martes, 14 de octubre de 2008

Cuando sea mayor

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2people5

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Cuando sea mayor, quiero ser intelectual,

pero no como Messié Julián, que además era “chic”,

tocaba el piano y todo el mundo sabía que

recibía el correo cubierto por un batín de seda verde.

Quiero tener la voz profunda, el andar pausado,

dominar la escena sin atragantarme con la oliva del martíni seco.

Y muy importante, quiero unificarme,

porque un ilustrado sin una unión detrás

nunca tendrá cabida en la nueva constitución.

El armisticio ya está pactado,

y se zapa desde siglos atrás el tono neutro

y sosegado, el olor del habano, el humito diabólico del café,

el encuentro atenuado del desencuentro,

ya sea en barraca o en una tacita de plata.

Ah todo viene tan bien... Ni siquiera

tienes que quitarte tú para ponerme yo: espacio

sobra,

como sobra Gorki después de usado bien,

al fin y al cabo el mismísimo Máximo escribió antes su propia historia,

y ése era otro docto unificado.

En todo caso, apañaremos un huequito en los libros de la academia

para las novísimas palabras del idioma que evoluciona,

como evoluciona

la mentalidad

de la intelectualidad.

Qué poética tan poco apalabrada, pensará Julián

si está despierto, pero pongamos a Dios de pretexto

para que no se vuelva a poner ese batín que le torna tan sujeto

al desorden y el relajo entreverado como una masa del puerco.

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Cuando sea mayor, quiero entonar mis versos

como un jilguero a lo Neruda, con voz presente pero lejana,

que eso da un eco como ausente.

Sencillo y sincero como en el léxico oficialista,

como si ambas cosas juntas sugirieran la discordancia

en otro lenguaje oficioso.

Espero, de mayor, leer lentamente

porque pensaré que la empleomanía no es

lo suficientemente sagaz como para seguirme.

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Cuando sea mayor, quiero ser mujer

y vestirme de hombre, a lo George Sand,

para luego casarme con un hombre como Oscar Wilde,

de lánguida mirada bajo los párpados caídos

que esperan lo inevitable del juicio: la terrible sentencia

del déjamelo ver Carlota-que no te lo enseño Juan.

Y luego, cuando ya todo sea bala viril, pétalo febril,

ingresar en el ejército rebelde

cuando deje de existir el bien y el mal

y los imperios de antaño sean las colonias de las colonias

que, unificadas como el intelecto,

dominarán al universo con una palabra y un gesto,

un gesto que no diré cuál, para mantener el “suspense”

y no el “suspenso”, aunque sí suspendido

el arco bucal en ese instante en que la garganta

argumenta un “¡aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!” quedo y prolongado.

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Cuando sea mayor, no quiero ser como yo.

Quiero ser intelectual, con ese intermedia y erre al final.

La barba dejarla crecer, y, si blanca no es,

decolorarla a la fuerza para conseguir ese efecto

que ya Bellow, en los 50, definía como “intelectualización de la imagen”,

y que afecta por igual al burgués melindroso

y al amanuense sudoroso de la fábrica de neumáticos.

Respuesta tener para todo, y mil colores de chaquetas,

que los tiempos son rameras disfrazadas de beatas

que en un

plis

plas

cambian el misal por el manual.

Ah, no ser nunca, de mayor, docta de cabaret como Madame Bacallao,

ni mucho menos “chic” y cantar baladas en el Monsegnor,

para no caer en la tentación de ponerme el batín de seda verde

que con descuido Messié Julián se tiraba sobre los hombros

para franquear la entrada a las buenas y malas del correo.

Y yo lo sé bien

porque mi primo Miguel Sotolongo Glez era cartero

y llevaba hasta su puerta las cartas de sus ahijados.

La oscuridad sonreía traviesa en las tinieblas

su luz conspicua y rechinante, y él bajaba del Foxa en un lift súper-rápido.

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© David Lago González, 2008.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bello,me llegó.

Besos
KuKa

jimarino dijo...

Es buenísimo, David, buenísimo. me he reído a gusto.
Un abrazo

papelbit dijo...

Yo también David. Además, te digo, cuando sea grande quiero escribir como tú.
:):)
Un abrazo¡