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viernes, 3 de junio de 2011

Revisitando “LA RESACA DEL ABSURDO”

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RESACA ABSURDO_TAPA

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Ahora que he estado repasando este libro que se fue escribiendo a trompicones para ser editado finalmente en 1998, veo que el tiempo pasa sobre uno, pero, paradójicamente, casi se mantiene inalterable. Leeré tres poemas de él (los más cortos) en la presentación de LOS SONIDOS DEL SILENCIO y los he estado escogiendo y midiendo el tiempo. Concibo la poesía leída como un espectáculo, al menos un esfuerzo de plasticidad que pueda convertir las palabras en imágenes. Si no, ¿para qué leer en voz alta?

Seguramente haré el ridículo una vez más porque esta jornada alternativa ha sido tan alternante que no conozco otros posters colocados y distribuidos por Madrid que los que yo, como invitado, he colgado en algunos sitios y café-librerías. Un desastre. Ya está comprometido, y, en fin, estoy acostumbrado a hablar conmigo mismo (algunas veces no sólo en silencio) y también con y contra las paredes de mis blogs.

Desempolvo, pues, uno de sus poemas, y lo mezclo al desorden que siempre ha existido en mí, y que cada día crece más y más.

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Oficio de poeta

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Si los espejos no le sirven para soñar

con que una rama iluminada de improviso

ante el roce de uno solo de sus viajes

pueda asumir una forma real, es porque

como un pez ha saltado de las aguas

y cruzado sobre islas enteras.

Si se ha despojado de su sombra

como a su tiempo se desentiende

la cuna de la mano que la mece,

es porque el eco que guarda siente el mismo recelo

que si escuchara venir de muy lejos

un zumbido de flechas totalmente emponzoñadas.

¡Ha cedido, St. John-Perse, ha cedido!

Ha vencido el ángel de todos esos desconocidos amigos

cuya vieja muerte real le ha sido siempre inadmisible,

porque le rescatan y le llevan consigo a su dolor.

Para él, la luz brilla dentro de lo invisible y el misterio,

y aquellos que le enseñaron a amar lo hermoso y lo terrible

vienen a sus ojos como la caricia de un padre: severa y frágil.

Ha cedido. Han penetrado en él el fuego,

la noche perfecta, la soberbia voz humana,

la zozobra del náufrago y la demencia del héroe,

la esperanza.

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Y algún que otro dios.

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(Camagüey, 1977)

© 1977 David Lago González

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Ya no escribo así. Luego me dio por desnudar el poema de metáforas y he dejado el verso en puro hueso. Por eso tal vez ahora hincan más las palabras.

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© 2011 David Lago González

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domingo, 27 de abril de 2008

UN HOMBRE ESTÁ PARTIENDO, David Lago González





Un hombre está partiendo,
un hombre siempre está partiendo.
Alejándose de la orilla
como un náufrago que va y viene en su balsa,
bajo el quitasol que ha fabricado en su afán por sobrevivir
en un mar que por fuera y dentro le devora.
Un hombre está partiendo,
recogiendo constantemente sus aperos,
la diminuta poesía que conforma su vida,
la gravedad del misterio que le lleva hacia la lejanía del que mira
marchar la orilla, fuera ya de toda vuelta de las olas.
Las aguas que ascienden, boca que traga su figura y su sombra,
hacen de un hombre arena que asoma y se hunde.
Él y la orilla nunca se encuentran: un hombre que siempre parte
y una orilla que al parecer se detiene cuando en realidad se aleja
fantasmagóricamente, como una gran fragata
requerida por un aviso monárquico.
El hombre, aunque amando más el deseo de vivir que la misma vida,
reconoce que las verjas por donde puede comenzar su nuevo mundo,
la isla que él mira y que le mira,
será también gota del mar:
un irretenible fustazo de luz bajo las olas.


(C)David Lago González, (+/-) 1975