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viernes, 17 de junio de 2011

After the rain has fallen (Sting, “Brand New Day”)

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Después que haya caído la lluvia,

después que la lluvia haya limpiado

el pegadizo y espeso polvo del progreso,

y aunque la flor no brote de inmediato,

las hojas lucirán su contento de corazón enamorado,

y todo volverá a ser como antes,

como si ni siquiera nadie haya dado nunca

con la maravilla electrificante de la luz.

Adoré en la gota de agua que sostuvo sobre la hoja

el cristal del dios convertido en destello del sol,

límpido, puro, eternamente nuevo;

y sonriente.

Me devolvió la vida de siempre,

y en la piel del Murano frágil te vi,

otra vez burlándote de mí.

Otra vez volviendo al primitivo aliento

de las cosas simples y naturales.

He de darte las gracias, día,

por otro amor reluciente a la puerta de mi casa;

otra razón, por muy momentánea que sea,

para esperar la próxima lluvia.

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(Madrid, 17 de junio de 2011)

© 2011 David Lago González

viernes, 10 de junio de 2011

19th nervous breakdown

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Ayer me llamó mi amigo Pepe.

Pepe es, además, mi médico de Las Cosas Malas.

Hay cosas malas, cosas buenas,

cosas menos malas y cosas menos buenas;

también cosas horribles.

Y cosas extraordinarias.

Pepe está entre lo horrible y lo extraordinario:

me da las malas noticias, pero siempre me da una buena.

Todavía no llegamos al fracaso, dice.

Me he acostumbrado tanto a la relatividad

de la misma forma que me he habituado a escribir, y escribir

hoy me es más fácil que comer

o quitar la piel de un melocotón: la fruta

siempre termina por podrirse,

el arroz cocido cría hongos,

hasta el salmón congelado comienza a apestar

y la bruja de la tercera planta

baja y me da un escándalo (vivo en un barrio bajo.)

La diferencia entre la comida y la poesía

es que el verso mejora mientras no se escriba.

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(Madrid, 10 de junio de 2011)

© 2011 David Lago González

-**-

martes, 7 de junio de 2011

(When you) Wish upon a star

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Yo no he bajado al abismo,

no he descendido ni un solo peldaño de la escalera

que conduce al foso.

Todo lo contrario.

He subido hasta la estrella más alta

desde donde puedo vigilar tanto al cantor como al soñador.

No vigilarlos exactamente, porque poco

me interesa lo que hacen. Solo

es que desde aquí puedo mirar

si cantan o si bailan,

si gritan y se matan,

si roban o se insultan,

y entre todos se echan la culpa

de quién eliminó el firmamento.

Y desde aquí arriba, con todo el peso que me da la gravedad,

puedo estrellarme contra ellos

y dejarlos irreconocibles.

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Y es lo que haré uno de estos días

en que los astros y las miradas se confundan de cielos.

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(Madrid, 7 de junio de 2011, 1:00)

© 2011 David Lago González

lunes, 23 de mayo de 2011

Coldest night of the year, by Vashti Bunyan

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Arthur Tress - Broken Statuette, Cold Spring, New York, 1982

Arthur Tress - Broken Statuette, Cold Spring, New York, 1982

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La noche más fría del año

no tiene nieve, ni carámbanos de hielo,

ni témpanos navegando como náufragos perdidos

o blancos osos despistados por la falta de peces saltarines.

Las cañerías no se congelan y revientan

para después arruinar la alfombra nueva del salón.

Pero sí tiene el silencio de la frialdad,

el criminal desapego de la indiferencia.

Todavía estamos vivos,

pero es como si nadie nos viera;

entran por una puerta y salen por otra

como si no existiéramos,

como si fuéramos mesas donde nadie ha depositado nada.

Ninguno olvidó sobre nosotros una rosa;

todos pasan de largo en medio de una frenética pero lenta displicencia,

premeditada tal vez, o dolorosamente orgánica.

Todavía estamos vivos.

Tú, sedada y ajena, un pincho atraviesa

la rótula del nácar

e inmoviliza la pieza como en un escaparate de basura extraviada.

Yo, sedado y ajeno por la gratuidad perversa,

me siento y me levanto, voy de un puerta a otra,

repaso los pliegues de las cortinas que te aíslan

como si fueran las teclas de un piano

del que no sale música alguna, ni siquiera fuera de tono.

¿Estás ahí? De pronto preguntas.

Aquí estaré hasta que el mundo se venga abajo de una vez.

Aquí estaré hasta que ya no preguntes nada más.

Y más allá del silencio absoluto, aquí estaré.

En la noche más fría del año, rodeado de tanta asepsia cochina.

Esta soledad huele a mecromina y alcohol para mantener la muerte un poco más.

Una mesa metálica, de puro aluminio, brillando bajo el fluorescente.

La nieve cae en forma de gasas y guantes de fino plástico,

ni siquiera son copos de algodones que puedan confundirse con la realidad.

Y todavía estamos vivos.

Hai que ver, carallo!*

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*(gallego)

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© 2011 David Lago González

(Madrid, 21-23 de mayo de 2011)