martes, 29 de marzo de 2011

Los caminos del Señor son inexpugnables…

 

Así como infinitos son los senderos del éter.

Por un lado pienso en la estupidez malsana de los represores.

Por otro, pienso en Antonio, que tanto gusta del arte de la instantánea,

y de los pocos y valiosos amigos que todavía se mueren lentamente

dentro de la caja herrumbrosa de Las Islas Desafortunadas,

imposibilitados de navegar sin hacer uso del mar ni de las naves.

Es como estar en una silla de ruedas y correr con el espíritu,

trazar la estela infantil de Peter Pan y Tinkerbell

cursando y cruzando ridículamente el firmamento kitsch

de los encantadores de serpientes que desde la acera de enfrente

arreglaban un poco la nuestra destartalada por la imbecilidad.

¿Por qué tú si puedes asomarte al mundo, Abel,

si tu antiguo compañero de estudios, infinitamente

más inteligente, brillante y bueno que tú,

tiene prohibido acercarse a la ventana?

¿Qué insana obsesión es ésa

de pasar medio siglo buscando conspiraciones, armas inexistentes,

realidades ocultas bajo la raída alfombra

por donde se cuelan las verdades y las ratas?

¿Verdaderamente creéis que sois tan importantes

como para que un poeta pierda el valioso tiempo de sus versos

en hacer contrarrevoluciones y confiar en alguien sin talla?

¡Cuánta vanidad albergáis en vuestros delirios!

¡Aun nuestro tiempo más perdido e irrecuperable

es infinitamente más valioso

que el de todos los largos años que habéis dedicado

a intentar que ejecutemos nosotros mismos

vuestro sucio trabajo de eliminarnos!

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© 2011 David Lago González

(Madrid, 29 de marzo de 2011)

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Me puse a navegar por internet como otras tantas veces, en busca de imágenes para después utilizarlas en la ilustración de los posts o simplemente por el placer de ver cosas hermosas.  Simples cosas hermosas que no hacen mal a nadie.  Es un universo tan vasto como inabarcable, es como la idea de Dios, o de algo más allá y por encima de nuestra insignificante estatura.  Y no podía evitar el lamentarme por la suerte en la que han quedado encerrados personas que quiero y que son poseedoras de un enorme talento.  Y pienso en lo que a ellos también les gustaría dar un viaje semejante al que hago yo, sin moverme de mi casa, olvidando las horas de comer, olvidándome a veces hasta de sentir sed, solamente por el placer de ver la belleza que apresa la lente de una chica joven en Rumanía o el despertar brumoso de la campiña escocesa captado por un señor más viejo que yo.

Y quería escribir estas reflexiones sin tener la pretensión de escribir un poema, aunque no sé si es eso lo que me salió.  Y eso es lo que puede quedar: constancia de la satisfacción de la libertad.

David Lago González

Franco Fontana, Landscape, 1978 by Franco Fontana.

Franco Fontana, Landscape, 1978 by Franco Fontana.

kkkkkkk

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SPRING DREAMS

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walt whitman quote

yes please…

lunes, 28 de marzo de 2011

conde de xiquena

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Quisiera encontrar en mi memoria

alguna historia alegre

para contártela ahora mismo

y que no te duermas para siempre.

Sé que te vas, si cierras los ojos.

Y mira que yo tengo tantas historias de cosas cómicas;

cientos, miles de archivos de recuerdos hilarantes,

anécdotas de cuán absurdo y loco es el mundo,

brincadeiras que te harían morir de risa.

Y, sin embargo, la cabeza se me queda hueca.

No sé quién me ha robado los recuerdos.

¿Te acuerdas? En las primeras noches

aquel fantasma de tu pasado

entraba y salía del armario

porque su puerta se abría sola.

¿Se abría sola y él aprovechaba para salir o entrar?

¿O era él quien la dejaba abierta?

Y uno, salta de la cama cada dos por tres.

Y, de pronto, en medio de un abrazo,

la puerta del armario que crujía, y ya,

ya está otra vez este fantasma de tu pasado importunando.

¡Ay, fantasma, fantasma, no fastidies más!

Y aquella otra noche cuando íbamos al restaurante siciliano,

íbamos riéndonos de cuán trabajoso resultaba hacerlo

con ése que no paraba de mirarse en la comisura del “vánite”

y al tomar San Bernardo de pronto nos chocamos con él,

que, por no saber qué hacer, nos saludó a los dos;

y nosotros nos morimos de la risa ahí mismo.

Y después, cada vez que nos acordábamos de aquello,

nos moríamos más, otra vez,

y más, y más.

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Y más.

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No cierres los ojos, no te vayas de mí.

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© 2010 David Lago González

(Madrid, 23 de marzo de 2010)

sábado, 19 de marzo de 2011

Frustración

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© William Rios, Downtown Miami Today 3 p.m.

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A mis amigos Elio Poblador, Carlos Alonso Victoria y Carlos Victoria (rip)

A Omar Cerit

A Nikitín y Emilia

A Enrique Bedoya Sánchez (rip)

A los proscriptos que llenaban la saleta de mi casa para escuchar música degenerada

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Cada verso que escribí, escribo y escribiré

será siempre la canción que nunca pude cantar.

Todo pecador lleva su dolor oculto, y ése es el mío.

Habría querido cantar los versos de aquellos muchachos temerosos

que nos asomábamos con inocencia y desfachatez

a una naturalidad prohibida por los gendarmes

que custodiaban y medían la torcedura del tronco.

En la lengua del enemigo, sólo en palabras mascadas por el enemigo.

Ese idioma, ese código secreto, nos reforzaba en un desarraigo

que comenzó en el mismo lugar de origen de todos los males

y de toda la imprevisible felicidad que nunca jamás se ha podido definir.

Nuestros dioses nos traicionaron cuarenta años después,

o quizás desde entonces, quién lo sabe. Y qué más da.

No hubo nunca otra revolución que nos interesara más

que la de los voluntarios descamisados

que se emborrachaban en la cabina del aeroplano de Jefferson.

Todo cuanto sonaba con acordes impositivos de marcha militar

nos era ajeno, extraño, odiado y eliminado sin apenas escucharlo.

Queríamos ser todo lo imperfecto que el ser humano puede ser.

Ésa es la verdad. Quien diga lo contrario, miente.

Miente como los que, con sus mentiras, nos obligaron sin saber

a descubrir una libertad distinta, sólo nuestra, intransferible.

Odié a esos hombres que nos secuestraron

del pequeño mundo real que podíamos habitar;

odio a sus hijos que les defienden y justifican;

odio todos los símbolos que utilizaron para eliminarnos antes

y ahora enarbolan de nuevo para ni siquiera permitirnos

morir en paz. Puede que hasta ni se den cuenta.

Pero la ignorancia y la inconsciencia no les eximen de culpa.

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Yo sólo quería cantar en nuestro idioma secreto, pequeño,

el silencio con que todos aquellos hermosos muchachos,

mezclaban sus sexos y entonaban su tímida alegría sin permiso

a algo que ni siquiera pensábamos que se llamaba horizonte;

pero los gendarmes me convirtieron en poeta,

en un poeta maldito, extraño, incomprensible

y odiado por los unos y los otros.

Los maldigo a todos.

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© 2011 David Lago González

(Madrid, 19 de marzo de 2011)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Las cerdas de Remigio

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happy-pig

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I told you about Strawberry Fields.

You know, the place where nothing is real...

John Lennon

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Este lugar ya no es un lugar, este paisaje ya no es un paisaje.

Melania G. Mazzucco

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Crecí en un barrio tranquilo; las diferencias

por color o riqueza, o ausencia de ambos, se erguían y morían en su propio acaso.

Aquellos vecinos que no solían intimar con otros

conservaban siempre el saludo presto a cualquier hora del día.

Durante las carnestolendas se cerraban esos cien metros

y se dejaba una noche a nuestras anchas:

una orquestina amenizaba las horas

antes de la esperada elección de la muchacha más hermosa del barrio

(por aquel trono desfilaron Alicita Romero ―la de las Mejías, naturalmente―;

la Tati, con pretensiones de Mansfield morena; y Ana María Rodríguez,

que no por ser la más salida logró salir coronada alguna vez).

Anticipaba el final un suculento banquete, sobre una mesa que ocupaba toda la calzada,

impoluto blanco de manteles y servilletas, cervezas espumosas y amargas,

Víctor Calvo proveía generosamente con vinos de sus alambiques,

y con copiosos bloques de hielo,

la cercana fábrica de hielo de Guarina nos enfriaba las bebidas.

Luego los mayores se enzarzaban

en complicadas conversaciones con guitarras y clarinetes

y a los pequeños nos metían en la cama, resistiendo a toda costa el párpado caído.

Pero un día, no sé cuándo, todos nuestros hermosos vecinos desaparecieron,

murieron, o se fantasmearon. Las carnestolendas habían sido prohibidas.

Las cornisas de las fachadas comenzaron a caer; las persianas venecianas

se deshilacharon hasta el mismísimo ripio;

hubo que encabillar celosamente los patios interiores;

los álamos de toda la acera fueron arrancados de raíz;

dentro de nuestras casas tuvimos que empezar a comunicarnos en susurros y por señas

(por eso la gente piensa que el pueblo es tan educado...)

Y entonces apareció el negro Remigio

(ambas cosas no son peyorativas pero sí inseparables e irremediables).

A Remigio se le enrolla la amarillenta camisetilla por encima del barrigón

y por debajo, casi a ras de la ingle, cuelga un trozo de cuerda

con que ata algo que parece un pantalón.

Años ha una de sus mujeres vendía la leche que correspondía al hijo de ambos;

hoy el vástago es un maricón estelar del arrabal

(¿habrá influido la falta de leche, el calcio, las grasas naturales de la vaca?)

Pero ahora Remigio, además de mujeres y maricones, tiene una puerca.

El corral de la puerca es la acera; allí croncha gozosa escarbando en el lodo

y el sancocho que le echan.

Corta el paso a los transeúntes, pero nadie protesta: si van por la acera,

las personas levantan una pata por encima de la soga que somete a la cerda,

disciplinadamente alzan la otra y prosiguen su camino, acostumbrados a la infamia.

Otros se lanzan a la calzada. Sin temor: también los coches desaparecieron.

Así nos acostumbramos a todo.

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No hay tragedia sino subsistencia,

mientras no nos alejemos demasiado en el tiempo y la distancia.

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(Madrid, 15 de febrero de 2005)

© 2005 David Lago González

lunes, 7 de marzo de 2011

El Forajido

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Soy un forajido.

Tanto los hechos como yo mismo, hemos contribuido por igual

a mi condición de proscripto.

Confieso que hasta me seduce seriamente: es como el vértigo de una droga

cuyo efecto nunca pasa, nunca cede,

y cada vez me hace pedir y pedir más, doblar

la dosis hasta alcanzar el riesgo definitivo.

Es como un cántico de Antony Hegarty1,

una desesperada plegaria porque alguien me espere más allá del otro lado.

Es como un bolero atormentado de Maria Bethânia

que va manchando el escenario con las gotas de sangre de sus manos,

y las pisadas de sus pies descalzos van gritando a la hipocresía del mundo

el dolor incompartible de la verdad.

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Sólo los muertos que todavía viven un poco

logran comprenderlo.

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(Madrid, 7 de marzo de 2011)

© 2011 David Lago González

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1http://es.wikipedia.org/wiki/Antony_and_the_Johnsons

viernes, 4 de marzo de 2011

París

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Paris, 2009_Looking for Eternity

Looking for eternity 2 (Paris, 2009)

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a mis amigos parisinos

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Es verdad que París incita a reír, como dice Gastón,

de igual forma que New York

me ha dicho que la vida es diferente,

con otra velocidad y otra prestancia,

después que la conocí. The most convenient city.

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Pero París es para siempre

la ciudad donde respiro dinero y clase;

y una intención cosmopolita,

anónima, profundamente anónima

y curiosa, me invita a trasgredir el mundo entero

en busca de algo de mí escondido por otros lugares,

con esa certeza súbita y desconcertante

que nos da caminar por una calle

por la que ya antes habíamos andado en sueños.

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(Marzo 3 de 2011)

© David Lago González

miércoles, 23 de febrero de 2011

Tan sólo ayer

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about love

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Las camisas del amor

son húmedas. Huelen a sudor.

Huelen bien y huelen mal.

Son blancas y se ensucian de tierra.

Se manchan de hierba.

Se les pega la saliva de los labios deseados,

que son siempre los labios deseosos

de la boca deseable.

Suenan a risa, a sonrisa que mira al cielo

cuando la nuca se arquea hacia atrás,

se curva convexa la espalda,

se tuerce y se retuerce el jadeo en el infinito del vuelo.

Y cierran los ojos. Y todo es oscuridad.

Y gritan, rasgando la tela de la que están hechas.

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(Madrid, 19 de febrero de 2011)

© 2011 David Lago González

jueves, 17 de febrero de 2011

Todas las mañanas despierto

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Vasili Dimitrievich Polenov, Woman walking on a forest trail

Vasili Dimitrievich Polenov, Woman walking on a forest trail

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Todas las mañanas despierto

y tú te has ido.

Has desaparecido groseramente, sin despedirte.

El pecho frío, cortado en dos:

una mitad para mañana, la otra para el olvido,

o para cuando el invierno crezca

sin tenernos en cuenta,

tal como tú y yo hicimos ayer con la vida de otros.

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Todas las mañanas despierto

y mi amor ha muerto.

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No hay rastro de palabra o silencio;

sólo un muslo yerto,

desperdigado por el vasto Sahara del lecho.

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Todas las mañanas despierto

y no me encuentro.

Quien anoche se cobijó bajo la pluma blanca de una oca

fue cambiado en mitad del sueño

por otro que no conozco.

De nuevo han borrado mi memoria,

otra vez han matado a los que me precedieron.

Es así como no tengo una historia.

Y si no tengo pasado, tampoco tengo el futuro.

Ni siquiera es el presente en mí un estado seguro.

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En la alacena de la cocina encuentro un bote de leche malteada.

¿Es de ahora, o lo olvidó la infancia otra mañana lejana?

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Con buena suerte, por la tarde pienso en ti.

Me hago un café, en la pequeña máquina roja de una sola taza.

Le añado un suspiro helado de grappa,

y me siento a la mesa del mantel bordado

compartiendo el color cieno de tu invisible presencia a mi lado.

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(Madrid, 200?-2011)

© David Lago Gonzalez

sábado, 5 de febrero de 2011

MIRZA L. GONZÁLEZ - Dos poetas cubanos en Madrid

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Dos poetas cubanos en Madrid.

Poesía en exilio: la contemplación del tiempo.

Mirza L. González

Profesora Emérita, DePaul University

 

“Blanco poroso del dril cubre su sombra en la fila de los muertos / Blancas alas de su pamela varonil, por donde asoma su cara…/ Cantó boleros como el dios que habita las cocinas de los restaurantes orilleros, / ahíto de alcohol y hierba, que en pleno mediodía rapta a una mujer…/ Al regresar cada tarde y cerrar la puerta con tres vueltas de llave / para que su palomita no escape, le dice no sé decirte cómo fue./ Fueron tus ojos que venían por debajo del mar / moviendo sus raicillas de lascivia pulposa. / O tu boca, pretendida e ingenua red / donde se agolpa el agua que no pudo escapar de la noche./ Fueron tus manos o tu voz, resurgiendo de bañistas temblorosas./ Fue a lo mejor la impaciencia de tanto esperar / la extensión del conocimiento recorriendo el cristal de la gruta / desde el vórtice hasta el pensamiento / zumbando como un animalito ebrio, tu llegada.”David Lago.“ Tríptico de la noche musical en la Isla de la Siguaraya. 3 El rapto (Benny Moré).” La resaca del absurdo.

“Sufrió lo indecible por una tierra que le laceraba / sumergido en un pantano reseco por la lejanía / miraba sus poros como si fuesen el universo / extraño siempre extraño frente al espejo desnudo. / Su presente fue una ausencia prolongada / marchito caminaba las calles ajenas / descoloridas las ciudades que transitaba./ Nunca estuvo vivo sino más bien muerto:/ un fantasma rebelde que todo criticaba / irreverente hasta con sus sentimientos / arremetía contra lo injusto por ser justo / heterodoxo de carácter por antonomasia / no comprendía la pobreza por no padecerla ni de espíritu./ Aquí yace el que en realidad jamás nació.”

Felipe Lázaro. “Epitafio para un aprendiz de poeta.” Los muertos están cada día más indóciles.

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Sirvan de presentación los fragmentos anteriores como expresión de la realidad vivencial de dos poetas cubanos en el exilio, cuyas visiones del mundo difieren en el estilo pero se acercan en el contenido. El poema de Lago, en el que recuerda a Benny Moré y su popular bolero “Como fue,” es parte de un cuadro desdoblado en tres homenajes a cantantes cubanos. “El rapto,”evidencia y se enraíza a la memoria de un tiempo, compensador de la realidad inmediata. En “Epitafio para un aprendiz de poeta,” el hablante se sume en un intimismo aniquilante y nos transmite el dolor de la ausencia y la enajenación.

Los desplazamientos territoriales de estos y otros escritores, además de otras circunstancias existenciales, marcan con un fuerte toque de cosmopolitismo y/o universalismo a la literatura cubana del exilio a través de su historia, haciendo difícil, a la vez, determinar con precisión las influencias que un entorno específico ha ejercido en sus autores. Así como también hacen del establecimiento de fechas concretas y lugares de permanencia para propósitos generacionales, y de la creación de otros paradigmas agrupadores o sintomáticos, una ardua y compleja tarea. Son dignos de encomio pues, los esfuerzos realizados en los Estados Unidos y en España por ordenar de alguna manera esa disgregación. En un empeño de integración y actualización literarias, substanciales estudios bibliográficos, críticos y antológicos, han ordenado lo que de otra manera hubiera sido un caos clasificatorio.[1] En los Estados Unidos existen núcleos fuertes de poetas exiliados en Nueva York y Miami, y por diversas regiones españolas hay numerosos poetas cubanos que han producido una obra valiosa. Algunos poetas radicados en España han contribuido a nuestro acervo cultural no sólo como creadores sino también por medio de su labor editorial. Es decir, publican obras de escritores latinoamericanos, especialmente de cubanos residentes fuera de la isla, facilitando un espacio que hubiera sido muy difícil de crear.[2] Específicamente en el campo de la poesía sobresalen, entre otros trabajos, tres antologías publicadas en Madrid: La última poesía cubana (1973), de Orlando Rodríguez Sardiñas; La poesía de las dos orillas (1959-93), (1994), de León de la Hoz, y Poesía cubana: La isla entera, (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora.[3]

El enclave madrileño, incrementado con el pasar del tiempo, es autor de un telar poético amplio, recio, y de singular urdimbre.[4] Dos poetas cubanos residentes en Madrid, David Lago y Felipe Lázaro, contribuyen, definitoria y substancialmente, a la consolidación de la poesía cubana.

David Lago (Camagüey, 1950), salió de Cuba en 1982 hacia España, y desde entonces reside en Madrid. Dos de sus poemarios, Los hilos del tapiz ( 1994) y La resaca del absurdo(1998), han sido publicados en la capital española.[5] Lht incluye como secciones, y con el mismo título, las colecciones inéditas de Lago concebidas en Cuba: “Paisaje” (1976), “Júbilos” (1977) y “Los hilos del tapiz” (1978). En Lra pueden encontrarse poemas concebidos en la isla y en el exilio. Este estudio incluirá poemas del “acá” y del “allá,” de estas dos colecciones, con el propósito de ofrecer una visión más abarcadora y que muestre una lógica continuidad en su trayectoria poética.

Como dato importante debe mencionarse que, en la etapa cubana, Lago escribe varios de sus poemas desde una perceptible distancia física y espiritual. Entre ellos cabe destacar “Matajíbaro”( Lht, 17), “A las tres de la tarde”(Lht, 19), y “Figuración de cuadro familiar en Cuabitas”(Lht, 23). A pesar de la inmediatez de su concepción, y el poco tiempo transcurrido entre la inspiración o creación poética y la palabra escrita, dichos poemas representan vivencias del pasado. El distanciamiento temporal y estético se explica por la capacidad de aislamiento o auto-marginación del poeta. [6]

En la poesía de Lago, en su mayoría narrativa-descriptiva, hay imágenes originales muy bien logradas. La morosa delectación, de tonalidades eróticas, al estilo de Leopoldo Lugones, en la creación ambiental de “Retirada”(Lht, 29), alterna en ocasiones con el “paseo” contemplativo y deleitoso, como en la mejor poesía “ambulatoria” de Eliseo Diego, de“Puerto Príncipe”(Lht, 24), “Atardecer en Varadero”(Lht, 47), y “Atardecer en el Hotel Europa.”(Lht, 54). También “eliseana” es la observación complaciente y sabrosa del entorno inmediato, la convivencia y la vida familiar, notables en el ritual cafetero de “A las tres de la tarde.”[7]

La re-creación del paisaje cubano, que aparece con profusión en Lht, y en menor escala en Lra, es uno de los aspectos notables de su obra. En Lht se destaca, en un estilo expresionista, la finura del paisaje. El sol aparece a distintas horas del día, en amaneceres, mediodías y ocasos, dándole nombre a poemas tales como “La mañana”(Lht, 13), “(La tarde)”(Lht, 64), y “(La noche)”(Lht, 65), entre otros. El conjunto de “Atardeceres”(Lht, 45-55) en Varadero, o en Altagracia, donde ríe y se mueve la lorquiana Celia Cutiño; o en San Diego de los Baños, o en el Hotel Europa, conforman una galería de cuadros de elevados valores artísticos.

Las descripciones coloridas del paisaje complementan, como fondo y marco, la escena hogareña de “Figuración de cuadro familiar en Cuabitas.” La loma “donde el verde delira...” es el punto de referencia, y engloba de manera total significante y significado. Es el alfa y el omega que, simultáneamente, sirven como si “fuese el telón que hace concluir el espectáculo y allí terminase la isla y todo el universo/... /El padre inicia el rito tabacalero con un habano espumoso,/ y en reciprocidad nuestra primera palabra es una nubecilla/ que ejercita en el aire innumerables sugerencias./” Este poema nos revela una clave poética. Es decir, la poesía paisajística fija la escena y plasma el recuerdo familiar, y será el vehículo que facilitará el viaje memorioso hacia experiencias significativas del pasado cuando el poeta se haya marchado. De esta manera culmina “el equilibrio pictórico de la familia y de la casa./ Y al final... todos... /enriquecidos por lo increíble de la figuración,/ entresacamos del sueño un verso que asciende... /y lleva nuestra primera palabra,/ el color traslativo del silencio y la contemplación del tiempo/ a la fundida poesía crepuscular de la casa.” (Lht, 23)

En ocasiones, el paisaje se funde con una situación o relación, ya sea familiar o erótica, o con el recuerdo de la misma. En estas poesías, Lago fusiona con la descripción la alquimia del alimento y los olores del ritual casero, ofreciendo un cuadro familiar de exquisito dramatismo lírico en el que las imágenes se tergiversan con el despertar de las sensaciones táctiles y olfativas . Buen ejemplo de ello es “Matajíbaro”, cuadro de metamorfosis y síntesis culinaria, donde “El plátano quiere escabullirse como una hormiga/ perseguida por los dientes del tenedor,/...El cochino, por igual, se resiste: sus ojos prefiguran el fogonazo crujiente/ de un chicharrón machacado/.” Hay remedos de la gastronomía lezamesca en sus imágenes, donde la muerte, en consorcio con el amor, parece hacer un referente erótico: “Y plátano y marrano, dos machos cubanos, se revuelcan en la caldera, ungiéndose/ los cuerpos sin forma en manteca y rumor de ajos” (Lht, 17).

En otras ocasiones aparece un paisaje con motivos escondidos, difícilmente avizorados, o se aluden situaciones represivas. Referencias a lo oculto o lo enigmático, que recuerdan al Padilla de Fuera del juego, donde se percibe ese algo peligroso y subrepticio, aparecen en “Primer paseo por el Casino Campestre.” La expresión “Tal vez algo se mueve bajo el verde fresco” es el leitmotiv del poema. En contraste con la alegría inocente del verdor, es posible que ese “algo” nos “atrapará como un pulpo, soltándonos su tinta…” porque el paisaje verde “no trasluce la venida del otoño / ni el espanto del invierno…” Indicativos de intertextualidad, reaparecen en este poema los personajes y cisnes, y el mundo palaciego de la “Sonatina” de Darío donde, sorpresivamente, la magia ha sido suplantada por una cruda realidad. El recinto palaciego de Lago, “de medieval desgaste,” se puebla con “el chillido de los pequeños demonios infantiles” de princesas derrotadas, y en sus estanques hay “cuatro tristes y sucios patos encerrados,” (Lht, 14) pintando en términos generales la situación de encierro en la isla. El hablante, ante la certeza de un peligro inminente al acecho, y el ambiente decadente que lo rodea, presiente que la solución sería la partida.

Ante un posible y futuro desprendimiento físico de su tierra, ya en Lht Lago evidencia los sentimientos del exiliado perpetuo. En “Un hombre está partiendo” aparece la idea continua del viaje sin un punto definido de llegada: “un hombre siempre está partiendo, alejándose de la orilla/.../El y la orilla nunca se encuentran: un hombre que siempre parte/ y una orilla que al parecer se detiene cuando en realidad se aleja” (Lht, 70).

Los conceptos anteriores aparecen nuevamente en algunos de los poemas de Lra, específicamente en “Entre una realidad y la otra,” donde Lago se ubica en un tiempo y un espacio pendulares. Sin duda alguna, el poeta escribe este poema desde el exilio, al expresar: “Entre una realidad y la otra, la ausencia.” “/...entre una realidad y la otra/ siempre seremos la hormiga/ que hace de su vida un equilibrio/ y de una realidad, la otra." (Lra, 10). Es éste un poema trascendental, donde el hombre se divide entre el mundo de sus recuerdos, integración y caudal de vivencias, y la realidad presente. Oscila Lago aquí entre sus dos mundos posibles, el yo y la otredad, alcanzando en esta disyuntiva duales posibilidades ubicadoras del ser, tanto en el tiempo como en el espacio físico.

Para Lago, poeta del silencio, la contemplación y la memoria, sus libros son el tapiz donde se recrean los recuerdos y se “descargan” las experiencias. Por su aptitud contemplativa, capacidad de abstracción y tendencia a la auto-marginación, las escenas descritas en varios de sus poemas escritos en Cuba producen la impresión de haber sido añejadas en el tiempo. Debe destacarse cierto desarrollo entre los dos poemarios de Lago. El poeta evoluciona desde el despliegue del tapiz, con sus formas y dibujos, en Lht, hacia un acercamiento más analítico y filosófico de su experiencia personal en Lra, donde las vivencias del destierro y el desarraigo se presentan en un marco más abstracto y de connotaciones universales.

Pudiera afirmarse que los poemas de Lago en Lht y Lra, despliegan un compendio de situaciones y sentimientos enajenantes, tanto en su poesía del exilio interior, desde Cuba, como la del exterior, desde España, transmutándose los textos en galerías o escenarios donde se ordenan y exhiben cuadros lugareños, personajes e interacciones, en una aleación casi perfecta entre la Cuba del recuerdo y las experiencias del destierro. La creación poética en Lago es un proceso para representarse su mundo: el inmediato y el lejano, el asequible y el inasequible; para crear enlaces y atarse a la vida; para poder vivir y para ser.

Felipe Lázaro (Güines, 1948) sale para Puerto Rico de Cuba en plena adolescencia, en 1961. En 1967 se traslada a Madrid, donde ha vivido desde entonces. Cuenta con cuatro colecciones de poesía, todas publicadas en España: Despedida del asombro (1974), Las aguas (1979), Ditirambos amorosos (1991) y Los muertos están cada día más indóciles (1986 y 1987).[8]

La poesía de sus años juveniles se concentra en Da, cuando el poeta confronta, según sus propias palabras, “la realidad de abandonar la tierra amada en este doble destierro de una generación que está «dentro y fuera del juego a la vez».”(“Prólogo,”Da, s.n.) Lázaro considera que su generación es la del asombro, por haber vivido a muy temprana edad los años del terror batistiano, la esperanza y el desengaño revolucionarios, el camino al destierro y los avatares que esta nueva vida conlleva. De ahí que, alimentada con los ímpetus de la adolescencia y la primera juventud, en esta colección se junten temas tan variados como la solidaridad de “En crear se piensa”(Da, 13) y “Hermandad” Da, 11); y la admiración heroica en “Humboldt-7”(Da, 14), y “Manzana rebelde”(Da, 16), dedicado a José Antonio Echevarría; con la cuerda amorosa de “Cancioncilla de amor” (Da, 43), la erótica de “Cuarto trinchera”(Da, 55), y la máxima tensión del sincrético “Quiero”(Da, 59); hasta el dolor ante la muerte de“Ansío”(Da, 9) y “Flores fraternas”(Da, 83). Integran este libro poemas de variada longitud, en estilos desde el intimista al coloquial. Entre ellos destaca el brevísimo “Nostalgia:” “Tan fría es la ausencia / que el silencio / se hiela” (Da, 24), poema aforístico que ofrece una definición magistral de la añoranza con la fuerza indiscutible de cuatro palabras: ausencia, frío, silencio, hielo. Definición amplísima que abarca todos los niveles de significado, incluyendo las añoranzas posibles desde la amorosa y la filial hasta la del destierro; además de enfatizar la emoción que el sentimiento produce, sugiriendo, o implicando, que no hay palabras para expresarla, sólo el silencio helado.

Lázaro es el poeta andariego por excelencia. En su deambular por las calles, encuentra periódicos, o restos de papeles que le ayudarán a reconstruir su historia personal y aparentemente le darán calidad y constancia de vida. Pero, en estas andanzas, a veces nos deja la impresión de un divagar sin objetivo. “Transplantado” expone claramente la desubicación inevitable. Una falsa búsqueda de la verdad enterrada, inalcanzable, por su ruta desolada: “Vivir cotidianamente/ como agonizando/ mantenido por savia propia/ raspando paredes para encontrar verdades/ caminar sin leer las calles/ ni anuncios/ ni nombres de ciudades/ para hacerlo todo aún más ficticio/ así darnos cuenta de lo irreal-presente ..” (Da, 68).

“Despedida del asombro,” perteneciente a la colección del mismo título es, posiblemente, una de las composiciones poéticas mejor logradas de Lázaro. Este tour de force concreta, de manera dramática, el estado físico del poeta, las emociones y los sentimientos encontrados del desprendimiento, el viaje, y la llegada a la nueva tierra. Todo ello imbuido de recuerdos y nostalgia. El poema emana de tres focos, que se originan y establecen en cada una de sus tres estrofas con un adjetivo demostrativo: el yo poético, léase robot atónito; el estado físico y mental del hablante; y la travesía, el recorrido material y espiritual, realizado por el poeta desde el ayer, amado, familiar y conocido, hasta el ahora del presente. A partir de la primera línea en cada estrofa, las imágenes se abren como los pétalos de una flor. Veamos como muestra las dos primeras y fragmentos de la tercera:

“Este abismo de la extrañeza / el estar fuera / el brusco cambio / acostumbrarse a través del silencio / robot atónito de la nostalgia.

Esta llaga: ansiedad agrandada en el tiempo / como las nubes pasan aireando el recuerdo / las mismas manos de un ayer truncado / voz ronca de lamentar a gritos la huida /-despedida del asombro- / ese resurgir en los murmullos del agua / ser granito de arena en la inmensa playa / son las últimas olas llevándose la esperanza.

Estos ecos tropicales / en su selvática forma / repicando en el asfalto playense/ mientras contemplo / la inmensidad de distancia / lo que nos une y separa / este vaso de tinto mar…”

La primera estrofa representa la desubicación del hablante, el cual se autoidentifica con el símil, “robot atónito.” La segunda alude a su estado físico: por medio de la llaga, que metafóricamente representa la herida del desprendimiento, y que en lugar prominente encabeza la estrofa; por sus manos, truncadas de su ayer; y por su voz, ronca de gritos. Se refiere también a su estado anímico, de ansiedad agrandada y desesperanzadora, a la vez que establece puntos conectores con el recuerdo por medio de imágenes fluviales y marítimas. La tercera estrofa continúa y amplía este recuerdo, comenzado en la anterior, con la tenuidad del agua murmurante y la ternura del diminutivo “granito,” inaugurando un crescendo. Los “ecos tropicales" del inicio de la estrofa son un breve intermezzo, anunciador como repique de campana de un paisaje que va a continuar, en un agudo contraste entre el ayer y el hoy, y en un tono cada vez más ascendente, desde el selvático, hasta el chocante “asfalto playense.” También continuarán las imágenes acuáticas, comenzadas en la paz remansada del murmullo, arreciándose en estridencias tonales, embriagadoras y violentas, a partir de “este vaso de tinto mar.” El mar, contenido en un vaso es, paradójicamente, paréntesis, que une y separa la vida anterior de la presente, y sirve, además, de línea demarcatoria entre el espacio geográfico del ayer, y el hoy del destierro. Visiones caóticas “desperdicios de guerras / cuerpos mancillados,” pobladas de seres cavernarios y saturnianos “devorando a sus secuaces,” acompañan al hablante hasta el término de un viaje dantesco, el cual, con “las venas saltando como trampolín / por la sangre teñida de tierra / sin llevar pañuelo-manto, albergue,” es decir, herido y desprotegido, entra al agua universal, hasta llegar “caminando / rodando / a rastras / pero llegar…” (Da, 66).

Es evidente en “Despedida del asombro” que el exilio para Lázaro es un estado de foraneidad, un proceso agónico que comienza con una caída hacia el “abismo de la extrañeza.” El ser poético, desplazado de su medio innato, pasa del asombro de la partida, de la ruptura de la raíz, a su nueva condición de robot atónito. El término nostalgia, clave, abre un espacio por donde se filtran imágenes de la isla, percibidas a través de la distancia y el mar. Es preciso notar la corriente metamorfósica subyacente que aflora a dos niveles: el humano que, paradójicamente, es una deshumanización (el robot), y el segundo a nivel de naturaleza, consistente en mutaciones acuátiles. Los líquidos se transmutan en formas y calidades diversas, de lo simple local a la connotación universal. Arribando últimamente el poeta a la catarsis, esperando beber todo mar, hasta llegar a su meta definitiva.

La última colección de Lázaro, Lmi, gira alrededor de la muerte, tema trascendental en su poesía.[9] El libro le debe su título a un poema de Roque Dalton y abre con el epígrafe de Giorgio Bassani: “Los artistas son muertos que tratan de volver al mundo a través de la poesía”(Lmi, 11). Según Lázaro la muerte es una constante eterna, los muertos se perpetúan y trascienden en los poetas. En esta colección la voz poética, artista en desequilibrio, piruetea sobre la cuerda floja y, desde su posición precaria y riesgosa, posee la elegancia destructiva de un caballero, que ajusticia y sentencia a los demás en “The Young Gentleman”(Lmi, 21). Y también es la dama perfecta, diamante petrificado, iceberg humano que, dañinamente, acorrala, miente y salta las leyes, en “Sueños de Rábula” (Lmi, 15).

Lázaro se exterioriza, se convierte en “el otro,”y se observa en su “Epitafio para un aprendiz de poeta.” Hacia el futuro, no como esperanza de vida, sino como fin de ella, escribe Lázaro este poema, cuyas estrofas concluyentes, reminiscencias del pesimismo y el nihilismo de Schopenhauer, aparecen citadas al inicio de este artículo. La primera línea de esta composición, “Aquí yace el que nunca fue” (Lmi, 31), presenta la tumba del poeta muerto y es de una contundencia desvastadora. En imágenes que se deslíen paulatinamente, éste, sin huellas dactilares, con ojos que “ya eran unas lentillas desdibujadas,” se difumina en un afán de no ser nada, tal vez como resultado de lo infructuoso de su existencia. En oposición al concepto machadiano de que al andar se hace el camino de la vida, el hablante, cuyas “andariegas piernas jamás cruzaron un río,” va por calles que no le pertenecen. La voz poética, cada vez más difuminada, expresa el dolor de la tierra perdida en téminos como “extraño,” “lejanía,” y “ausencia.” Los sentimientos de enajenación del poeta, su estado físico, marchito y lacerado; y su imagen de incorporeidad fantasmal, se apoyan en antítesis canceladoras de lo positivo y terminan, como aldabonazo final, cerrando el poema con la absoluta negación existencial, al expresar: “Aquí nace el que en realidad jamás nació”(Lmi, 32).

Como conclusión, tanto Lago como Lázaro expresan problemáticas y vivencias comunes por medio de una poesía donde sistemáticamente aparecen recuerdos de infancia o juventud. En ocasiones, estas poesías aluden a la premura de un éxodo o travesía, a veces estrepitosa, hacia un lugar geográfico, hacia el interior del poeta, o hacia la nada. En la exploración y el proceso de ajuste a la nueva sociedad, la vida se percibe como un acto enajenante, solitario, y muchas veces doloroso; a partir de ahí se hace evidente la búsqueda de un nuevo espacio donde localizarse. Cuando falla el encuentro de un locus amenus, estos poetas se embarcan en la evasión nostálgica, creando mundos imaginarios, o reinventando la historia. Después de examinar los textos poéticos de Lago y Lázaro, se puede constatar cómo la diáspora se ha convertido en una forma de vida, nutrida constantemente por una doble realidad. La voz poética, indudablemente marginalizada, se enfrenta a un mundo ajeno, muchas veces incomprensible y extraño.

En términos generales, la poesía de estos dos autores cubano-españoles adquiere visos de viaje. Su mirada, inquisitiva y profunda, se vuelca hacia sus raíces. Y en cuadros donde se recrean el paisaje y la naturaleza cubanas y, para no olvidar, ejecutan, cada uno en su estilo, la sutil y exacta tarea de la enumeración, caótica unas veces, ordenada otras, y el despliegue de las imágenes. El poeta cubano-español bucea en su memoria o en las profundidades subjetivas de su yo; y la obra surge y se concreta en el texto en una acuciosa tarea contra el olvido, porque olvidar es dejar de ser.

Obras citadas:

Bordao, Rafael. “Los muertos en la poesía de Felipe Lázaro.” Hora de poesía 65-66.

(Madrid; sept.-dic. 1989): 165-8.

de la Hoz, León. La poesía de las dos orillas. (1959-1993). Madrid: Prodhufi, 1994.

Edwards, Robert. “Exile, Self, and Society,” Exile in Literature. New Jersey: AUP, 1988.

24-7.

Fuentes, Marta. “Editoriales y revistas cubanas en España.” Revista Hispano Cubana 2

(Madrid; oct.-dic. 1998): 155-64.

González-Montes, Yara. "Bosquejo de la poesía cubana en el exterior." Revista

Iberoamericana 152-153, (julio-dic.1990): 1105-28.

Ilie, Paul. Literatura y exilio interior. Madrid: Fundamentos, 1981.

Knapp, Bettina. Exile and the Writer: Exoteric and Esoteric Experiences. A Jungian

Approach. Pennsylvania: PSU Press, 1991:1-7

Lago González, David. Los hilos del tapiz. Madrid: Betania, 1994.

___________. La resaca del absurdo. Madrid: Betania, 1998.

Lagos-Pope, María Inés, Ed. Exile in Literature. New Jersey: AUP, 1988.

Lauro, Alberto. “David Lago: exorcista del absurdo.” Revista Hispano Cubana 3

(Madrid; enero-abril, 1999): 98-108.

Lázaro, Felipe. Despedida del asombro. Madrid: Pueyo, 1974.

___________. Ditirambos amorosos. Madrid: Ed. La Gota de Agua, 1981.

___________. Las aguas. Bilbao: Comunicación Literaria de Autores, 1979.

___________. Los muertos están cada día más indóciles. Madrid: Betania, 1987.

___________. Poesía cubana contemporánea. Antología. Madrid: Catoblepas, 1986.

___________. Poetas cubanas en Nueva York. Cuban Women Poets. Madrid: Betania, 1991.

___________. Poetas cubanos en España. Madrid: Betania, 1988.

___________. Poetas cubanos en Miami. Madrid: Betania, 1993.

___________. Poetas cubanos en Nueva York. Madrid: Betania, 1988.

Lázaro, Felipe y Zamora, Bladimir, Eds. Poesía cubana: La isla entera. Madrid: Betania,

1995.

Mario, José. “La verídica historia de Ediciones El Puente. La Habana, 1961-1965.”

Revista Hispano Cubana 6 (Madrid; enero-abril, 2000): (89-99).

Montes Huidobro, Matías y González-Montes, Yara. Bibliografía crítica de la poesía

cubana. (Exilio: 1959-1971). Madrid: Playor, 1973.

Morán, Francisco, Ed. La isla en su tinta. Antología de la poesía cubana. Madrid:

Verbum, 2000.

Muñoz, Elías Miguel. Desde esta orilla: poesía cubana del exilio. Madrid: Betania, 1988.

Rodríguez-Sardiñas, Orlando. La última poesía cubana. Madrid: Hispanova, 1973.

Tabori, Paul. The Anatomy of Exile: A Semantic and Historical Study. London: Harrap,

1972.

BIO-BIBLIOGRAFIA

Mirza L. González nació en Güines, La Habana, Cuba. Reside en Chicago desde 1962, donde continuó sus estudios y obtuvo una maestría (M.A.) de Loyola University, y un doctorado en Filosofía y Letras (Ph.D.) de Northwestern University en Evanston. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria y tres libros: La novela y el cuento psicológicos de Miguel de Carrión, (Miami: Ediciones Universal, 1979), la antología crítica Literatura revolucionaria hispanoamericana (Madrid: Betania, 1994) y una colección de cuentos, Astillas, fugas, eclipses (Madrid: Betania, 2000). Sus áreas de investigación más recientes son la poesía y el teatro cubano-americanos.Últimamente ha publicado artículos sobre el teatro cubano-americano y se dedica a revisar una segunda colección de cuentos para su publicación. Es Profesora Emérita de DePaul University en Chicago, institución en la que ocupó cargos administrativos y enseñó por muchos años.


[1] Deben mencionarse entre los esfuerzos ordenadores más completos en la poesía, la Bibliografía crítica de la poesía cubana de Matías Montes Huidobro y Yara González-Montes, de 1973; y los estudios críticos de Elías Miguel Muñoz, Desde esta orilla: poesía cubana del exilio, de 1988; y de Yara González-Montes, “Bosquejo de la poesía cubana en el exterior,” de 1990, pioneros en su género. También han contribuido a esta labor agrupadora, las antologías poéticas de Felipe Lázaro, entre otras.

[2] Las casas editoriales cubanas en España han proliferado. Entre las primeras en orden de aparición, con fecha de fundación y nombre de su director, se cuentan las siguientes: Playor (Principios del 70, Carlos Alberto Montaner), Pliegos (1982, César Leante), Betania (1987, Felipe Lázaro) y Verbum (1990, Pío Serrano). Información más amplia al respecto puede encontrarse en el artículo de Marta Fuentes. Es justo mencionar aquí al pionero de los editores cubanos en el exilio, Juan Manuel Salvat, fundador de Ediciones Universal en Miami en 1965, de larga trayectoria comercial.

[3]Los poetas cubanos que han residido, o residen aún, en España, incluidos en esas antologías son Gastón Baquero (1918-97), Rolando Campíns, León de la Hoz, José Kozer, David Lago, Alberto Lauro, Felipe Lázaro, José Mario, Lilliam Moro, Isel Rivero y Pío Serrano. El más reciente esfuerzo antológico de carácter inclusivo, La isla en su tinta, incluye, además de algunos de los anteriores, a María Elena Cruz-Varela, Ramón Fernández Larrea, Rolando Sánchez Mejías y Manuel Díaz Martínez. Otros poetas cubano-españoles destacados son: Benita Barroso, Roberto Cazorla, Paulina Fátima, Orlando Fondevila, Julio Fowler, Ana Margarita Meireles y Santiago Méndez Alpízar.

4Entre los poetas cubano-españoles deben destacarse José Mario, Isel Rivero y Lilliam Moro, conocidos integrantes de “El Puente.” Esta generación, agrupada alrededor de las Ediciones El Puente, es la primera que surge dentro de la revolución cubana, y también, desde la revolución, se rebela contra el autoritaritarismo cultural. Para más detalles, se recomienda consultar el informativo artículo de Mario, fundador y director de “El Puente,”que incluye una bibliografía muy útil.

[5]“Lobos,” el primer poemario de Lago, escrito en Cuba en 1975, ha sido publicado por la editorial artesanal Timbalito en Madrid, 2000. Referencias a Los hilos del tapiz y La Resaca del absurdo se harán, a partir de ahora, como Lht, y Lra.

[6] Los valiosos estudios sobre el exilio involuntario o exotérico, y el voluntario o esotérico, de Bettina

Knapp y María Inés Lagos-Pope confrontan esas situaciones y sus repercusiones. Knapp distingue entre:

“involuntary (one is banished or expelled from one’s native land by authoritative decree), or voluntary (one

escapes persecution, evades punishment or stressful circumstances, or carves out a new existence for

oneself). …(2)” Basándose en la psicología de Jung, Knapp asegura que dentro del tipo voluntario, existe

una sub-categoría, denominada exilio privado o esotérico, la cual define como una manera de vivir,

adoptada voluntariamente por el individuo sin necesidad de abandonar físicamente su país de origen, y

asociada usualmente con la creatividad artística y la vida religiosa y contemplativa. Lagos-Pope, asimismo,

destaca dos modalidades: la expatriación y el exilio interno, coincidente este último con el privado o

esotérico de Knapp. Robert Edwards, Paul Ilie y Paul Tabori han hecho también análisis interesantes en

este campo.

7 Comenta Alberto Lauro en su estudio, al respecto, “(que) hay un acercamiento reverente a lo cubano, tan cercano al elogio de los extraños pueblos de Eliseo Diego, con un sustrato onírico.” (99)

8 Referencias a Despedida del asombro, y Los muertos están cada día más indóciles se harán, a partir de ahora, con las siglas Da y Lmi respectivamente.

[9] Sobre este tema opina Rafael Bordao que, “Para Felipe Lázaro, la muerte no es un modo de concluir la vida, sino una forma sumamente per(s)picaz de enfrentarla”; añadiendo, “Los muertos que hostigan a Felipe no son otra cosa que la antigüedad…” (166); y “Uno de los muertos más rencorosos que asedian al poeta es la distancia, esa otredad que se contrae a la acción del recuerdo” (167).

domingo, 30 de enero de 2011

Ella

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Shadow of the Colossus

(Shadow of the Colossus)

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a Ángel de Río Hornos

(Madrid, 1936-1994)

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Demasiada sinceridad.

En mis palabras nunca pronunciadas, hubo demasiada sinceridad.

En mi silencio la impiedad era tan palpable

como mecánica la acción.

El sentimiento se bloqueó, el mandato para ser más suave

se quedó entumecido entre el intento y la abstracción.

La habitación,

siempre frecuentada por personajes secundarios y por extras;

la insistencia y el velado interrogatorio

para descubrir los escondites de la fortuna,

no fueron el mejor de los escenarios.

Tablas, actores, y las oscuras y casi indescifrables

asperezas del guión… No sé pensar. Todavía.

Las cortinas habían caído ya hacía tanto tiempo

que detrás tropezábamos una y otra vez con el atrezzo.

Ya el de las luces se había marchado.

Ni siquiera tú y yo,

que habíamos viajado en la misma barca

y compartido la misma historia, éramos relevantes.

La protagonista era Ella.

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(Madrid, 28 de enero de 2011)

© 2011 David Lago González

jueves, 20 de enero de 2011

(Talkin’ ‘bout) My Generation

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Jan Saudek, The Reader of Dostoevsky, 2000

Jan Saudek, The Reader of Dostoevsky, 2000

 

a tantos…

a Jesús “Cepp” Selgas

People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation)
Just because we g-g-get around (Talkin' 'bout my generation)

Pete Townshed  (The Who)

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Nos fue negado el romanticismo.

Nos retiraron antes de montar

la cabalgadura con que los utópicos

trotan por encima del foso de las ideas

y atraviesan las puertas del castillo de la juventud reticente.

Nos fue negado el descubrimiento natural de la vida:

muerte, dolor, justicia, certezas y dudas,

espontaneidad.

No hablo de derechos.

Nos fue negado el error.

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Se nos quiso exterminar por convictos inservibles.

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A cambio, nos fue dado el silencio.

La sospecha, el miedo, la desconfianza,

la inocencia rota por la observancia de las maneras frágiles,

y el rechazo también al siempre trémulo corazón.

Rigidez, y andar por años con un pesado libro sobre la cabeza

para mantener erguida la figura,

como si fuéramos internas de una cruel y absurda escuela de modelos.

A la salida, nos fue enseñada un arma,

que tampoco se nos entregó

porque fuimos considerados indignos de su mecanismo.

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Así crecimos, así reímos, así amamos.

Así vivimos.

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Hasta hoy.

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(Madrid, 20 de enero de 2011)

© 2011 David Lago González

jueves, 13 de enero de 2011

¡Ay, Paca!

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A duck seamstress adjusting the tail of a peacock.

A duck seamstress adjusting the tail of a peacock.

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Descubrí el paradero de la delatora de la suerte echada.

Descubrí su guarida. Escuché su cuento

y su maestría en la enseñanza de la delación y la miseria humana.

Viaja por tierra y por mar

desde que nos entregara a los metemiedos

y a los que paraquenuncaloolvides, por todo el mundo

viajera lleva tres décadas propagando con gracia actuada

el arte de narrar cuán inabarcable es el mal que puede hacerse al delatar.

En su pueblo, que es el mío, la creen muerta,

y un altar en un rincón improvisaron como símbolo funerario

en la mole blanca de piedra marfil que guarda

las hojas de los libros y los acallados tacones fantasmales de Fefa

que tenía los dientes inclinados hacia el mundo como en una sonrisa eterna.

Me lo dijo anoche un anónimo en una nota subversiva,

como subversiva y amedrentada fue la vida

que ambiciosos como ella provocan en tiemblos ajenos.

Inescrupulosa en la supervivencia,

de la oralidad ha hecho caja, profesión y corazón,

si así puede llamársele al musgo que debe latir entre sus huesos

como el hongo de las cloacas citadinas.

Un número al que llamar para inscribirse en la narración,

y un nombre para café civilizado de altos ventanales

por el que paso con frecuencia: dentro y fuera andará ella,

pisoteando sin garbo y chaparrudamente mi Cava Baja vecina,

que huele a horno de leña y cordero asado.

En su pueblo la creen muerta, insisto, pero la hiedra vive,

bien pegada a la sombra de contar el cuento de la vida de los otros,

tanto al respetable como a los irrespetables mensajeros del pánico

con que antaño compartió los posos de una misma taza.

¿Qué hago, ahora que la tengo al alcance de mi ballesta?

Si la mato, nadie comprenderá en Soto del Real tan absurdo proceder.

Si la espero a la salida de su actuación

y mancho su rostro con el silente estrépito de mi desprecio,

dirán que la envidia me empuja y la rabia la boca llena en balde y con ridículo.

¿Confiar en la justicia divina? No es suficiente.

Pero nada lo es, ni siquiera olvidarla,

ni siquiera simular que no me molesta que tan cerca de mí

respire. Dudo que seres así tengan remordimientos.

¿De qué, al fin y al cabo? En tiempos de guerra

hay que mantenerse de alguna manera: no hay mucha diferencia

entre retorcer el gollete de un pollo

y arruinar, o cuando menos importunar, la vida del poeta.

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(Madrid, 2010-2011)

© 2011 David Lago González

martes, 4 de enero de 2011

premio sunshine PARA INDICIOS DE DESORDEN

PREMIO SUNSHINE AWARD 2010 PARA MEMORANDUM VITAE.

El colega José Ramón Morales y su blog Cuba Española me ha otorgado, a su vez, el PREMIO SUNSHINE AWARD 2010 a los Mejores Blogs Hispanos. Desde aquí, quiero manifestarle mi total agradecimiento.
Como lo quiere la costumbre, ahora me toca a mí compartir el premio recibido con mis 12 blog favoritos. Ellos son :
El Nictálope (Maykel González Vivero)
Güicho Crónico
Libros del crepúsculo (Rafael Rojas)
El blog de Zoé Valdés
Periódico Guamá
Nombrar las cosas (Yoandy Cabrera)
Indicios de desorden (David Lago González)
El Bosque escrito (Félix Hangelini)
Belascoaín y Neptuno (Alexis Romay)
La Rusa de Baracoa (Camilo Hernández)
Entendiendo el caos
El blog de Tania Quintero

Memorandum Vitae

 

¡Muchas gracias, Javier!

viernes, 31 de diciembre de 2010

La última década

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1910 Boy With Camera

Boy With Camera, 1910

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Acudiré al año nuevo discretamente,

como las señoras con tacones cuando entran a la iglesia

y llegan tarde a misa,

y van sorteando la apoyatura de los bancos

con un cierto bamboleo de avión en el aire

(no se dice si camino del altar o del urinario).

El paseíllo triunfal de retirada,

concluido el arduo happening de una existencia

matizada por maderas preciosas de oriente;

verdes mares somnolientos donde la mirada

en vano procura el azul, celeste o marino,

o simplemente el turquesa de una sangre venida a menos;

y al final de los finales, existencia pues

rematada por la sorpresa infantil de la nieve.

Nunca comenzamos, y siempre estamos terminando.

La vida es la continuación de algo que ni siquiera imaginamos.

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Para esta noche en que asumiré el retorno a la patria

pequeñísima e insignificante que me aguarda

tras la sombra de la begonia gigante de la perdida casa,

dispondré de un copinho de barro donde escanciar el ribeiro

y atenderé con los ojos cerrados

los boleros arrebatados de una diosa bahiana de pies descalzos

que en mi juventud me insinuó la senda del presentimiento insospechado

hasta en madurez llevarme al torso donde expuse mi muerte.

Benévolos y generosos, Alláh, Jesús de Nazaret, Yahveh, Ahura Mazda,

y el Olimpo numeroso, colmaron los cuernos de abundancia y corazón,

y hasta por nombre el del segundo Rey de Israel me dieron,

que significa ser “amado”; y no hay mejor amante

que quien se sabe amado por un misterio inexplicable.

Candles, cirios y velas de aromas añadidos

prenderé al anochecer, y las primeras horas serán un pétalo

que hará de barca hacia ninguna y todas partes.

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Versos te he escrito, borracheras en las que he perdido la conciencia y el honor;

mi corazón te he dado, pero nunca pude –infeliz de mí –

cantarte una simple canción de amor.

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(Madrid, 31 de diciembre de 2010)

© 2010 David Lago González

martes, 28 de diciembre de 2010

rose is a rose is a rose is a rose is a rose

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© Mª Gina Valero Ortiz

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Rose is a rose is a rose is a rose*

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Una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, dijo una vez la señora Stein,

y, como orondo mármol, quedó hecha efigie en Bryant Park,

donde la visité el pasado año en el verano moroso de New York.

Para la misma media estación del año actual, María Gina

me enseñó que una naranja puede también ser una rosa --o viceversa.--

Pétalo y corteza se fundieron en el recuerdo de La Garrotxa

en el efímero arte de la naturaleza

sin descifrar antes el sabor de los volcanes dormidos

que yacen bajo el verde deslumbrante de la hierba.

Aunque no se vean, ellos están ahí, me dijo

mientras el atardecer nos caía sobre Santa Pau

y el hombre de la cebolla profetizaba el clima.

La luna entonces asomó sobre el cielo como un gigante,

y en la terraza donde bebíamos cerveza

entró la noche invitándose a sí misma a compartirnos,

y una noche es una noche es una noche es una noche,

como una rosa con su corteza secándose al sereno

o una naranja con los pétalos blancos.

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*Gertrude Stein

(Madrid, 28 de diciembre de 2010)

© 2010 David Lago González

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© Mª Gina Valero Ortiz

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martes, 21 de diciembre de 2010

(versos para terminar el año)

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Corre las cortinas, va a terminar el año.

He colgado una pashmina cubriendo los cristales del ventanal del balcón.

Tiene colores alegres pero desvaídos,

como mujeres de Malí alejándose por las dunas

mientras las pinta Barceló.

Me gustaría que Miquel te pintara como te veo yo,

sólo él podría hacerlo con los ojos

que tengo escondidos en el corazón.

Corre las cortinas. Ven,

y échate a mi lado. ¿Quién eres?

¿Quién fuiste, qué no serás ya más?

Después de tantos y tantos años, va a terminar el año.

Duerme, es mejor.

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(Madrid, 21 de diciembre de 2010)

© 2010 David Lago González

Inevitable

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Pleasure by Thomas James Corcoran

Pleasure by Thomas James Corcoran

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Si no fueras el mar,

serías la balsa.

Si no fueras la balsa,

serías el náufrago.

Si no fueras la ola,

serías la espuma.

Si no fueras el vestido,

serías el cuerpo.

Si no fueras el fuego,

serías el recuerdo.

Si no fueras tú,

sería yo.

Lo inevitable somos,

no pudo ser de otra manera.

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(Madrid, 21 de diciembre de 2010)

© 2010 David Lago González