sábado, 5 de febrero de 2011

MIRZA L. GONZÁLEZ - Dos poetas cubanos en Madrid

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Dos poetas cubanos en Madrid.

Poesía en exilio: la contemplación del tiempo.

Mirza L. González

Profesora Emérita, DePaul University

 

“Blanco poroso del dril cubre su sombra en la fila de los muertos / Blancas alas de su pamela varonil, por donde asoma su cara…/ Cantó boleros como el dios que habita las cocinas de los restaurantes orilleros, / ahíto de alcohol y hierba, que en pleno mediodía rapta a una mujer…/ Al regresar cada tarde y cerrar la puerta con tres vueltas de llave / para que su palomita no escape, le dice no sé decirte cómo fue./ Fueron tus ojos que venían por debajo del mar / moviendo sus raicillas de lascivia pulposa. / O tu boca, pretendida e ingenua red / donde se agolpa el agua que no pudo escapar de la noche./ Fueron tus manos o tu voz, resurgiendo de bañistas temblorosas./ Fue a lo mejor la impaciencia de tanto esperar / la extensión del conocimiento recorriendo el cristal de la gruta / desde el vórtice hasta el pensamiento / zumbando como un animalito ebrio, tu llegada.”David Lago.“ Tríptico de la noche musical en la Isla de la Siguaraya. 3 El rapto (Benny Moré).” La resaca del absurdo.

“Sufrió lo indecible por una tierra que le laceraba / sumergido en un pantano reseco por la lejanía / miraba sus poros como si fuesen el universo / extraño siempre extraño frente al espejo desnudo. / Su presente fue una ausencia prolongada / marchito caminaba las calles ajenas / descoloridas las ciudades que transitaba./ Nunca estuvo vivo sino más bien muerto:/ un fantasma rebelde que todo criticaba / irreverente hasta con sus sentimientos / arremetía contra lo injusto por ser justo / heterodoxo de carácter por antonomasia / no comprendía la pobreza por no padecerla ni de espíritu./ Aquí yace el que en realidad jamás nació.”

Felipe Lázaro. “Epitafio para un aprendiz de poeta.” Los muertos están cada día más indóciles.

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Sirvan de presentación los fragmentos anteriores como expresión de la realidad vivencial de dos poetas cubanos en el exilio, cuyas visiones del mundo difieren en el estilo pero se acercan en el contenido. El poema de Lago, en el que recuerda a Benny Moré y su popular bolero “Como fue,” es parte de un cuadro desdoblado en tres homenajes a cantantes cubanos. “El rapto,”evidencia y se enraíza a la memoria de un tiempo, compensador de la realidad inmediata. En “Epitafio para un aprendiz de poeta,” el hablante se sume en un intimismo aniquilante y nos transmite el dolor de la ausencia y la enajenación.

Los desplazamientos territoriales de estos y otros escritores, además de otras circunstancias existenciales, marcan con un fuerte toque de cosmopolitismo y/o universalismo a la literatura cubana del exilio a través de su historia, haciendo difícil, a la vez, determinar con precisión las influencias que un entorno específico ha ejercido en sus autores. Así como también hacen del establecimiento de fechas concretas y lugares de permanencia para propósitos generacionales, y de la creación de otros paradigmas agrupadores o sintomáticos, una ardua y compleja tarea. Son dignos de encomio pues, los esfuerzos realizados en los Estados Unidos y en España por ordenar de alguna manera esa disgregación. En un empeño de integración y actualización literarias, substanciales estudios bibliográficos, críticos y antológicos, han ordenado lo que de otra manera hubiera sido un caos clasificatorio.[1] En los Estados Unidos existen núcleos fuertes de poetas exiliados en Nueva York y Miami, y por diversas regiones españolas hay numerosos poetas cubanos que han producido una obra valiosa. Algunos poetas radicados en España han contribuido a nuestro acervo cultural no sólo como creadores sino también por medio de su labor editorial. Es decir, publican obras de escritores latinoamericanos, especialmente de cubanos residentes fuera de la isla, facilitando un espacio que hubiera sido muy difícil de crear.[2] Específicamente en el campo de la poesía sobresalen, entre otros trabajos, tres antologías publicadas en Madrid: La última poesía cubana (1973), de Orlando Rodríguez Sardiñas; La poesía de las dos orillas (1959-93), (1994), de León de la Hoz, y Poesía cubana: La isla entera, (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora.[3]

El enclave madrileño, incrementado con el pasar del tiempo, es autor de un telar poético amplio, recio, y de singular urdimbre.[4] Dos poetas cubanos residentes en Madrid, David Lago y Felipe Lázaro, contribuyen, definitoria y substancialmente, a la consolidación de la poesía cubana.

David Lago (Camagüey, 1950), salió de Cuba en 1982 hacia España, y desde entonces reside en Madrid. Dos de sus poemarios, Los hilos del tapiz ( 1994) y La resaca del absurdo(1998), han sido publicados en la capital española.[5] Lht incluye como secciones, y con el mismo título, las colecciones inéditas de Lago concebidas en Cuba: “Paisaje” (1976), “Júbilos” (1977) y “Los hilos del tapiz” (1978). En Lra pueden encontrarse poemas concebidos en la isla y en el exilio. Este estudio incluirá poemas del “acá” y del “allá,” de estas dos colecciones, con el propósito de ofrecer una visión más abarcadora y que muestre una lógica continuidad en su trayectoria poética.

Como dato importante debe mencionarse que, en la etapa cubana, Lago escribe varios de sus poemas desde una perceptible distancia física y espiritual. Entre ellos cabe destacar “Matajíbaro”( Lht, 17), “A las tres de la tarde”(Lht, 19), y “Figuración de cuadro familiar en Cuabitas”(Lht, 23). A pesar de la inmediatez de su concepción, y el poco tiempo transcurrido entre la inspiración o creación poética y la palabra escrita, dichos poemas representan vivencias del pasado. El distanciamiento temporal y estético se explica por la capacidad de aislamiento o auto-marginación del poeta. [6]

En la poesía de Lago, en su mayoría narrativa-descriptiva, hay imágenes originales muy bien logradas. La morosa delectación, de tonalidades eróticas, al estilo de Leopoldo Lugones, en la creación ambiental de “Retirada”(Lht, 29), alterna en ocasiones con el “paseo” contemplativo y deleitoso, como en la mejor poesía “ambulatoria” de Eliseo Diego, de“Puerto Príncipe”(Lht, 24), “Atardecer en Varadero”(Lht, 47), y “Atardecer en el Hotel Europa.”(Lht, 54). También “eliseana” es la observación complaciente y sabrosa del entorno inmediato, la convivencia y la vida familiar, notables en el ritual cafetero de “A las tres de la tarde.”[7]

La re-creación del paisaje cubano, que aparece con profusión en Lht, y en menor escala en Lra, es uno de los aspectos notables de su obra. En Lht se destaca, en un estilo expresionista, la finura del paisaje. El sol aparece a distintas horas del día, en amaneceres, mediodías y ocasos, dándole nombre a poemas tales como “La mañana”(Lht, 13), “(La tarde)”(Lht, 64), y “(La noche)”(Lht, 65), entre otros. El conjunto de “Atardeceres”(Lht, 45-55) en Varadero, o en Altagracia, donde ríe y se mueve la lorquiana Celia Cutiño; o en San Diego de los Baños, o en el Hotel Europa, conforman una galería de cuadros de elevados valores artísticos.

Las descripciones coloridas del paisaje complementan, como fondo y marco, la escena hogareña de “Figuración de cuadro familiar en Cuabitas.” La loma “donde el verde delira...” es el punto de referencia, y engloba de manera total significante y significado. Es el alfa y el omega que, simultáneamente, sirven como si “fuese el telón que hace concluir el espectáculo y allí terminase la isla y todo el universo/... /El padre inicia el rito tabacalero con un habano espumoso,/ y en reciprocidad nuestra primera palabra es una nubecilla/ que ejercita en el aire innumerables sugerencias./” Este poema nos revela una clave poética. Es decir, la poesía paisajística fija la escena y plasma el recuerdo familiar, y será el vehículo que facilitará el viaje memorioso hacia experiencias significativas del pasado cuando el poeta se haya marchado. De esta manera culmina “el equilibrio pictórico de la familia y de la casa./ Y al final... todos... /enriquecidos por lo increíble de la figuración,/ entresacamos del sueño un verso que asciende... /y lleva nuestra primera palabra,/ el color traslativo del silencio y la contemplación del tiempo/ a la fundida poesía crepuscular de la casa.” (Lht, 23)

En ocasiones, el paisaje se funde con una situación o relación, ya sea familiar o erótica, o con el recuerdo de la misma. En estas poesías, Lago fusiona con la descripción la alquimia del alimento y los olores del ritual casero, ofreciendo un cuadro familiar de exquisito dramatismo lírico en el que las imágenes se tergiversan con el despertar de las sensaciones táctiles y olfativas . Buen ejemplo de ello es “Matajíbaro”, cuadro de metamorfosis y síntesis culinaria, donde “El plátano quiere escabullirse como una hormiga/ perseguida por los dientes del tenedor,/...El cochino, por igual, se resiste: sus ojos prefiguran el fogonazo crujiente/ de un chicharrón machacado/.” Hay remedos de la gastronomía lezamesca en sus imágenes, donde la muerte, en consorcio con el amor, parece hacer un referente erótico: “Y plátano y marrano, dos machos cubanos, se revuelcan en la caldera, ungiéndose/ los cuerpos sin forma en manteca y rumor de ajos” (Lht, 17).

En otras ocasiones aparece un paisaje con motivos escondidos, difícilmente avizorados, o se aluden situaciones represivas. Referencias a lo oculto o lo enigmático, que recuerdan al Padilla de Fuera del juego, donde se percibe ese algo peligroso y subrepticio, aparecen en “Primer paseo por el Casino Campestre.” La expresión “Tal vez algo se mueve bajo el verde fresco” es el leitmotiv del poema. En contraste con la alegría inocente del verdor, es posible que ese “algo” nos “atrapará como un pulpo, soltándonos su tinta…” porque el paisaje verde “no trasluce la venida del otoño / ni el espanto del invierno…” Indicativos de intertextualidad, reaparecen en este poema los personajes y cisnes, y el mundo palaciego de la “Sonatina” de Darío donde, sorpresivamente, la magia ha sido suplantada por una cruda realidad. El recinto palaciego de Lago, “de medieval desgaste,” se puebla con “el chillido de los pequeños demonios infantiles” de princesas derrotadas, y en sus estanques hay “cuatro tristes y sucios patos encerrados,” (Lht, 14) pintando en términos generales la situación de encierro en la isla. El hablante, ante la certeza de un peligro inminente al acecho, y el ambiente decadente que lo rodea, presiente que la solución sería la partida.

Ante un posible y futuro desprendimiento físico de su tierra, ya en Lht Lago evidencia los sentimientos del exiliado perpetuo. En “Un hombre está partiendo” aparece la idea continua del viaje sin un punto definido de llegada: “un hombre siempre está partiendo, alejándose de la orilla/.../El y la orilla nunca se encuentran: un hombre que siempre parte/ y una orilla que al parecer se detiene cuando en realidad se aleja” (Lht, 70).

Los conceptos anteriores aparecen nuevamente en algunos de los poemas de Lra, específicamente en “Entre una realidad y la otra,” donde Lago se ubica en un tiempo y un espacio pendulares. Sin duda alguna, el poeta escribe este poema desde el exilio, al expresar: “Entre una realidad y la otra, la ausencia.” “/...entre una realidad y la otra/ siempre seremos la hormiga/ que hace de su vida un equilibrio/ y de una realidad, la otra." (Lra, 10). Es éste un poema trascendental, donde el hombre se divide entre el mundo de sus recuerdos, integración y caudal de vivencias, y la realidad presente. Oscila Lago aquí entre sus dos mundos posibles, el yo y la otredad, alcanzando en esta disyuntiva duales posibilidades ubicadoras del ser, tanto en el tiempo como en el espacio físico.

Para Lago, poeta del silencio, la contemplación y la memoria, sus libros son el tapiz donde se recrean los recuerdos y se “descargan” las experiencias. Por su aptitud contemplativa, capacidad de abstracción y tendencia a la auto-marginación, las escenas descritas en varios de sus poemas escritos en Cuba producen la impresión de haber sido añejadas en el tiempo. Debe destacarse cierto desarrollo entre los dos poemarios de Lago. El poeta evoluciona desde el despliegue del tapiz, con sus formas y dibujos, en Lht, hacia un acercamiento más analítico y filosófico de su experiencia personal en Lra, donde las vivencias del destierro y el desarraigo se presentan en un marco más abstracto y de connotaciones universales.

Pudiera afirmarse que los poemas de Lago en Lht y Lra, despliegan un compendio de situaciones y sentimientos enajenantes, tanto en su poesía del exilio interior, desde Cuba, como la del exterior, desde España, transmutándose los textos en galerías o escenarios donde se ordenan y exhiben cuadros lugareños, personajes e interacciones, en una aleación casi perfecta entre la Cuba del recuerdo y las experiencias del destierro. La creación poética en Lago es un proceso para representarse su mundo: el inmediato y el lejano, el asequible y el inasequible; para crear enlaces y atarse a la vida; para poder vivir y para ser.

Felipe Lázaro (Güines, 1948) sale para Puerto Rico de Cuba en plena adolescencia, en 1961. En 1967 se traslada a Madrid, donde ha vivido desde entonces. Cuenta con cuatro colecciones de poesía, todas publicadas en España: Despedida del asombro (1974), Las aguas (1979), Ditirambos amorosos (1991) y Los muertos están cada día más indóciles (1986 y 1987).[8]

La poesía de sus años juveniles se concentra en Da, cuando el poeta confronta, según sus propias palabras, “la realidad de abandonar la tierra amada en este doble destierro de una generación que está «dentro y fuera del juego a la vez».”(“Prólogo,”Da, s.n.) Lázaro considera que su generación es la del asombro, por haber vivido a muy temprana edad los años del terror batistiano, la esperanza y el desengaño revolucionarios, el camino al destierro y los avatares que esta nueva vida conlleva. De ahí que, alimentada con los ímpetus de la adolescencia y la primera juventud, en esta colección se junten temas tan variados como la solidaridad de “En crear se piensa”(Da, 13) y “Hermandad” Da, 11); y la admiración heroica en “Humboldt-7”(Da, 14), y “Manzana rebelde”(Da, 16), dedicado a José Antonio Echevarría; con la cuerda amorosa de “Cancioncilla de amor” (Da, 43), la erótica de “Cuarto trinchera”(Da, 55), y la máxima tensión del sincrético “Quiero”(Da, 59); hasta el dolor ante la muerte de“Ansío”(Da, 9) y “Flores fraternas”(Da, 83). Integran este libro poemas de variada longitud, en estilos desde el intimista al coloquial. Entre ellos destaca el brevísimo “Nostalgia:” “Tan fría es la ausencia / que el silencio / se hiela” (Da, 24), poema aforístico que ofrece una definición magistral de la añoranza con la fuerza indiscutible de cuatro palabras: ausencia, frío, silencio, hielo. Definición amplísima que abarca todos los niveles de significado, incluyendo las añoranzas posibles desde la amorosa y la filial hasta la del destierro; además de enfatizar la emoción que el sentimiento produce, sugiriendo, o implicando, que no hay palabras para expresarla, sólo el silencio helado.

Lázaro es el poeta andariego por excelencia. En su deambular por las calles, encuentra periódicos, o restos de papeles que le ayudarán a reconstruir su historia personal y aparentemente le darán calidad y constancia de vida. Pero, en estas andanzas, a veces nos deja la impresión de un divagar sin objetivo. “Transplantado” expone claramente la desubicación inevitable. Una falsa búsqueda de la verdad enterrada, inalcanzable, por su ruta desolada: “Vivir cotidianamente/ como agonizando/ mantenido por savia propia/ raspando paredes para encontrar verdades/ caminar sin leer las calles/ ni anuncios/ ni nombres de ciudades/ para hacerlo todo aún más ficticio/ así darnos cuenta de lo irreal-presente ..” (Da, 68).

“Despedida del asombro,” perteneciente a la colección del mismo título es, posiblemente, una de las composiciones poéticas mejor logradas de Lázaro. Este tour de force concreta, de manera dramática, el estado físico del poeta, las emociones y los sentimientos encontrados del desprendimiento, el viaje, y la llegada a la nueva tierra. Todo ello imbuido de recuerdos y nostalgia. El poema emana de tres focos, que se originan y establecen en cada una de sus tres estrofas con un adjetivo demostrativo: el yo poético, léase robot atónito; el estado físico y mental del hablante; y la travesía, el recorrido material y espiritual, realizado por el poeta desde el ayer, amado, familiar y conocido, hasta el ahora del presente. A partir de la primera línea en cada estrofa, las imágenes se abren como los pétalos de una flor. Veamos como muestra las dos primeras y fragmentos de la tercera:

“Este abismo de la extrañeza / el estar fuera / el brusco cambio / acostumbrarse a través del silencio / robot atónito de la nostalgia.

Esta llaga: ansiedad agrandada en el tiempo / como las nubes pasan aireando el recuerdo / las mismas manos de un ayer truncado / voz ronca de lamentar a gritos la huida /-despedida del asombro- / ese resurgir en los murmullos del agua / ser granito de arena en la inmensa playa / son las últimas olas llevándose la esperanza.

Estos ecos tropicales / en su selvática forma / repicando en el asfalto playense/ mientras contemplo / la inmensidad de distancia / lo que nos une y separa / este vaso de tinto mar…”

La primera estrofa representa la desubicación del hablante, el cual se autoidentifica con el símil, “robot atónito.” La segunda alude a su estado físico: por medio de la llaga, que metafóricamente representa la herida del desprendimiento, y que en lugar prominente encabeza la estrofa; por sus manos, truncadas de su ayer; y por su voz, ronca de gritos. Se refiere también a su estado anímico, de ansiedad agrandada y desesperanzadora, a la vez que establece puntos conectores con el recuerdo por medio de imágenes fluviales y marítimas. La tercera estrofa continúa y amplía este recuerdo, comenzado en la anterior, con la tenuidad del agua murmurante y la ternura del diminutivo “granito,” inaugurando un crescendo. Los “ecos tropicales" del inicio de la estrofa son un breve intermezzo, anunciador como repique de campana de un paisaje que va a continuar, en un agudo contraste entre el ayer y el hoy, y en un tono cada vez más ascendente, desde el selvático, hasta el chocante “asfalto playense.” También continuarán las imágenes acuáticas, comenzadas en la paz remansada del murmullo, arreciándose en estridencias tonales, embriagadoras y violentas, a partir de “este vaso de tinto mar.” El mar, contenido en un vaso es, paradójicamente, paréntesis, que une y separa la vida anterior de la presente, y sirve, además, de línea demarcatoria entre el espacio geográfico del ayer, y el hoy del destierro. Visiones caóticas “desperdicios de guerras / cuerpos mancillados,” pobladas de seres cavernarios y saturnianos “devorando a sus secuaces,” acompañan al hablante hasta el término de un viaje dantesco, el cual, con “las venas saltando como trampolín / por la sangre teñida de tierra / sin llevar pañuelo-manto, albergue,” es decir, herido y desprotegido, entra al agua universal, hasta llegar “caminando / rodando / a rastras / pero llegar…” (Da, 66).

Es evidente en “Despedida del asombro” que el exilio para Lázaro es un estado de foraneidad, un proceso agónico que comienza con una caída hacia el “abismo de la extrañeza.” El ser poético, desplazado de su medio innato, pasa del asombro de la partida, de la ruptura de la raíz, a su nueva condición de robot atónito. El término nostalgia, clave, abre un espacio por donde se filtran imágenes de la isla, percibidas a través de la distancia y el mar. Es preciso notar la corriente metamorfósica subyacente que aflora a dos niveles: el humano que, paradójicamente, es una deshumanización (el robot), y el segundo a nivel de naturaleza, consistente en mutaciones acuátiles. Los líquidos se transmutan en formas y calidades diversas, de lo simple local a la connotación universal. Arribando últimamente el poeta a la catarsis, esperando beber todo mar, hasta llegar a su meta definitiva.

La última colección de Lázaro, Lmi, gira alrededor de la muerte, tema trascendental en su poesía.[9] El libro le debe su título a un poema de Roque Dalton y abre con el epígrafe de Giorgio Bassani: “Los artistas son muertos que tratan de volver al mundo a través de la poesía”(Lmi, 11). Según Lázaro la muerte es una constante eterna, los muertos se perpetúan y trascienden en los poetas. En esta colección la voz poética, artista en desequilibrio, piruetea sobre la cuerda floja y, desde su posición precaria y riesgosa, posee la elegancia destructiva de un caballero, que ajusticia y sentencia a los demás en “The Young Gentleman”(Lmi, 21). Y también es la dama perfecta, diamante petrificado, iceberg humano que, dañinamente, acorrala, miente y salta las leyes, en “Sueños de Rábula” (Lmi, 15).

Lázaro se exterioriza, se convierte en “el otro,”y se observa en su “Epitafio para un aprendiz de poeta.” Hacia el futuro, no como esperanza de vida, sino como fin de ella, escribe Lázaro este poema, cuyas estrofas concluyentes, reminiscencias del pesimismo y el nihilismo de Schopenhauer, aparecen citadas al inicio de este artículo. La primera línea de esta composición, “Aquí yace el que nunca fue” (Lmi, 31), presenta la tumba del poeta muerto y es de una contundencia desvastadora. En imágenes que se deslíen paulatinamente, éste, sin huellas dactilares, con ojos que “ya eran unas lentillas desdibujadas,” se difumina en un afán de no ser nada, tal vez como resultado de lo infructuoso de su existencia. En oposición al concepto machadiano de que al andar se hace el camino de la vida, el hablante, cuyas “andariegas piernas jamás cruzaron un río,” va por calles que no le pertenecen. La voz poética, cada vez más difuminada, expresa el dolor de la tierra perdida en téminos como “extraño,” “lejanía,” y “ausencia.” Los sentimientos de enajenación del poeta, su estado físico, marchito y lacerado; y su imagen de incorporeidad fantasmal, se apoyan en antítesis canceladoras de lo positivo y terminan, como aldabonazo final, cerrando el poema con la absoluta negación existencial, al expresar: “Aquí nace el que en realidad jamás nació”(Lmi, 32).

Como conclusión, tanto Lago como Lázaro expresan problemáticas y vivencias comunes por medio de una poesía donde sistemáticamente aparecen recuerdos de infancia o juventud. En ocasiones, estas poesías aluden a la premura de un éxodo o travesía, a veces estrepitosa, hacia un lugar geográfico, hacia el interior del poeta, o hacia la nada. En la exploración y el proceso de ajuste a la nueva sociedad, la vida se percibe como un acto enajenante, solitario, y muchas veces doloroso; a partir de ahí se hace evidente la búsqueda de un nuevo espacio donde localizarse. Cuando falla el encuentro de un locus amenus, estos poetas se embarcan en la evasión nostálgica, creando mundos imaginarios, o reinventando la historia. Después de examinar los textos poéticos de Lago y Lázaro, se puede constatar cómo la diáspora se ha convertido en una forma de vida, nutrida constantemente por una doble realidad. La voz poética, indudablemente marginalizada, se enfrenta a un mundo ajeno, muchas veces incomprensible y extraño.

En términos generales, la poesía de estos dos autores cubano-españoles adquiere visos de viaje. Su mirada, inquisitiva y profunda, se vuelca hacia sus raíces. Y en cuadros donde se recrean el paisaje y la naturaleza cubanas y, para no olvidar, ejecutan, cada uno en su estilo, la sutil y exacta tarea de la enumeración, caótica unas veces, ordenada otras, y el despliegue de las imágenes. El poeta cubano-español bucea en su memoria o en las profundidades subjetivas de su yo; y la obra surge y se concreta en el texto en una acuciosa tarea contra el olvido, porque olvidar es dejar de ser.

Obras citadas:

Bordao, Rafael. “Los muertos en la poesía de Felipe Lázaro.” Hora de poesía 65-66.

(Madrid; sept.-dic. 1989): 165-8.

de la Hoz, León. La poesía de las dos orillas. (1959-1993). Madrid: Prodhufi, 1994.

Edwards, Robert. “Exile, Self, and Society,” Exile in Literature. New Jersey: AUP, 1988.

24-7.

Fuentes, Marta. “Editoriales y revistas cubanas en España.” Revista Hispano Cubana 2

(Madrid; oct.-dic. 1998): 155-64.

González-Montes, Yara. "Bosquejo de la poesía cubana en el exterior." Revista

Iberoamericana 152-153, (julio-dic.1990): 1105-28.

Ilie, Paul. Literatura y exilio interior. Madrid: Fundamentos, 1981.

Knapp, Bettina. Exile and the Writer: Exoteric and Esoteric Experiences. A Jungian

Approach. Pennsylvania: PSU Press, 1991:1-7

Lago González, David. Los hilos del tapiz. Madrid: Betania, 1994.

___________. La resaca del absurdo. Madrid: Betania, 1998.

Lagos-Pope, María Inés, Ed. Exile in Literature. New Jersey: AUP, 1988.

Lauro, Alberto. “David Lago: exorcista del absurdo.” Revista Hispano Cubana 3

(Madrid; enero-abril, 1999): 98-108.

Lázaro, Felipe. Despedida del asombro. Madrid: Pueyo, 1974.

___________. Ditirambos amorosos. Madrid: Ed. La Gota de Agua, 1981.

___________. Las aguas. Bilbao: Comunicación Literaria de Autores, 1979.

___________. Los muertos están cada día más indóciles. Madrid: Betania, 1987.

___________. Poesía cubana contemporánea. Antología. Madrid: Catoblepas, 1986.

___________. Poetas cubanas en Nueva York. Cuban Women Poets. Madrid: Betania, 1991.

___________. Poetas cubanos en España. Madrid: Betania, 1988.

___________. Poetas cubanos en Miami. Madrid: Betania, 1993.

___________. Poetas cubanos en Nueva York. Madrid: Betania, 1988.

Lázaro, Felipe y Zamora, Bladimir, Eds. Poesía cubana: La isla entera. Madrid: Betania,

1995.

Mario, José. “La verídica historia de Ediciones El Puente. La Habana, 1961-1965.”

Revista Hispano Cubana 6 (Madrid; enero-abril, 2000): (89-99).

Montes Huidobro, Matías y González-Montes, Yara. Bibliografía crítica de la poesía

cubana. (Exilio: 1959-1971). Madrid: Playor, 1973.

Morán, Francisco, Ed. La isla en su tinta. Antología de la poesía cubana. Madrid:

Verbum, 2000.

Muñoz, Elías Miguel. Desde esta orilla: poesía cubana del exilio. Madrid: Betania, 1988.

Rodríguez-Sardiñas, Orlando. La última poesía cubana. Madrid: Hispanova, 1973.

Tabori, Paul. The Anatomy of Exile: A Semantic and Historical Study. London: Harrap,

1972.

BIO-BIBLIOGRAFIA

Mirza L. González nació en Güines, La Habana, Cuba. Reside en Chicago desde 1962, donde continuó sus estudios y obtuvo una maestría (M.A.) de Loyola University, y un doctorado en Filosofía y Letras (Ph.D.) de Northwestern University en Evanston. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria y tres libros: La novela y el cuento psicológicos de Miguel de Carrión, (Miami: Ediciones Universal, 1979), la antología crítica Literatura revolucionaria hispanoamericana (Madrid: Betania, 1994) y una colección de cuentos, Astillas, fugas, eclipses (Madrid: Betania, 2000). Sus áreas de investigación más recientes son la poesía y el teatro cubano-americanos.Últimamente ha publicado artículos sobre el teatro cubano-americano y se dedica a revisar una segunda colección de cuentos para su publicación. Es Profesora Emérita de DePaul University en Chicago, institución en la que ocupó cargos administrativos y enseñó por muchos años.


[1] Deben mencionarse entre los esfuerzos ordenadores más completos en la poesía, la Bibliografía crítica de la poesía cubana de Matías Montes Huidobro y Yara González-Montes, de 1973; y los estudios críticos de Elías Miguel Muñoz, Desde esta orilla: poesía cubana del exilio, de 1988; y de Yara González-Montes, “Bosquejo de la poesía cubana en el exterior,” de 1990, pioneros en su género. También han contribuido a esta labor agrupadora, las antologías poéticas de Felipe Lázaro, entre otras.

[2] Las casas editoriales cubanas en España han proliferado. Entre las primeras en orden de aparición, con fecha de fundación y nombre de su director, se cuentan las siguientes: Playor (Principios del 70, Carlos Alberto Montaner), Pliegos (1982, César Leante), Betania (1987, Felipe Lázaro) y Verbum (1990, Pío Serrano). Información más amplia al respecto puede encontrarse en el artículo de Marta Fuentes. Es justo mencionar aquí al pionero de los editores cubanos en el exilio, Juan Manuel Salvat, fundador de Ediciones Universal en Miami en 1965, de larga trayectoria comercial.

[3]Los poetas cubanos que han residido, o residen aún, en España, incluidos en esas antologías son Gastón Baquero (1918-97), Rolando Campíns, León de la Hoz, José Kozer, David Lago, Alberto Lauro, Felipe Lázaro, José Mario, Lilliam Moro, Isel Rivero y Pío Serrano. El más reciente esfuerzo antológico de carácter inclusivo, La isla en su tinta, incluye, además de algunos de los anteriores, a María Elena Cruz-Varela, Ramón Fernández Larrea, Rolando Sánchez Mejías y Manuel Díaz Martínez. Otros poetas cubano-españoles destacados son: Benita Barroso, Roberto Cazorla, Paulina Fátima, Orlando Fondevila, Julio Fowler, Ana Margarita Meireles y Santiago Méndez Alpízar.

4Entre los poetas cubano-españoles deben destacarse José Mario, Isel Rivero y Lilliam Moro, conocidos integrantes de “El Puente.” Esta generación, agrupada alrededor de las Ediciones El Puente, es la primera que surge dentro de la revolución cubana, y también, desde la revolución, se rebela contra el autoritaritarismo cultural. Para más detalles, se recomienda consultar el informativo artículo de Mario, fundador y director de “El Puente,”que incluye una bibliografía muy útil.

[5]“Lobos,” el primer poemario de Lago, escrito en Cuba en 1975, ha sido publicado por la editorial artesanal Timbalito en Madrid, 2000. Referencias a Los hilos del tapiz y La Resaca del absurdo se harán, a partir de ahora, como Lht, y Lra.

[6] Los valiosos estudios sobre el exilio involuntario o exotérico, y el voluntario o esotérico, de Bettina

Knapp y María Inés Lagos-Pope confrontan esas situaciones y sus repercusiones. Knapp distingue entre:

“involuntary (one is banished or expelled from one’s native land by authoritative decree), or voluntary (one

escapes persecution, evades punishment or stressful circumstances, or carves out a new existence for

oneself). …(2)” Basándose en la psicología de Jung, Knapp asegura que dentro del tipo voluntario, existe

una sub-categoría, denominada exilio privado o esotérico, la cual define como una manera de vivir,

adoptada voluntariamente por el individuo sin necesidad de abandonar físicamente su país de origen, y

asociada usualmente con la creatividad artística y la vida religiosa y contemplativa. Lagos-Pope, asimismo,

destaca dos modalidades: la expatriación y el exilio interno, coincidente este último con el privado o

esotérico de Knapp. Robert Edwards, Paul Ilie y Paul Tabori han hecho también análisis interesantes en

este campo.

7 Comenta Alberto Lauro en su estudio, al respecto, “(que) hay un acercamiento reverente a lo cubano, tan cercano al elogio de los extraños pueblos de Eliseo Diego, con un sustrato onírico.” (99)

8 Referencias a Despedida del asombro, y Los muertos están cada día más indóciles se harán, a partir de ahora, con las siglas Da y Lmi respectivamente.

[9] Sobre este tema opina Rafael Bordao que, “Para Felipe Lázaro, la muerte no es un modo de concluir la vida, sino una forma sumamente per(s)picaz de enfrentarla”; añadiendo, “Los muertos que hostigan a Felipe no son otra cosa que la antigüedad…” (166); y “Uno de los muertos más rencorosos que asedian al poeta es la distancia, esa otredad que se contrae a la acción del recuerdo” (167).

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