martes, 23 de septiembre de 2008

Las horas doradas

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relax, 2006

(C) Mi-Mi Moscow

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Entre viejos papeles al borde de la pérdida

hallé una hoja suelta, amarillenta de seca humedad,

en la que alguien había escrito lo que en sus tiempos fue un poema completo.

El cuerpo inicial desfigurado

por lo que pudo haber sido la transpiración de una época lluviosa,

habían hecho ininteligibles las palabras y las ideas, mas el cierre quedaba intacto.

Se lee:

“Mas cualquier camino, en breve, conduce al desengaño

y todo movimiento engendra cansancio:

si un paso das, tus pies bálsamos precisarán;

si vuelan tus ojos tras la ignota nada, cerrarse ansiarán,

y, tanto unos como otros, hastiados de la faena, olvidarán.”

No se distingue la fecha en que fue escrito...

Una amiga me comentó de la injusticia de esos versos

que reconcentran toda la atención en un único lado de la vida.

Injusta y torpe su calibración me parece

porque tampoco ella incluye lo que ignoramos.

Es posible que los versos perdidos hayan implicado las horas doradas del poeta,

diluidas por las circunstancias y el azar

en esta suerte de purpurina más sabia que amarga que hoy llega a nuestras manos.

Eso fue, simplemente, lo que quedó. Eso es lo que se lee,

pero tampoco tiene por qué ser obligatoriamente la única verdad.

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(Madrid, 20 de noviembre de 2003.)

© David Lago González, 2003.

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2 comentarios:

ACRey dijo...

Hola David¡
Esta reflexión sobre la verdad de la poesía, lo que se lee en versos, es sobrecogedora, al menos para mí. Noto, que hay lectores que esperan encontrar en la poesía trazas de novela o narración, o alguna explicación de algo o de lo que leen, cuando yo comprendo la poesía desde el punto de vista de plasmar una estampa, una imagen, apenas un estado de ánimo, o provocar sensaciones, acaso sólo por ritmo o música, y nada más. En poesía no intento explicar nada.
Esto es lo que siento. Quizás esté equivocado. O como bien dices, no es la única verdad¡

David Lago González dijo...

Gracias, Amaury. Por lo visto, llegaste bien a Zaragoza.
Hoy casualmente me encuentro esta cita:
"Here is a golden Rule...Write legibly. The average temper of the human race would be perceptibly sweetened, if everybody obeyed this Rule! "
Lewis Carroll (1832-1898)

Un saludo.