lunes, 1 de septiembre de 2008

Libérrimo

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La Libertad no es ya aquel largo poema de Paul Eluard,

si es que alguna vez aquello sucedió más allá de sus manos,

en ese escenario común a todos y que envuelve a poetas, ladrones, perros,

a las mujeres que van a hacer la compra y a quienes devoran lo comprado.

Y ya ni hablar de lo libérrimo. Mira a los césares

y sus senadores: la misma indolencia para la orgía que para el asesinato.

Pero tampoco es privativo del hastío por saturación

pues en realidad todos pasan su vida matándose entre sí

por nimiedades que van desde el prurito herido del coche adelantado

hasta nombres de dioses, trozos de desierto, diamantes sin pulir

y amores fracasados. ¿Y todo para qué? Cada vez los entiendo menos.

Así que dedícate a respirar en esa gota de agua en que viven los peces,

sube a la superficie, abre tus agallas y traga; luego sumérgete

y pasa la noche.

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(Madrid, 7 de septiembre de 2001)

© David Lago González, 2001

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2 comentarios:

chema dijo...

Sólo tengo una palabra para definir este poema: magnífico!

David Lago González dijo...

Gracias!!!