya en otras muchas partes del mundo.

Es una vieja historia

que de sobra hemos visto antes y no nos ha escandalizado tanto.

El que hoy ocurra en tu país

es otro accidente más de eso que llamamos Historia

y algún día pasará, y si el mar vuelve otra vez a su sereno oleaje,

la puta será una buena madre y el puto se casará y tendrá hijos

y ambos ocultarán su pasado, como hace tanta gente;

como ha hecho tanta gente, que ha canjeado ideas y hasta personas en vez de carne,

y si asistes a uno de esos ágapes que Bacardí auspicia con sus mojitos y daiquirís,

verás lo bien que saben disimularlo.

Incluso esto mismo, que es mucho más grave,

ya sucedió hace siglos, y hasta la Biblia habla de ello.

No sería fútil

reparar en la trampa y el escudo semántico del nombre: jinete

es aquel que domina, aquel que conduce la bestia

(llámesele caballo, asno, buey, ñandú, italiano, canadiense, mejicano o español)

por el sendero que quiere, aquel que le doma y le fustiga;

si la bestia se contenta con un poco de pienso o un manojo de pasto seco,

será cosa de sus carencias y necesidades,

de una infancia freudiana o de un falo pequeño.

Por eso, no dramatices: la carne es agua y un día se secará.

En las postrimerías de cada guerra, la carne se altera

arreada por el hambre de la primavera: bellas italianas

se entregaban a rubios soldados por una barra de chocolate;

las "mantenidas" en Madrid eran legión

y las francesas también extendían un poco más su mano

por alcanzar una copa de champán, pero se conformaban con una de Cointreau;

las polacas ―no judías― se daban a los alemanes a cambio de algunas patatas;

y los niños germanos sobaban los genitales de sus salvadores

y sus viejos paisanos entre las ruinas humeantes del Reichstag.

Muchas rusas se entregaron a horribles funcionarios

por añadir unos metros más a sus departamentos moscovitas.

Stefan Zweig relató cosas lamentablemente inolvidables antes de matarse en Brasil.

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Y ¿qué ha pasado?

Nada.

Los próximos excesos del poder acarrearán lo mismo.

Es una consecuencia más de las guerras

y desde hace mucho tiempo podemos ver esas imágenes, por penosas que nos parezcan,

con la tranquilidad del espectador que en la oscura sala de algún cine

comparte su soledad con pensamientos y fotogramas.

Los que nacimos en esa isla

―que, por otro lado, no es ni tan hermosa ni es el paraíso―

llevamos cuarenta años de guerra, sobre todo con nosotros mismos:

lo más natural es que la cuerda ceda por su parte más débil,

y es mejor que rompa por su carne y no por la lengua o por las ideas

o por ese fantasma informe y metafísico que se llama alma.

Así que, después de mucho sangrar yo mismo ante tanta rabia impotente,

la paz me ha alcanzado, quizá un minúsculo rayo de lucidez

―o tal vez de indiferencia, de cansancio―, y si hoy,

a finales de 1999, ya nadie se enamora en El Malecón de La Habana,

no te preocupes, "no cojas lucha, hermano": cuando pase la Gran Guerra Patria,

los hijos de las putas y los hijos de los putos tomarán el relevo

y de nuevo Amor florecerá sobre la piedra carcomida por el salitre.

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(Madrid, 15 de diciembre de 1999)

© 1999 David Lago González

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miércoles, 21 de octubre de 2009

La Etiqueta

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Soy "contrario al normal desarrollo de las actividades".

Me lo dijo un policía en tiempos remotos, desde mi juventud más temprana.

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Lo de "contrario" es casi un término lezamiano

que podría tomarse como una fuerza metafísica, espiritual,

con la que opongo resistencia o me rebelo

ante la aceptación de algo que no solamente quieran imponerme,

sino simplemente a algo que exista por sí mismo.

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Lo de "normal"

puede ir desde un estado natural a un precepto jurídico,

pasando por una línea recta perpendicular a otra línea,

todo lo cual abarca desde la geometría hasta la astro-física,

o el cuerpo humano, que es lo más natural que hasta el momento conozco.

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Lo del "desarrollo" se interna casi en un terreno desalmado:

¿Deshago un rollo o entorpezco la acción?

¿Acreciento lo físico, lo intelectual, lo ético,

o como una japonesa tradicional someto mis pies

a la tortura de un zapato de madera para que no crezcan?

¿Explico alguna teoría?

¿Calculo alguna expresión analítica?

¿Sucedo, ocurro, acontezco de algún modo, en algún lugar?

¿O me inhibo y me fantasmo?...

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Y... ¿"las actividades"?

¿Se refiere a la prontitud en el obrar?

¿O a las tareas que corresponden a una persona? ―o a una sociedad, ¡uuhhh!―.

¿Habla de una esfera de actividad determinada o tal vez

va mucho más allá y entra ya dentro del número de átomos

que se desintegran por unidad de tiempo?

¿Quizá intenta recordar el nombre de algún volcán "en actividad"?

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Yo, sea lo que sea, no sé muy bien lo que soy.

Pero creo que en el fondo el policía llevaba razón,

porque cuando creo haber encontrado un lugar,

resulta que no, que estoy en sitio inadecuado;

cuando intento contar algo sobre mi pasado, resulta que no,

que los que no lo vivieron me dicen que no fue así, que estoy equivocado;

cuando me enamoro de alguien, quiero irme hacia lo ajeno;

y cuando estoy solo, quiero estar acompañado,

o cuando tengo compaña, añoro la soledad;

cuando voy por una calle, quiero ir por la otra;

cuando me dicen que lo mejor es callarme, hablo,

y cuando debo hablar, enmudezco.

Así que, perdone usted, señor policía, su etiqueta me ha marcado.

Soy eso mismo que usted dijo:

  • desarrollo las actividades de forma contraria a lo normal,
  • actúo según el normal desarrollo de la contradicción,
  • normalizo lo contrario del desarrollo activo,
  • contrarío lo normal desde el desarrollo de la actividad.

O sea, que me ha convencido: yo no tengo remedio

y soy un peligro a la sociedad, al estado de derecho,

a la democracia, al proletariado y a los ricos,

a sus hijos, a su madre la pobre viejita, al conductor del autobús,

a Dios, a María Santísima, a todo lo que usted quiera.

Llevaba razón: no me debo el mundo,

no me debo la vida,

no me merezco ser feliz.

¡Enciérreme usted!

Usted sí que entra dentro del "normal desarrollo de las actividades"

y su deber es impedir que yo lo entorpezca, así que, por favor,

actúe en consecuencia ¡y elimíneme de una santa vez!

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(Madrid, 21 de octubre de 1999)

© 1999 David Lago González

lunes, 12 de octubre de 2009

Lectura de poemas en Ars Atelier, Paris

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Agradezco al Sr. Bruno Sancci (Argentina) la invitación para viajar a París, y a la Sra. Zoé Valdés y al Sr. Ricardo Vega, que gentilmente me han brindado el espacio de su galería Ars Atelier para dar una lectura de mi poesía, asumiendo todos los detalles de la misma.

David Lago González

(Madrid, 12 de octubre de 2009)

jueves, 8 de octubre de 2009

UN PAIS LLAMADO AFUERA


 

 

                                                a Rolando (Morelli),

                                                porque en una conversacion en The Cloisters

                                                surgio esa imagen del Pais de Afuera

 

 

 

Al otro lado hay un pais llamado Afuera,

grande como el sol, pequeno como la luna,

donde tu y yo cabemos en un palacio

y donde siempre es tiempo de cigarras.

Atras, al otro lado del otro lado, queda

la fila inmensa de las hormigas

que olvidaron las senas del hormiguero

hasta convertirse en cigarras atrapadas

en cuerpos ajenos, prestados o robados,

de esos que los del otro lado habitan por error

al otro lado del otro lado.

 

Al otro lado del otro lado,

todo es un galimatias inmenso,

empezando por su propio cerebro;

creen que el mundo se extiende

a partir de las cotas del otro lado del otro lado

sin fronteras ni oceanos ni depresiones del terreno,

o del alma, esas otras peores que dificultan cualquier movimiento.

Ellos tambien la tienen, pero haber nacido de aquel lado,

y al no haber estado nunca del otro lado en el pais de Afuera,

les ha hecho no pensar en ello, sino solamente en el espejismo

que contra toda realidad han fabricado

a partir de las erradas descripciones aviesas de los de Adentro.

Son dos paises, dos unicos paises

a los que se reduce todo el Universo:

Adentro y Afuera.  No hay mas.

no hay variantes ni terceros terminos.

Ni tonos ni distinciones ni exclusiones.

Y como dentro les han hecho vislumbrar continuamente los dragones de fuera,

ellos, pobre pueblo mio, confian firmemente que al llegar al Pais de Afuera

se convertiran –porque asi lo consideran justo por su sufrimiento-- 

en san jorges guerreros

que aplastaran de un lancetazo eficaz todo lagarto inmundo.

Es un tema triste y tragico, y queda en lamentable por incomprensible,

o por inexplicable, porque ni los de Adentro ni los de Afuera somos Uno

como entona con voz mesianica el discurso,

y es mal infinito y cruel el resultado del experimento

que los biologos del estado han ensayado en nuestra piel,

unica y a su vez variada razon que nos convierte en Uno.

 

Y en eso ha quedado la identidad de una nacion: en la semilla del mal.

 

 

(Philadelphia, 6 de octubre de 2009)

(C)2009 David Lago Gonzalez

sábado, 3 de octubre de 2009

On my way back to New York



Cuando te vi esperando por mi
en el lobby de ese gran hotel
por donde discurre lo subterraneo,
senti como si hubiera por fin regresado a casa
despues de una jornada agotadora
esperando una fortuna que no llega;
como si hubiera cerrado la puerta
y dejado fuera todo el miedo y el nervio enhiesto
de las orejas del zorro.
Por fin estaba seguro,
por fin estaba a salvo,
por fin estaba seguro de estar a salvo.
Entonces supe que llegaria a tiempo
a cualquier destino
que se me antojara imposible.

Cuando en el vagon, me rodeaste con tu brazo
--exactamente me echaste el brazo por encima--,
calibre lo importante que habiamos sido
y cuan lejos habiamos viajado
desde aquel primer encuentro en el garito inevitable.
Eu nao estoi mais apaixonado,
pero aquella certeza de haber hallado la diferencia del oro
se muda ahora en el sosiego de transitar hacia el infinito
con otra certeza mas consolidada: andar por siempre acompanado
de una mano que no habra de soltarme.

(Philadelphia, 19 de septiembre de 2009)
(C) 2009 David Lago Gonzalez

viernes, 11 de septiembre de 2009

Un hombre sin señor

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para Mª Gina Valero

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Soy un hombre sin señor.

Es triste la vida de un hombre sin señor.

Deambula en lo más temprano de la mañana

por las calles del barrio viejo.

Por demás, esas horas matinales

son el único momento

en que una tranquila felicidad parecida al bienestar

puede entregarse por completo.

Ésa es la meta de un hombre sin señor: un sentimiento plano

pero extenso, prolongado,

lejos de la pasión irracional que recuerda como una fragancia,

sin herida ni sangre vertida, sin rencor ni regresión.

La dicha verdadera, se dice,

sólo se alcanza después de la desdicha de amar como un obseso,

siempre con el cuerpo gravitando sobre el vacío de su cuerpo,

siempre temiendo el espacio infinito casi

en que ese cuerpo deja de ser sólido para convertirse en hueco,

y como el espíritu de un muerto a su lado caminar,

beber, desayunar, leer juntos las noticias de cada día,

ver sus ojos en la silla desierta de al lado: ése

es un premio no reservado para los veinteañeros.

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(Madrid, 11 de septiembre de 2009)

© 2009 David Lago González

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miércoles, 26 de agosto de 2009

INTOLERANCIA

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Que se calle la orquesta antes de comenzar a tocar.

Que sea el único concierto sin voz.

Que a partir de entonces sus cantores no tengan paz,

por haber ido a cantar a la tierra de Dios y el Diablo

bajo el sol que la nieve disparó un día para cegarnos para siempre.

Que se ahoguen todos en la gran sopera de cerámica blanca

llena del óptimo merengue, virgen de cortes y éter,

que muchos dicen el mejor del mundo.

Que la negra única no pueda volver a gozar de mujer ninguna,

ni tampoco de un solo hombre.

Que el blanquito patético reciba la bala

que lo haga por fin tan hombre como para no serlo.

Que el paisa bonito se funda en negro, de camisa y corazón.

Que el minero y la mujer del minero vuelvan a su mansión,

pero realmente contaminados por el estercolero;

que lo que ellos consideran piedras con las que me han golpeado,

palabras con las que me han insultado,

gestos con los que me han humillado,

se ensuelva todo en sí mismo como un polluelo enfermo,

conjurado por el dolor de mi madre y la herida de mi padre,

y el dolor de todos

y la risa de todos

y la basura de todos.

Que abran y cierren la boca

con la frustración de darse cuenta que de ellas no sale nada.

Que dejen ya de creerse que piensan.

Que me dejen en paz.

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Que el pálpito de la miseria del hombre

vuelva a reposar tranquilo sobre mi párpado,

asumido como vida irremediable, gozosa y sufrida;

al fin y al cabo, mi única vida.

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(Madrid, 26 de agosto de 2009)

© 2009 David Lago González

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sábado, 22 de agosto de 2009

Plaza de Toros de Las Ventas

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Ah varón, desnudo yo te invito

a este asombro, tan mudo, que despierto.

Elena Tamargo

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Y sin embargo, me agrada que me digas

que soy la clase de hombre que gustas

y que despierto en ti lascivia en la noche calurosa de este incipiente verano.

Disfruto que compruebes que no te equivocabas cuando los ojos sobre mí pusiste

y lo exclames en voz alta para que las estrellas se enteren,

cuando palpas el falo, redondeas el glande,

castigas en tu puño gónadas y glúteos,

recorres el pecho donde los barcos se hunden,

y besas la boca, y muerdes los labios.

Y sé que no mientes.

Y sé que este efímero momento vale la eternidad del amor.

Y sé que todo quedará en algo que pudo y por suerte no fue

porque precisamente ya lo fue en ese único segundo en que la tierra se nevaba,

y así quedará para siempre: cubierta por la nieve, y no por el barro.

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(Digital Art, David Lago)

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(Madrid, 21 de junio de 2001)

© 2001 David Lago González

viernes, 21 de agosto de 2009

Aquejado por el zumbido de las cancioncillas del verano, escribo estos versos.

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(C) Anne Bachelier

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para Zoé Valdés

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La vida no renace; la vida se deshecha.

Nos fue dado habitar La Tierra de las Hadas Malignas,

y por ese solo privilegio un huso emponzoñado nos estaba destinado.

Hay miles y miles por todas las comarcas,

más tarde o más temprano nuestro dedo inevitablemente

encontrará la púa, nuestro pie se clavará el acero.

El clavo estaba allí desde que llegaron las hadas,

sólo era cuestión de tiempo que el pie lo pisara.

Quizás ni siquiera lo trajeron ellas deliberadamente;

es que forma parte de la esencia: todo el mundo

se pinchará para quedar debidamente contagiado.

Sus efectos secundarios es el creer que puedes ordenar tus papeles,

“la diminuta poesía que forma mi vida”, escribir un verso,

tararear una canción, procrear, llevar la existencia simple de tus mayores,

conocer nuevas praderas, incluso cruzarlas,

amar, reír, estrenar sedas y cashmeres, anudarte al cuello un pañuelo,

odiar,

matar,

enloquecer,

y que alguna insignificante cosa

no está en realidad relacionada con aquel huso

en el que tu dedo se hundió para toda la eternidad.

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(Madrid, 20 de agosto de 2009)

© 2009 David Lago González

jueves, 20 de agosto de 2009

Vienen del sur (Palabras a Víctor Manuel San José)

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a la memoria de mi padre y mi tía Ermitas,

a todos los españoles que conocí en Cuba

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Una vez nací. Crecí una vez entre el silencio y el idioma

de los que partieron pensando quizá en volver,

imaginándose acaso que el nuevo inicio de sus vidas no tenía retorno,

para finalmente acomodarse a la silueta de una nativa

o sofocar la calima bajo el tembloroso frescor de la malanga.

Si los padres de estos hombres

hubiesen sido reprensibles borrachos irlandeses

es posible que hubieran construido un país: fuerte,

despiadado e imperdonable, como el del Norte.

Pero cuatro siglos expoliando la miseria dorada de los ríos

y trasvasando riquezas hasta las casonas de los indianos asturianos

es demasiado tiempo para que sólo cien años

puedan tornar el menosprecio que corre por nuestras venas

en respeto y consecuencia y amor hacia nuestras maneras de ser.

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Mas parece que efectivamente nací una vez, y crecí,

sin que entre mis recuerdos pueda encontrar

los rastrojos de tantos orgullos patrios,

pacotillas de patios de vecindarios,

marrullería de corralas vallecanas,

remembranzas de antiguos reinos tragados unos por otros

y convertidos en vísceras sin raciocinio:

Galegos de Cantabria,

maños de Cáceres,

canarios de Cantabria,

cántabros de Sevilla,

andaluces de Badajoz,

asturianos de Bilbao,

catalanes de Madrid,

valencianos de Murcia,

mallorquines de Canarias;

vascos de Girona,

vascos de Lugo,

vascos de Cádiz,

vascos de Tarragona;

y hasta portugueses de los Pirineos ,

que dulcificaban la zeta final de sus apellidos en suaves eses

que arrastraban por las calles empedradas de la nueva Iberia.

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"Vienen del sur" ―dices―.

Y no, Víctor Manuel, te equivocas: regresamos,

y yo al menos no retorno para llevarme la belleza del paisaje

que te vio nacer: esta tierra será mi casa y mi sepultura;

como un reprensible irlandés borracho ―pésele a quien le pese―,

Madrid será para siempre mi Dublín y mi Brooklyn,

lo nuevo y lo viejo,

la etapa vencida y la etapa por vencer.

Entre "las fotos que me vieron crecer"

sólo vi hombres y mujeres sin lindes,

y sólo supe de las fisuras de tantos odios ancestrales

al venir del sur ―como dices tú―. Yo, en cambio, diría "regresar".

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(Madrid, 19 de enero del 2000)

© 2000 David Lago González

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lunes, 6 de julio de 2009

En beneficio del Sr. Lago...

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For the Benefit of Mr. Kite

There will be a show tonight on trampoline…

John Lennon

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En beneficio de Mister Kite

habrá esta noche un espectáculo sobre el trampolín...

y, nunca mejor dicho, ..................sobre el trampolín.

Mr. Kite, como antes le sucediera a Miss Otis,

ya no está en disposición de tomar el almuerzo por más tiempo.

Un almuerzo que tarda toda la eternidad de la vida

no es ya un gusto sino más bien un disgusto:

la sopa fría, el arroz sin sal, el café sin cafeína y sin azúcar prieta.

Cómo se ha llegado a este punto ultimísimo de la tragicomedia, no se sabe...

o nadie responde o nadie acierta, no se sabe.

O Mr. Kite calla lo que conoce,

siempre fue un zorro que las mataba en silencio

para luego retornar a su modosito estado natural.

Tampoco es cuestión de detener la marcha del mundo por ello,

ni siquiera es menester de que saquemos a la vieja Ágata de su reposo

para descifrar tal misterio irrelevante: el veneno

venía con el frasco, y ambos en el precio.

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Ah, los Hendersons...,

tan encantadores en sus enlacados tupés estilo “vals para un millón”,

fósiles joyas de La Corona,

están todos por aquí, picoteando como gorriones de tapa en tapa

y con cuidado de no resbalar sobre el paté barato de salmón ahumado,

un ojo puesto sobre el evento social

y el otro parpadeando atento a la expectación de ese momento

en que el Señor Kite se lance a la piscina en medio del Albert Hall.

Pero qué más se puede extraer —aparte de la ironía— de una existencia

pautada siempre por la arbitrariedad de terceras partes...

Se ha vivido como se ha podido —se consuelan, tanto Kite como Otis—.

Se ha sido consecuente consigo mismo —comenta para sí Kite,

mientras Miss Otis le mira con sorna de reojo—.

Has jugado, muchacho, sobre el vientre de un ángel asesino.

Todo está bien. Tu vida es más plena que la de muchos de los presentes.

Así que... ¡cimbrea ese trampolín como la cintura de un adolescente,

y deja que el espectáculo continúe!

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And of course, Henry the Horse dances the waltz!!!

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(Madrid, marzo de 2006)

© 2006 David Lago González

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domingo, 28 de junio de 2009

Los Plomos

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pozos

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Regreso a Los Plomos.

Dispongo de mi libertad para rechazarla.

Yo mismo abro la cerradura de mi celda,

yo mismo la cierro desde dentro

y entrego el manojo de llaves a Lorenzo;

así le ahorro trabajo, y guía no es menester

pues de sobra me sé los húmedos avernos del fatum.

Pobre Lorenzo, bruto entre los brutos, simple,

sin más goce en la vida que mercadear con la muerte.

La existencia mía depende de mi guardián, y la suya

de la mía: una alimenta la otra y eso nos hace iguales,

o al menos prescindibles para el resto de los mortales,

porque si en su descuido desaparezco, también él será fantasma de las mismas mazmorras,

y con él el sustento de su familia,

y su mujer se dará a los hombres

si no encuentra peor veneciano

que quiera hacerse cargo de cuerpo usado.

Aquí tengo mis enseres y mi cama; gusto

recostarme al maderamen del dosel mientras escribo estos versos,

suaves plumas de oca bajo mi trasero: lejos ―por suerte―

están todavía los tiempos presentes en que la prisión te priva también de tus pertenencias

y quedas a merced del cuerpo y del alma,

y de ese molesto ruido entre ambas llamado “mente”.

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Arriba, vulgares japoneses siempre delicados, sin feudo ni espadas,

pisotean el hermoso pavimento de Piaza San Marco

mientras gondoleros a la espera se mofan bajo el sombrero del dialecto.

Y en el Gran Canal se escucha una motora, ensordeciendo

el picotazo de los remos cuando rompen el agua

sumergiendo y sacando su cabeza de madera sin pez en la boca,

sin vida en la muerte.

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(Madrid, 3 de abril del 2001)

© 2001 David Lago González

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domingo, 21 de junio de 2009

Sólo una canción para el domingo

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Ven aquí,

donde tus oídos no pueden escuchar el ruido del mundo.

Ven aquí y cierra tus labios.

Sólo quiero el rumor que sale de tu pecho.

Tengo para ti palabras que se igualan al oro,

cómo descubrirlas a otros... Nadie

sabrá quién eres; no te preocupes,

sé guardar los secretos:

es lo único que quizás he estado haciendo toda mi vida.

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(Madrid, 2 de julio de 2006)

© 2006 David Lago González

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sábado, 20 de junio de 2009

Los versos en mis labios

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Los versos en mis labios

guardan los nombres indelebles de la risa.

En secreto asoman por las comisuras

y se confunden entre ellos, adulterando la historia

de qué sirvió para la ocasión de su descubrimiento.

Unos vinieron de fuera, prendidos a otras bocas;

otros nacieron en el silencio de esos enormes ruidos,

atronadores presagios de un mundo por terminar.

Y todos brotaron y cayeron como el propio mundo,

con la indeferencia debida,

y con la leve y plácida sombra de la satisfacción.

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(C) 2008, David Lago González

(Madrid, 25 de julio de 2008)

domingo, 14 de junio de 2009

Un bolero fallido

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NOTA: Este poema, estoy casi seguro que fue escrito inicialmente con anterioridad a la fecha que se indica. Tanto éste como otros, pertenecen a un grupo de poemas sueltos, que nunca conformaron nada parecido a un todo a pesar de que parten de una experiencia común, que se remonta a cuando conocí la primera persona en mi vida allá cuando tenía trece o catorce años (en el actual mundo tan genatiloso y tonto, lo dicho se enmarcaría dentro de los inciertos límites de la pederastia --yo, entonces, como víctima infeliz e inocente que, si no "sabía" en toda su magnitud, al menos sí buscaba, incitaba y jugaba con el atractivo misterio de lo ineludible).

Son poemas con los que nunca quedé satisfecho (por el contrario de la experiencia de la que partieron) y a los que repetidamente volví a lo largo del tiempo (al igual que con la persona que los motivó).

Éste, en particular, juega con la nocividad del bolero. El bolero es una mala medicina por su alto grado de toxicidad y nocividad inmediata y a largo plazo. Son trágicos, pero tremendamente "camp" aunque nunca tan cursi como la copla. Por suerte podemos contar con las grandes cantantes trágicas y los melancólicos cantores de esa música encantada denominada "brasileña". Pero ése es otro tema.

Ahora, hoy, quiero dedicar este poema a un grupo de personas que sé que gustan del bolero, y le admiran, y le sienten, pero, como entre ellas hay rencillas y enemistades, prefiero omitir los nombres: ya cada cual se sabrá aludido.

El autor.

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Hablas: haces bien.

Mejor es que las palabras quiebren

la blanca línea por la que tus labios vuelan.

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Callas: haces bien. Porque mi voz

procura entonces un bolero fallido, y aun perdido el tono,

tu silencio me hace creer que nadie mejor lo ha cantado.

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Si me amas, hiciste bien en besarme

cuando las sombras a las sombras en silencio se entregaron.

Si un brusco giro de la noche hacia otro rumbo te ha llevado,

bien hecho en alejarte: no merece mi paso trémulo andar a tu lado

cuando débil el guardián no sabe defender de las tinieblas

esa luz que dan los besos.

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Y si no atiendes mis versos ignorando su existencia,

qué bien haces: no soy un bardo sin igual para de esa forma elevarme.

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Pero si regresas, si dices que aún entre tus labios

apresado está el gesto de los míos,

no sabes entonces tú el mal que haces,

porque sabiendo yo con qué palabras juegan los boleros,

dejaré deshacer en mis labios el gesto,

cuando después de haberte amado, enmudeciendo bajo el silencio,

de mis brazos te despida con desprecio.

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(Camagüey, Cuba. 1977)

© 1977 David Lago González

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viernes, 12 de junio de 2009

El poeta y el comandante (Cocktails for two)

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a la memoria de Virgilio Piñera

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Los cadenciosos viajes en calesa por las calles empedradas de Cárdenas deben haber grabado en su corazón la fragilidad del aire. Ese corazón siempre saltando dentro a cada pisada del casco del caballo sobre el adoquín; ese pálpito al resbalar la herradura contra los cantos de la calzada; el relincho súbito; el ¡arre! impetuoso del cochero; la posibilidad siempre existente y temida de que los goznes se desprendiesen o de que el caballo se encabritara, y el olor mezclado de las dos bestias que tiraban del coche, deben haberle supuesto un paisaje de atracción y miedo que nunca desapareció de sus ojos.

Artífice mayor del teatro, que nunca supo actuar, siempre supo ser la mariposa inerme y el botín de los coleccionistas de primaveras exuberantes.

Artífice mayor de la poesía, supo como nadie dejar sobre el papel para el antes y el después la definición del amor y la repulsión que contra la piel de muchos deja la resaca de un mar que nos invade, nos ahoga y nos salva, unas veces con la silueta inapresable del agua, otras con el peso abrumador de un cuerpo, y tantas otras en la multitud que nos sentencia con su música y su sangre, y que es pasión y dolor, amor, muerte, odio: simple arena sobre la que se asienta el desierto.

"Contradicción de las contradicciones", como diría Lezama.

Al Buenos Aires de los 40 huiría intentando romper "la maldición de verse rodeado de agua por todas partes" y junto a Gombrowics compartió "piano, estera y velador", algún que otro mate, algún que otro porteño; y alguna noche, después de mucho tiempo, regresó al mar como Ulises retornando a Ítaca, pero Ítaca seguía siendo aquella isla que pesaba tanto, porque todo parece cambiar pero en el fondo todo sigue siendo igual, y las islas son como los hombres: se visten para salir a la calle y se desnudan de piel y alma, Virgilio, cuando se te meten en la cama.

Pronto volvió a ser la endeble mariposa de la poesía encubriendo su fragilidad tras el atrezzo del teatro. Botín de los coleccionistas de primaveras trémulas, a su casa de Santa Fe llamaron en "La Noche de las Tres P"*.

Y quizá pensando incluso que el mar era otro, asistió al cóctel oficial al que le habían invitado, arregladito como un principiante de Cárdenas, sonriente pero siempre temeroso de que el caballo de la calesa se encabritara. Cercana la medianoche, hizo su entrada un hermoso y aguerrido porteño que con tono bien audible preguntó por qué tenía que compartir su sitio con semejante maricón.

El comandante podía leer a Nietzche, pero nunca jamás podría comprender "La isla en peso": para empezar a entenderla hay que verse y sentirse "rodeado de agua por todas partes".

El cóctel se reanudó después de la expulsión de la indiscreta mariposa que por una noche había osado pensar que el mar era capaz de cambiar.

Luego se refugió en su flor a jugar a las cartas con viejas damas de El Vedado.

Salía poco, y temblaba. Su palabra era débil, y temblaba.

Y murió un día, como mueren las mariposas, de tanto temblar ante la fuerza del viento.

Todo el polen que almacenó de las flores de la vida y la muerte fue puesto a buen recaudo. Por todas partes pululan coleccionistas ávidos por clavar alfileres sobre las alas; puede que ni siquiera piensen en el dolor de la mariposa que acaban de añadir a su libro de insectos disecados.

-o-

Cada vez que veo la mirada al viento sobre los pechos ignorantes pienso en aquel cóctel para dos de hace tantos años: entre el comandante y el poeta, me reservo el hacedor del silencio.

Nunca ondeará sobre mi pecho una camiseta con su rostro de viejo pánico, pero dentro de mis oídos siempre escucharé su trémula voz en sordina intentando no desatar las furias del vecino de abajo.

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(Madrid, 20 de Abril de 1999)

© 1999 David Lago González

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NOTA DEL BLOGGER Y AUTOR: Sobre el incidente entre el poeta y el comandante, o más bien lo que el comandante dice sobre el poeta, he escuchado varias versiones. Una se refiere a un libro del poeta sobre el "bureau" del comandante, pero ¿quién iba a dejar un libro de Virgilio PIñera en el despacho del Che Guevara? Suena un poco absurdo. Así que por razones menos absurdas y más obvias, preferí esta otra versión que hace coincidir a los protagonistas en un "cocktail" en los tiempos de la "early Revolution".

*"La Noche de las tres P" es el nombre por el que se conoce la primera gran redada de la era revolucionaria. Las "tres P" vienen dadas porque "la recogida" iba dirigida contra Putas, Proxenetas y Pederastas (entendiéndose por "pederastas" los homosexuales masculinos; Cuba nunca fue un país tan civilizado como los norte-europeos donde el índice de las desviaciones sexuales es casi proporcional al concepto de "desarrollado".)

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jueves, 28 de mayo de 2009

Revival

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Acabo de verte esta tarde, 16 de marzo de 2005. Ahora mismo, Amelia;

escudriñabas el interior de una tienda cerrada en la calle de San Mateo

como si te asomaras a un bazar infinito en Chinatown.

Yo sé que buscabas en New York que un ejército de terracota

te diera la razón, esa perla de quien nace para vivir para alguien.

tanto tiempo lo has hecho que el sacrificio se ha hecho vicio,

ha crecido como hiedra por la pared del tiempo,

a través de la celosía del agua.

¿Y cuándo no tenga a nadie? ―jamás te preguntas eso―

Inventaremos entonces

una tienda siempre abierta, una sobrina lejaniiiísima

allá por Borneo oriental, Chinatown en el ojo de una abeja,

New York cabrá en un bolso rojo,

y un ejército de terracota se mirará sobre el cristal de la esmeralda

en el anillo de tu dedo.

Todo tiene remedio, Amelia; todo lo tiene.

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(Madrid, 16 de marzo de 2005.)

© 2005 David Lago González

sábado, 23 de mayo de 2009

Aniversario

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Para cuando... (ruido ensordecedor in crescendo,

voces, tráfico urbano, implociones controladas a cámara lenta,

plegarias, olas rompiendo, una copa que cae al suelo, remolino

del polvo en la ciudad, una mañana de campo bajo un árbol

donde canta un pájaro solitario...) quiero

un coche negro tirado por percherones blancos, engalanados

de oro, azul púrpura y turquesa, amarillo cegador y blanco.

Que camine sin sonido sobre los guijarros de Camagüey.

Con dificultad y suavidad, como las caderas de una jamaicana

que porta sobre su cabeza un atado gigante de ropa sucia

y baja por la calle de mi infancia, se detiene en el inoportuno

poste de la luz que corta la acera en “cuánto me falta”

y “en ya falta menos”, deja el lío de ropas en el suelo,

se seca el sudor, y vuelve a ponérselo sobre las “pasas” recogidas

valiéndose de una mano que apoya sobre el mundo

que se hunde en la grasa de sus caderas, y con la otra sujeta arriba

el otro mundo y echa a andar de nuevo... Es una cuestión

de equilibrios que el mundo de arriba y el de abajo cohabiten

el mismo universo de mis ojos, que quieren entonces

ser los ojos del mundo... o al menos, de otro mundo...

el mío.

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Yo voy a pedir por esta boca, no me importa nada lo que diga el populacho.

En fin de cuentas, siempre van a hablar...

Yo quiero que Joni Mitchell, y todas sus amantes,

y toda la prole celestial de ángeles de Vancouver y alguna de Québec,

rememoren “la última vez que vi a Richard”

como si realmente volvieran a ver a Richard por última vez

caminando a mi lado, tendido entre el coche orlado y los percherones

de patas peludas cuanto más cerca de los cascos,

y lo recuerden con esa voz entre la diznea y el foso de la ópera.

Quiero que Whoopie Goldberg se siente al piano otra vez

y comience quedamente a repetirme que tuve todo cuanto quise,

que la carencia quizás sólo fue una cuestión de destiempo,

y de equilibrio entre los mundos, pero que el resultado ha sido millonario,

y la cosecha la mejor habida en el universo

a pesar de todos los pronósticos

y de todo cuanto los miserables hicieron en uno y otro lado.

La miseria ni siquiera tiene conciencia del asno que golpea

porque ella, con sus ellos, se alimentan del golpe contra el lomo

y si el lomo desaparece, siguen golpeando

y golpeando,

para escucharse a sí mismos en su vana victoria.

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Por eso

yo voy a pedir por estos ojos

despertarme a la mañana de Chelsea

como antes de saber que sufría por ti

todo lo que la daga aventuraba en su filo mellado,

tudo machucado, tudo machucado

el corazón del apasionado que se lanzaba

por este camino de palabras que conducen hacia la locura,

la locura que es dolor del que no vuelve

pero escapa para siempre de lo ramplón y lo siniestro

entre los cascos de los caballos.

Mayo 2009.

© 2009 David Lago González

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