sábado, 30 de octubre de 2010

Falta de pago

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 (C) 2010 David Lago-Gonzalez, Falta de Pago
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Al menos 30 años ha
que no recorría con mis ojos la silueta de las sombras.
La quietud del pabilo
que ambarino luce sobre la poza serena de cera
que le circunda, coincide con el cirio bermejo
haciendo que todo sonido en la calle
o en el resto de la finca, sean como
llantas que pasan sobre mojado, golpes secos
que tropiezan contra los tabiques como fantasmas ciegos.
Estamos en el siglo veintinuno, no en la Rusia de los zares;
ayer la luz me fue cortada: falta de pago.
Volverá mañana, han prometido los mercaderes,
que mienten menos que los dictadores del proletariado.
Volverá por la mañana, cuando no la necesite;
aunque ciertamente tampoco la preciso en este instante,
porque la luz de la bujía
ilumina una parte ínfima y muy profunda
donde la paz se rehace y el sosiego se estrena
otra vez como nuevo.
He jugado a que invitaba a un grupo de amigos
a comer el próximo sábado. Asados como antaño
en cazuelas de barro, feijãoda tropical
con una pizca dulce, batatas
doradas con leche y azúcar morena, a lo Agustina,
espolvoreada sobre la vianda como nevada mínima.
Vinos y cordiales, copetines del exquisito remate,
champán con helado de yogur y nueces.
En la sobremesa, achispado por los caldos,
me da por relatar los últimos episodios
de extrañas experiencias en paisajes soberbios.
Asuntos que no me dejan sosiego y en vilo
y malhumorado me mantienen desde que acontecieron
porque no encuentro en ello razón ni punzón
y sé que hay un todo una línea que me conduce
a algún punto conocido, una música
que me lleva a otra melodía,
porque…
Y al final me quedo callado.
                                                Y al final me quedo callado, transportado
a no sé qué lado de lo caprichoso coincidente.
El rumor de una saga vivida
allende el misterio y la fantasía o el recreamiento
aviva de pronto el escenario
donde un diminuto hombre fragua su vida inventada
sin conciencia, o con desprecio por las consecuencias ajenas.
Y vuelvo a la quietud del pabilo
donde reposa el arcano y el por qué
y el para qué, y el espejo moteado
de los tristísimos dementes que pasan desapercibidos.
M. Verdoux, plenos de venenos
henchiste mi sangre, el alma
y todo tiempo venidero.
¿Cómo amar y dar gracias sin contradecirme
a lo que ya una vez
hubo de matarme para siempre?
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(Madrid 29 de octubre de 2010)
© 2010 David Lago González

martes, 26 de octubre de 2010

Peter Pan

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PeterPan-image (2)

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para Kike (Enrique Agramonte Robles, 1949-2010),

que descanse como quiera

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El hombre y la mujer

parecían angelotes recostados contra la armazón

a los pies de la cama de estilo “neo-colonial”.

A la mujer le gustaba definir el estilo –si aquello efectivamente lo era--,

no sé si con la secreta venganza

de señalar que la inspiración del hombre en el diseño de los muebles de la casa nueva

no había llegado a la habitación de su hijo.

Desde la posición del muchacho sobre el lecho,

la mujer estaba a la izquierda y el hombre a la derecha.

¿Le despertaron o se despertó?

¿Se despertó y se asustó de la custodia?

Nadie recuerda nada ya cómo fue exactamente la cosa.

El caso es que el muchacho pensó que pasaba algo grave.

Desde que aquellos hombres bajaron de las lomas,

no había día en que no pasara un montón de cosas,

y unas a las otras se atropellaban y no dejaban a nadie pensar con claridad.

Creo que a aquello le llamaban “Revolución”.

“No, solamente queremos conversar contigo

y preguntarte algo”, dijo la mujer al muchacho.

El muchacho quedó esperando, medio erguido sobre el colchón.

La mujer le dijo que sabían lo mucho que le había dolido

el encarcelamiento y la expulsión de sus maestros,

y cuánto había llorado por el hermano Pedro.

Que ahora existía la posibilidad de que el muchacho

pudiera de nuevo reunirse con él, pero en otro país que no era aquel.

El asunto consistía en mandarlo a él delante

y ellos le seguirían pasado un tiempo.

Primero la mujer, luego el hombre,

dijo éste en su idioma.

Posiblemente era la primera gran decisión en las hazañas del muchacho,

y le dejaban escoger. Años después comprendería la magnitud de la consulta

y agradecería a la vida por haberle hecho conocer

a aquel hombre y a aquella mujer

que tomaban en cuenta la palabra

de un simple mocoso de mierda que apenas pasaba de los nueve años.

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El muchacho calló durante unos minutos.

Luego se volvió al hombre y le preguntó

si él realmente iba a seguirles hasta el fin del mundo.

El hombre afirmó nuevamente que sí, pero que antes de él

iría la mujer con sus manteles bordados, los sobrecamas primorosos

que ella misma había calado, la vajilla inglesa, las fotos

de toda la memoria anterior a aquel momento,

mientras él quedaba atrás liquidando los dineros, los deberes y los haberes.

El muchacho miró de nuevo a la mujer

y de inmediato volvió a encarar la mirada del hombre.

“No --le dijo al hombre--, tú no vas a hacer otra vez otro viaje.

Si no salimos los tres, no salimos.”

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Y allí se quedaron, por los siglos de los siglos, amén.

 

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(Madrid, 26 de octubre de 2010)

© 2010 David Lago González

martes, 19 de octubre de 2010

IMPUESTO REVOLUCIONARIO

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El hombre llegó a casa antes de lo acostumbrado,

medio bufando y ensimismado en algo que le roía por dentro.

La mujer lo vio tomar una copa de balón,

echarse unas líneas de Domecq de la botella que guardaba en la vitrina

y sentarse a la mesa en su lugar de siempre.

Las sillas en aquella casa tenían nombre propio

y formaban un código que no debía ser violado

bajo ningún concepto.

Ignoraba las preguntas de la mujer

sobre la marcha de la jornada en los bosques de Cubitas.

A medio terminar, alzó su puño cerrado

y lo dejó caer con todas sus fuerzas contra la madera

haciendo añicos el cristal y desparramándose el líquido

sobre el mantel bordado, a la par que decía:

fillos de puta!

La mujer corrió hacia él con el escarceo de mil gallinas ponedoras,

y con un paño de cocina quiso contener la sangre

que brotaba de las heridas abiertas y todavía adornadas con picos de vidrio.

El hombre la rechazó

y cerró la mano todavía más para infligirse un dolor inmenso

y tan satisfactorio que compensara en parte la rabia que sentía.

En ese momento, el muchacho comprendió

que lo más conveniente era refugiarse en la saleta,

haciendo como que veía la televisión; allá se fue,

y comenzó a temblar pensando que la culpa de todo aquel enfado incomprensible

era suya y solamente suya;

repasaba las últimas jornadas, los últimos días,

y no encontraba razón para sentirse causante de motivo alguno.

La imaginación especulando por su cuenta es cosa mala.

La sangre, los cristales rotos, la exclamación en gallego mal sonante,

la sensación de descubrimiento que vio en los ojos de la mujer,

eran asuntos nuevos para él.

Entonces recordó el sonido del puñetazo sobre la mesa,

y un nudo en su garganta se deshizo

para dar paso a unos sollozos incontenibles.

Y se fue quedando dormido frente a la pantalla

y los muñequitos de Looney Tunes.

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No se sabe cuánto tiempo después sintió una mano revolviéndole el pelo.

Era la piel suave de la mujer.

El hombre se había recostado en la cama.

-o-

Unos años más tarde supo que aquel día

unos barbudos revolucionarios habían puesto precio a su cabeza.

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O sea, efectivamente, la culpa era suya.

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Luego, un día futuro de pasados recuerdos,

el mantel manchado de sangre

fue consumido por el fuego.

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(Madrid, 19 de octubre de 2010)

© 2010 David Lago González

lunes, 18 de octubre de 2010

Send in the Clowns

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1920s 

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And where are the clowns?
There ought to be clowns.
Well, maybe next year.

(“Send in the Clowns” lyrics)

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Enviadme a los payasos.

Los tristes pierrots de la infancia.

Mi error temo que en su insistencia, padre,

volvamos a desandar la tensa cuerda

que unía y separaba al Ringling Brothers del Montalvo.

Inútilmente.

No era yo quien gustaba de los mimos,

y para que le acompañara,

me engatusaba con las altísimas cúspides del algodón azucarado

donde hundía mi boca,

y toda mi cara y mis manos quedaban luego pegajosas

y propensas a las moscas que anidaban en las orejas de los elefantes.

Nunca le confesé

que los payasos me daban lástima, mucha lástima,

esa extraña mezcla de condolencia y asco que llamamos así

con el sonido de palabras más suaves.

Zíngaras de mentira y barrio bajo,

putas afinadas como una serpiente hambrienta

enroscándose por la melodía de la flauta como esa planta de gandul

que en los muñecos atraviesa las nubes y llega al cielo perfecto.

Reía, padre, como una gelatina en manos temblorosas,

mientras yo contaba los minutos

para salir de las carpas sucias y el olor a estiércol

hacia la planicie insolente de la Plaza de Villa Mariana

donde terminaba el horizonte.

Nunca le confesé la verdad,

cuánto me molestaban aquellos infelices de irrisorio cometido;

y se lo confío ahora, al cabo de más de cincuenta años,

¿por qué? Quizás porque hoy sé que ya la verdad no puede dañarle,

y por mi parte, admito que el ridículo patetismo del saltimbanqui

es, en definitiva, perfectamente tolerable.

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(Madrid, 18 de octubre de 2010)

© 2010 David Lago González

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martes, 12 de octubre de 2010

Herida

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La herida tiene un único borde

que la circunda, igual que los labios,

superior e inferior ciñen la boca,

la abren o la cierran.

Pero no hay dos orillas para una herida

aun cuando ésta sea ya cicatriz añeja.

Pamplinas. Si me hablas de la parte de allá

y de la parte de acá, sólo estás intentando argumentar algún pecado.

Algo oscuro de lo que te avergüenzas pero justificas.

Por eso pones dos bordes a la herida,

y te pasas de un lado al otro según el picor de la sanación

o el avance de la infección.

Se sangra o no se sangra. No me jodas.

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(Madrid, 12 de octubre de 2010)

© 2010 David Lago González

Margaritas y maracuchos para un otoño en Madrid

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Mucha gente llega tarde a muchas partes.

A veces, de ello se puede hacer una tragedia,

pero lo cierto es que la rabia y la impotencia

dan el salto al bien hallado y transmiten

una cierta desesperación en las frases cortadas,

en las palabras omitidas.

Todo queda entonces entre las margaritas y la stolichnaia

y aquel shot de tequila y sprite

que te dejaron preparar para mí en el restaurante mejicano.

¡Para mí! Un desconocido me regala en la noche

lo que a él le gusta.

Al salir de Rimmel, el fresco de la noche

me robó la memoria, y no sé si caminamos

o volamos hasta casa; o tomamos un avión en Barajas,

nos pasamos por ese parque en París que me gusta tanto,

por el barrio de St. Germain-des-Prés; o un trasatlántico

nos llevó de puerto en puerto por todos los tugurios del Magreb.

Yo sólo sé que, según tus confesiones, dormías por primera vez

al lado de otro cuerpo parecido al tuyo, nos reímos hasta morirnos,

y por la mañana resucité, resucitamos,

haciendo algo que debe estar entre el sexo, deleitarse

y el amor alegre y repentino de una sorpresa en otoño.

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(Madrid, 12 de octubre de 2010)

© 2010 David Lago González

(sin título)

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Zerkalo (The Mirror) (1975, dir. Andrei Tarkovsky) Andrei Tarkovsky, Zerkalo (The Mirror), 1975

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El fantasma que hay en mí,

como en un comic de mal gusto, arrastra

cadenas más largas que sus sábanas.

Pesan mucho más que la esfera que sostiene el atlante sobre sus hombros,

y el ruido tenebroso de su roce contra el suelo

ensordece todas las melodías, suaves y violentas,

que la huida de su castillo maldito

me ha permitido escuchar en la vida.

Cuando tocan la superficie del mar,

es ésa la razón que motiva los más recientes maremotos

a los que la sismología no encuentra respuesta.

Si todo se arreglara con una medida extrema,

me cortaría ambas orejas como hiciera Van Gogh con una de las suyas,

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pero el ruido está dentro de mi cabeza

y la despoja de pensamientos más claros.

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© 2010 David Lago González

(Madrid, 16 de abril de 2010)

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sábado, 9 de octubre de 2010

Confessin’ the blues… (or “Put the blame on Mame”)

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DA 1820A

(Digital Art by David Lago-Gonzalez, image taken from the net, unknown copyright)

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Playing nipples to you,

I was thinking about my feet.

They were growing bigger and bigger

Until my body became a part of them.

While I was cuddling you from the back,

My feet soles was getting more solid

As if everything I was it was not just a simple failure

Of that pedestal where the statue stood, smooth and insensitive,

So uncaring as not to feel that it was usurping

The place of all the sensitivity of my efforts.

I remember I used to be the man

Who walked over the dark side of the moon

And so I used to laugh when I stepped on the compact sand in your back;

Now I am the magician tired of taking rabbits out of his hat.

There’s nothing to do, my dear old mate.

I don’t want to carry the guilt of refusing your demands

So I shall bear the crime of do not deserve you any more.

Yes, I am a stupid man

Who prefers to hurt himself instead of hurting someone else.

And it happened to me before, many years ago
And I'm still paying my debts assumed,
My bare desire to share what was once a treasure for both.

I will continue to maintain the mastery of art that you know

So you do not realize the void

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But, if something you suspect one of these days,

Please,

don’t blame it on the sunshine, don’t blame it on the moonlight,1

Just

put

the blame

on Mame.2

That’s the name of excitement.

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(Madrid, October 9, 2010.)

© 2010 David Lago-Gonzalez

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1Michael Jackson

2Song sung by Rita Hayworth in motion picture “Gilda”.

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martes, 5 de octubre de 2010

Razones para el silencio

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© Katarina Vavrova (Slovakia)

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2

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Acéptalo: es lo que tengo.

Acéptalo, oh Dios del Cielo.

Acéptalo, igual que el mar.

Acepta el ancho caudal del río

y el del arroyo, pobre y pequeño,

que de la sierra bajando va.

(Tonada que acompañaba los oficios en Camagüey en los años 70)

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para Isora Cabrera

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No preguntes por el origen de todo esto que aquí ves.

La simiente no es la referencia de un único nombre,

y no siempre son las cosas lo que parecen ser.

Es más, casi nunca lo son.

Si no te gusta lo que ves, si no te complace lo que doy,

retoma el sendero que en la noche te puso aquí,

al lado de esta borrosa procedencia que palpas,

o calla de una vez, que agradezco más el silencio que las palabras vanas,

porque endebles son, o acaso ¿no es que con el relato de mi rastro

intentas rellenar esa inapetencia que llamas rutina?

Ya yo he visto esa película,

ya he escuchado esa canción: alquila otra, compra otro cedé.

¿Es que pretendes que en cinco minutos haga recuento de toda la Humanidad?

¿Por qué me pides tanto? Y no, que no te ofenda el tono,

ni la mímica del cansancio cuando me oyes decir groseramente “ya salió la cosa”

y me ves girar la cabeza hacia la oscuridad de la noche o del infinito,

cualquiera apetecible boca que no sea la tuya

y tenga a bien tragarme en el instante aciago.

¿Por dónde quieres que comience mi historia: los fenicios, los celtas, los sefardíes?

No, darte el gusto de acortar el trayecto

y simplificar la vastedad, no te lo voy a dar,

nada quiero saber de lo que sobre mi origen puedas pensar,

guárdatelo para la hora del café.

Tu idea no es mi vida, es sólo una especulación,

o una bonita vaguedad.

Una estrella o un infierno, lo que quieras; todo, menos la vida que viví.

Mi origen, si alguno tengo, habrá sido el brillo del aluminio de una cuna de hospital

y ni siquiera lo recuerdo. Ya ves, de dónde vengo, ni siquiera me acuerdo.

Y si todo cuanto digo es mentira, quién eres tú para llamarme a razón.

Anda, vuelve al colegio si quieres aprender malamente

lo que ya malamente te enseñaron: yo sólo me desnudo ante un motivo consistente

y el interés por el pasado no es excitante.

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(Madrid, 17 de agosto de 2001)

© 2001 David Lago González

No direction home

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Robert and Shana Parkeharrison - Undergrowth - from Counterpoint Robert & Shana Parkeharrison - Undergrowth (from Counterpoint)

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Esta noche tampoco quería regresar a casa.

¿Ves? Lo de no querer volver

sucede mucho antes de ti, y continuará así

cuando ya no estés, dentro de cuatro días;

como antes de antes, y antes de mañana,

y antes de la memoria agolpada tercamente hasta el blanco indiferente.

A pesar de ti, acontece.

Simplemente sobreviene porque no hay casa,

no existe en verdad una morada, un regazo para el secreto;

nada siento mío y todo cuanto me rodea

y poseo es más precario que la vida.

No falta una isla, ni una gran idea, ni un bosque, no hay mar,

ni mitifico la muerte de un recuerdo o la fluida sangre de la ilusión;

únicamente desaparecieron dos sillones con balancín

a los que ni siquiera puedo dar forma, estaban en la sala desde que nací,

no puedo tallarlos al fondo del horizonte

ni puedo intentar comprar algo semejante: eran únicos.

¿Ves?  Tanta alharaca por nada.

La razón, el pretexto, el objetivo no eras tú.

Era solamente yo.  Y ni eso; era algo por encima y por debajo

de todo lo que significa vivir de nuevo.

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(Madrid, 3 de septiembre de 2005)

© 2005 David Lago González

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un blog, el blog y ese incierto oficio del Blogger

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I’m afraid of everyone.

(I’m afraid of everyone.)

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Entiendo que algunas o muchas personas no conciban que un blog pueda haber sido hecho sin una intención determinada. En realidad todo tiene una razón, aunque no necesariamente tenga que coincidir con promocionarse comercial o profesionalmente. Yo, persona, individuo, no tengo la más mínima finalidad de vender ningún producto, ni nada de lo que escribo considero que merezca llamársele de esa forma porque, todo, absolutamente todo y empezando por mí mismo, es prescindible. Por supuesto, teniendo en cuenta que cualquier persona —aun un loco— esgrime una justificación para quitar la vida a otra, iniciar un blog también tiene las suyas. En mi caso, son de índole estrictamente personal.

En un primer momento pensé en tres blogs distintos:

1. Indicios de Desorden Dedicado exclusivamente a la poesía que escribo.

2. El Penthouse de Heriberto Ático en el que entra de todo: memorias, reflexiones políticas y de cualquiera otra índole, actualidad, memoria histórica (eso que yo llamo “la pequeña historia”, la que se cuenta en las cocinas de las casas camagüeyanas, que además de servir para guisar también hacen su función de confesionario y de cuarto obscuro donde sacamos los corazones y las entrañas para que les dé el aire); trabajos y poemas de amigos, algunos de los cuales siguen viviendo en Cuba; textos de amigos y terceros; cualquier cosa que me interese señalar, criticar o condenar.

3. Strawberry Fields forever Opiniones políticas, mayormente relacionadas con la situación cubana.

Como editaba poemas y textos de amigos residentes en lugares políticamente difíciles, quise separar mis opiniones políticas, por lo general muy verticales (existe una diferencia entre lo vertical y lo radical, y es de donde parte cada reflexión: si de la razón o de las vísceras), para preservar el acarrearles algún contratiempo desagradable con El Poder ya que Áquel es un lugar absurdo, en el que todas nuestras vidas han pasado entre tres días de soltura del cordel y cuatro días de recogida del anzuelo con la intención de convertir al pez en pescado. El absurdo sigue siendo el mismo de cuando yo “disfruté” in situ de aquella experiencia, pero ahora multiplicado geométricamente por la más perversa maquinación diabólica. De modo que, en un momento determinado, yo mismo tiré la toalla declarándome (a mí mismo) incapaz de sostener ya todos los subterfugios necesarios para esquivar lo variado y congestionado del camino en materia de obstáculos. Tal parece que uno, desgraciadamente, termina acostumbrándose a la libertad de la misma forma que se acomoda a la falta de ella, pero lo que sí requiere de un esfuerzo inaudito es mantener los dos estilos de vida al mismo tiempo. De ahí que Strawberry Fields forever (http://theplacewherenothingisreal.blogspot.com) colgara el cartel de “The End” y quedara para siempre (who knows!) en el éter del ciberespacio.

Ahora bien, la verdadera justificación y el verdadero propósito de todos estos blogs es simplemente hablar conmigo mismo. O hablar con las paredes. También escribir mis memorias, mis opiniones, hablar de cómo han sido las cosas, de lo que ha sido y es importante para mí. Por supuesto, en los blogs pongo un cuidado: no permito la gresca en la que tan fácilmente cae la mayor parte de mis paisanos, en gran parte porque su vida se ha visto reducida a la más rampante elementalidad de tener que buscarse, no solamente los medios de vida (cosa que es lo normal que sucede en todas partes, incluso en las más finas y civilizadas ciudades y hasta en lo más rancio del barrio de Salamanca) sino también a perseguir el alimento diario. Una vida de interminables filas esperando un trozo de piltrafa o robando de un lado para comprar del otro; una vida donde desde hace más de 50 años, en el mejor de los casos, en los extremos más dignos, la gente ha terminado finalmente aceptando y conformándose con que son el resto de lo que queda después de haberles pasado el rodillo por encima a todo intento de aspiración normal de existencia, genera en la mayoría una equivocada forma de afrontar y no asustarse de respirar un poco más de aire. No sé si con eso coacciono la libertad de expresión o cualquier otra estupidez que quieran pesar: es simplemente cómo yo quiero que sean estos blogs que escribo y voy rellenando cada día desde una actitud absolutamente personal y humana. Si todo este les parece bien a los que accedan a los blogs, me parece fantástico. Pero no hay mucho más.

Todavía estoy en condiciones mentales de sentirme ridículo si comienzo a hablar en voz alta, rebotando mis palabras contra las paredes como una pelota de ecos y murmullos. En vez de hablar con las paredes, escribo blogs. ¿Está claro?

Y en ello no hay más oficio que el que, de forma natural, me sirve para escribir un verso.

 

 

Blog, diario, cuaderno

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Aquí sólo reposa el misterio de la palabra.

No la razón de por qué fue pronunciada.

Y mucho menos, para qué fue hecha sonido.

Eso, en todo caso, queda para que el desconocido

tantee su propia verdad

a través de lo sugerido.

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© 2010 David Lago González

(Madrid, 3 de abril de 2010)

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© 2010 David Lago González

lunes, 27 de septiembre de 2010

Desprecio

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let's make better mistakes tomorrow

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Lo verdaderamente dañino a largo plazo

no es ni la vaca ni los matarifes, ni siquiera los instrumentos

con los que la descuartizan en infinitas partes,

sino la legión de manos que aguantan sus patas

y alrededor del morro tensan un torniquete bien fuerte

para que no muja y descubra la verdad del crimen.

Si la vaca es la vida, y el carnicero aquél que desde su poder la ejecuta,

lo demás es el instrumento que nunca pierde su forma,

o la torna en nueva silueta, y sobrevive a todo,

incluso florece cuando se le creía muerto.

La vaca se desdibuja dentro de tanta algarabía;

los matarifes enloquecen aunque mantienen la astucia;

y la legión, reproduciéndose como la cola cortada de un lagarto,

se multiplica más allá de los años

para mantener sin respiración y contra el suelo al Hombre Justo,

hasta que se una a ellos o se pegue un tiro.

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(Madrid, 27 de septiembre de 2010)

© 2010 David Lago González

martes, 21 de septiembre de 2010

El otoño se adelanta sobre Madrid

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2 autumn leaves

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Otoño

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Tú, que te deslizas subrepticiamente en este cuerpo,

alevosamente y con nocturnidad, como un ladrón

dispuesto a matar, capaz de todo

por llevarse la chatarra de engañosos cofres

excesivamente valorados.

Tú, que armado de gran soledad

me impones recordar,

me obligas a observar en terco silencio,

más me conduces hacia un río

del cual las aguas escapan buscando ellas mismas la sequía,

te instalas en el corazón de la bellota como una larva

vaciándola silenciosamente,

haciendo de ella la cáscara hueca y aparente

que cualquier pie humilla...

Ah, tú, que me mezclas con la hojarasca.

Tú, que me haces mirar al cielo con el asombro calmoso del lerdo,

que reduces mis pensamientos a líneas que se diluyen

como trozos de hielo en vasos de vodka,

osos blancos saltando entre las ruinas de su imperio;

o haces girar las ideas en peligrosos círculos.

Tú, a quien tengo que callar, propinarte un bofetón,

para que no caigas en la letanía que mueve a risa

o a conmiseración.

Tú, que de pronto no estabas y ahora estás en cada minuto,

en cada objeto que toco, en cada sonido que antes vibraba con brío,

que has ido llegando sin yo darme cuenta,

que siempre has estado,

que siempre has sido lo impensable, lo imposible,

lo que sucede a otros, la traición,

el murmullo de la fila, lo que ya nadie llena,

la mirada que duda, la palabra que no se atreve a vivir...

y cae.

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¡Ay, otoño!

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(Madrid, 17 de diciembre de 2005)

© 2005 David Lago González

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sábado, 11 de septiembre de 2010

Partner in crime

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A man whom I can call a partner in crime.

Because there’s a crime called love,

And it takes two to commit it.

There’s blood in passion,

There are two bodies on the bed

And only one heart beating,

One hand holding The World.

Just only one mouth

saying “I love you”.

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© 2010 David Lago-Gonzalez

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viernes, 3 de septiembre de 2010

Once de septiembre

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Once de septiembre, mi padre muere

escuchando voces de nativos paisanos

que le hablan desde lejos.

Un año antes, el General Pinochet ataca La Moneda

y se viste de rojo sangre.

Desde la silla frente al obrador del comedor,

él extiende los brazos formando un cuadrado

para reposar sobre ellos la cabeza.

La noche púrpura es un leviatán.

Años después, el World Trade Center en Nueva York

se desploma herido de muerte por dos aviones.

Él permanece sentado después de ya partir

y las voces de los nativos siguen hablando

sin que nadie les escuche. El mundo

seguramente sigue su curso.

 

(Madrid, 3 de septiembre de 2010)

© 2010 David Lago González

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Mi padre murió, sentado y solo en el comedor de casa, mientras escuchaba Radio España Internacional.  Tal vez un año antes, o cosa así, había comenzado a sintonizar esa emisora en onda corta, afición que nunca antes le había conocido.

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lunes, 23 de agosto de 2010

Encaje de bolillos

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Caperuza de Camariñas

como corona

cubre la boca de la redoma.

Dentro otra manufactura de sapiencia popular

se hace pardo licor azucarado y subido de tono.

Alambique milenario son las manos

de la buena Maruxa.

Interior de la alegría y bastilla

que acumula en su oscuridad restos secos de heno,

vida vivida y sufrida, polvo de las calizas

que conforman las lindes de todo sueño.

Hay quienes para los que los sueños se resisten

y encuentran sombras donde debía lucir la luz.

Pero la vida se acomoda en el equilibrio de los años.

Encuentra sitio propio, teje

o prepara mejunjes de exquisito paladar.

Ve la televisión. La fuente del patio

rememora la música del agua

que una vez trajeron los árabes hasta estas tierras tan arribas.

Tan arribas que sólo están a un paso del cielo y del mar. Más arriba Camariñas,

pueblos atrapados entre las olas y los riscos,

enriquecidos de contrabando y provocadora naturaleza.

Una soda en la terraza.

En una isla lejana, allá por la década del veinte del pasado siglo,

las muchachitas Fagundo también hacían encaje de bolillos, cuenta ella,

pero la más avezada era la diminuta Bertha. Vida dura

pero más dulce, quizás porque la melaza todo lo disfraza.

Camariñas y yo,

pueblos atrapados entre las olas y los riscos,

enriquecidos de contrabando seductor y provocada naturaleza ya dormida.

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(Madrid, 23 de agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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(De “ A Rapa das Bestas”)

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Hace un rato conversaba digitalmente con un amigo que esta costumbre (mala costumbre) que llevo ya algunos años haciéndola y consiste en estar empezando continuamente libros que luego dejo inconclusos, no es más que un pobre pretexto para tener siempre algo pendiente que terminar.

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sábado, 21 de agosto de 2010

I gaze in your eyes

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I gaze in your eyes,

and to my joy I find

that every fear which used to be near,

has gone, gone from my mind.

Cole Porter

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Algunas veces la felicidad no es ya más una simple sensación

sino algo tangible, visible.

Recuerdo, hace tiempo,

una muchacha hablaba a mi sonrisa como al milagro de una luz

que iluminaba mi rostro, y de paso el suyo.

Acotando los excesos, he pensado

que el amor lleva desde magníficas palabras para el recuerdo

hasta lastimosas consideraciones para olvidar.

Sólo pocos días antes de escribir este pobre reclamo de paz para mi corazón,

yo toqué la gloria de la luz sobre tu almohada. Allí estaba,

como una luciérnaga posada sobre tus labios.

Volaba de ellos a tus ojos y volvía, y volvía a empezar de nuevo.

La funda tenía líneas azules y blancas, como la sábana,

rematada por un borde que imitaba el denim.

Estábamos debajo del mundo en ese mismo instante,

tú debajo de mí. A nada parecía tenerle miedo,

incluso asuntos tan espinosos como la muerte y la vida.

Me asomo a tus ojos, y para regocijo encuentro

Que todos los temores que solían estar cerca

Se han ido, y han volado de mi mente...

Con nada que pensar, ¿cómo podría tropezarme con ellos?

Fantasmas o piedras, qué más da lo que sean.

La luz que hace mil noches di a aquella muchacha

vuelve ahora a mí, verde también, en mi desnudez gratifica la tuya.

En la de ambos se crece.

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(Madrid, noviembre 2004) 

© 2004 David Lago González

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martes, 17 de agosto de 2010

Los años grises y la muerte de los poetas

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Los años grises

y la muerte de los poetas

Los años grises pueden disculparse de mil maneras:

siempre

hay una difusa sombra de luz para el cegado por el sol;

siempre

una tierra bañada por las aguas del pantano salvador

o la campana de una iglesia que bajo su peso ya no tañerá y no nos molestará más;

siempre

existirá alguien que adore el brillo enmudecedor de los sables;

siempre

                 habrá un siempre

                                                    y otro siempre

                                                                                 y otro más.

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Los años grises se pintan de añil y agua de cal

y parece que recobran cierta alegría, cierta vivacidad,

cierto “aquí no pasó nada”, o “el tiempo, el implacable”

también es bienhechor para el olvido y los recuerdos.

Pero la muerte de sus poetas pesará eternamente

sobre las palabras del consuelo y del remiendo:

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los años grises

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no podrán jamás recuperarse de la bala silenciosa

con que para siempre le dieron el verso a Federico y a Miguel;

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los años grises

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no podrán jamás recobrar el vergonzoso olvido

con que suenan las voces de Virgilio y de José;

y a quien quiera santificar lo grisáceo de esos tiempos,

bastará pronunciar solamente estos cuatro nombres

para secar el mar y la distancia y emparentarnos más fuerte

y tristemente que con ancestros, indios muertos y capitanes generales.

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(Madrid, 24 de julio de 2000)

© 2000 David Lago González

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domingo, 15 de agosto de 2010

El centenario de mi madre

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Centenario

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Es tu centenario y yo apenas tengo dos monedas

que no son suficientes para comprar esas flores

de tallo largo y aspecto de lirio,

que tanto perfume esparcen por las habitaciones.

Sé que una vez más te conformarás

al saber que vivo todavía,

y encenderé un cirio durante todo el día

para desearte que hayas llegado al fin

al término de tu viaje

y que el trayecto haya sido tranquilo,

sin grandes sobresaltos.

El mío no lo ha sido tanto

pero ahora estoy bien.

Una suerte de paz reemplaza tímidamente tu presencia.

De cualquier forma, sé que desde el sofá

puedo extender los brazos hacia la mecedora

y volveré a tocar tus rodillas, y sobre ellas tus manos.

 

(Madrid, 15 de agosto de 2010)

© David Lago González

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miércoles, 11 de agosto de 2010

La crisálida rompió

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 (Recycled Life in a Box by Anthony Rojas)

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                                           A mis primos carnales Aida del Sol y Julián Delgado (RIP)

                                                                                                   A mis primos segundos Julian Emilio y Álida

                                                                                                   A Lily

 

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La crisálida rompió,

y la bella mariposa pudo regresar a aquella flor

que en sueño o duermevela presentía como bruma indescifrable.

Volvía más hermosa aún que el fantasma de la memoria, la vieja alada

en cuyo prodigio del vuelo se posó la herrumbre de las malas ideas,

el veneno de los pesticidas que los hombres esparcían sobre ellas.

Para la ocasión, recuerdo que se hizo un cinturón trucado

con cientos de pañuelos multicolores que en torno a su cintura

enardecían la hermosura propia de su delicadeza,

y luego, como en un acto de magia, fue deshaciendo

con la dulzura que le recordábamos, uno a uno

de cada tramo de aquella cincha, para dejar

sobre el cabello de las muchachas sorprendidas

el transparente velo del arcoiris.

Estábamos todos subidos a la cama, abstraídos

por la placidez de aquella voz que había limado las mieles de la huída

y que sabía tan bien disimular el chero del acíbar.

Varias generaciones nos agrupábamos en derredor suyo,

y desde la vejez hasta la infancia nos unía una misma fascinación.

Las orugas eran reales y habían roto en colores luminosos

pese a todas las cochinadas de los libros de instrucción.

A su lado el hombre-mariposa tenía suavemente los ojos cerrados,

y no sé si por ello o por confusión natural entre la alegría y el dolor,

el tono de las voces era moderado, suave, lento.

El recuento de los duros tiempos de la huida y el asentamiento

se convertía en una fábula de sabiduría y paciencia,

y sufrimiento y amor.

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(Madrid, 11 de agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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NOTA DEL BLOGGER Y AUTOR:  En el año 1977, la Revolución comunista de Fidel Castro permitió (por intereses pecunarios y sabrá Dios cuántas más cosas enrevesadas), que los cubanos que habían dejado el país desde incluso antes de ese accidente histórico, volvieran a la isla.  Ésta es una muestra dulce de las consecuencias.

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viernes, 6 de agosto de 2010

la perrita atada al álamo

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3.  La perrita atada al álamo

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Era un hombre mayor, de unos setenta años.

Se ataba el pantalón con una cuerda,

no sé si por promesa o por miseria.

Tenía el pelo blanco, ancho el cuerpo en el centro

y afinadas las piernas, como las jamaicanas.

Casi no hablaba, quizá por dignidad o por vergüenza.

Sus modales eran finos, cosa mala para algunos.

Y él llegaba temprano, a eso de las siete de la mañana;

ataba su perrita sata al álamo del portal y le pasaba la mano para que no ladrara;

luego entraba en la casa y se ponía a limpiarla

desde el fondo hasta la calle, como las putas, para echar lo malo fuera.

A pesar de los años, era rápido.

Le brindábamos café, o chucherías, y nunca aceptaba;

creo que una sola vez se quedó a comer.

Sólo consentía la comida que le traía a su perra.

Sudaba mucho, ya no estaba para cargar

aquellos muebles de caoba, más propios de gladiadores.

Era un hombre mayor, canoso engominado,

y ataba su perrita al álamo frente a la puerta,

la acariciaba y le hablaba como a alguien muy querido.

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(Madrid, 21 de mayo de 2000)

© 2000 David Lago González

(de Tributos, “El ciclo del bienestar”)

martes, 3 de agosto de 2010

felicidad

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Lo imprevisto es la felicidad, o al menos

una buena parte de ella.

Y sucede también que la felicidad es imprevista.

No se la ve venir. No se le oye silbar.

Es como uno de esos últimos asesinos medievales

que pueblan estos harapos de siglos sin control,

y de pronto nos explotan al lado,

en medio de una carcajada o de un dolor.

Felicidad: risa serena cercana a la pena que se aleja.

Cruel también.

Inmisericorde. Pletórica de iniquidad.

Termina arrasando lo que para unos quedaba

como parte de tórrida inercia

cuando para otros se torna en dos recias manos trabadas

para ayudar al salto,

al salto del muro que nos lleve al corral de las gallinas.

Roba los huevos de oro

para acumularlos en la escarcela.

Luego olvida que allí los guardó

y en un bandazo los revienta contra el lomo:

inesperadamente se ha marchado de nuevo.

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(Madrid, 3 de Agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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lunes, 2 de agosto de 2010

Your terse verse…

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Beyond Desire by Harm Erkov

© Harm Erkov, Beyond Desire

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Your terse word denotes the description of the excited man...*

Excited about something as intangible as the imagination,

Waiting for something as harmful as chance.

Longing to love himself again

And by loving the shapeless desire, the world sinks.

As the tragic error, oh horrors,

Desire instills every minute of waiting

To again become a mockery of all adversity.

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© 2010 David Lago-Gonzalez

© Kurt Findensein, translation

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*Roger Salas

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miércoles, 21 de julio de 2010

la multiplicación de los panes y los peces

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Alfred Kubin, Solitude

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Ah, Señor de las Tinieblas Ignotas, dime Tú, si aciertas,

cómo es que, pasado el peligro de la molesta presencia

de aquellos que en vida fueron comprometedora compañía,

esquivado fantasma, saludo negado o respondido

por una fugaz y minúscula señal que resultara inapreciable;

o simplemente un muerto en vida, solitario y apestado;

al cabo de los años de perdón que la muerte otorga,

cuando el riesgo de la sangre es sólo cenizas,

comiencen por doquier a aparecer los peces multiplicados de la amistad

y se escancie con profusión el vino ―como en las bodas de Canáh― de las íntimas (confidencias.

"Yo, que le acompañé como una sombra en las últimas semanas..."

"Yo, que estuve a su lado" ―nunca se precisa de qué lado― "en los momentos (difíciles..."

"Yo, que le sostuve de la mano cuando le dieron la mala noticia..."

"Yo, yo mismo, que le cerré los ojos..."

"Yo, que me senté en sus rodillas..."

“Yo, que dormí en su moisés...”

"Yo, que nunca le negué, por más que el gallo cantara..."

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Ah, Señor de las Tinieblas Ignotas, dime Tú, si aciertas,

cómo la cálida y entregada amistad no les llevó también

a ser sombra y silencio,

                                          párpados yertos,

                                                                        temblona rodilla del pánico,

muerte,

                    muerte,

                                       y muerte.

Pregúntale a Virgilio y a Lezama y a tantos otros

si estos apacibles tiburones de la carne resucitada

fueron en verdad aquellos panes y peces

que salvaron del hambre a los cinco mil en la ribera del Tiberíades.

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(Madrid, 22 de octubre de 1999)

© 1999 David Lago González

A Coruña

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(A Coruña – Gaviotas)

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El graznido de la gaviota

No es un canto que denote mucha alegría.

Al menos eso me parece a mí.

Es como una conversación

Mantenida en un dialecto que no entiendo pero me gusta.

No se qué hablan, si se insultan o cortésmente se saludan,

Pero adoro que vuelen allá arriba sobre mi cabeza,

Y de pronto inunden mis oídos

Como si el agua del mar bajara volando del cielo,

Como si una ola reventara contra el paredón de mi silencio.

De A Coruña quiero resguardar en mi baúl

Este sonido de mar inverso,

La mística de A Praxa de Azcárraga, las copas entrecruzadas

De los magnolios inmensos,

Y esa flor que hoy ya es ocre resto

De la magnolia deslumbrante

Que un par de días atrás retuve en mi universo.

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(A Coruña, Praxa da Azcárraga, magnolia)

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(Praxa de Azcárraga, A Coruña, 12 de julio de 2010)

© David Lago González 2010

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sin título

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Antonin Soungouroff. Russia, 1894-1982.tumblr_kwjfi1dWus1qawuo0o1_1280

© Antonin Soungouroff (Russia, 1894-1982)

 

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tu lacónico denota la descripción del hombre ilusionado...*

ilusionado por algo tan intangible como la imaginación,

expectante por algo tan hiriente como el azar.

Anhelando amarse de nuevo

mientras se hunde el mundo al amar el informe deseo,

y el trágico error, horror,

de que el afán que pone en cada minuto de espera

sea una vez más una burla de lo adverso.

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(Madrid, 21 de julio de 2010)

© David Lago González

 

*Roger Salas

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martes, 13 de julio de 2010

A Coruña

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(A Coruña – Gaviotas)

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El graznido de la gaviota

No es un canto que denote mucha alegría.

Al menos eso me parece a mí.

Es como una conversación

Mantenida en un dialecto que no entiendo pero me gusta.

No se qué hablan, si se insultan o cortésmente se saludan,

Pero adoro que vuelen allá arriba sobre mi cabeza,

Y de pronto inunden mis oídos

Como si el agua del mar bajara volando del cielo,

Como si una ola reventara contra el paredón de mi silencio.

De A Coruña quiero resguardar en mi baúl

Este sonido de mar inverso,

La mística de A Praxa de Azcárraga, las copas entrecruzadas

De los magnolios inmensos,

Y esa flor que hoy ya es ocre resto

De la magnolia deslumbrante

Que un par de días atrás retuve en mi universo.

DSCF1914

(A Coruña, Praxa da Azcárraga, magnolia)

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(Praxa de Azcárraga, A Coruña, 12 de julio de 2010)

© David Lago González 2010

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lunes, 5 de julio de 2010

Viaje a la semilla

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Picture taken somewhere in the periphery of the Russian Empire. Early 20th century.(Picture taken somewhere in the periphery of the Russian Empire. Early 20th century.)

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Regreso a la casa del padre (por una semana).

Fique com Deus.

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viernes, 2 de julio de 2010

PÁNICO

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Robert and Shana Parkeharrison - da Vinci’s Wings - from The Architect’s Brother© Robert and Shana Parkeharrison - da Vinci’s Wings (from The Architect’s Brother)

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Estamos todos en la misma carrera

alcanzando el mismo umbral a un mismo tiempo,

como una masa compacta de obreros aguerridos, o no, pamplinas,

admitámoslo de una vez: como una miríada de ovejas

desesperadamente empujadas contra las rejas del matadero,

con sus ojos espantados buscando en el vacío del reojo

un destello de la luz de Dios, o de Ribera o de Johannes Vermees,

algo divino o humano, pero inusual,

algo que nos aplaque, que nos deje como un libro abierto

descansando sobre la esquina de la mesa,

encerrando la remota esperanza de ser leído el próximo verano,

cuando retornen el bochorno y la limonada.

La ironía de esta competición es ser el último el ganador,

pobre consuelo para quien verdaderamente nunca añade sino merma,

pues el resultado tiene en la tragedia el signo menos,

cuando menos, en la quietud de la resignación

la indiferencia es el mayor triunfo: el basto fornido como brazo de atleta,

el resplandor del oro que a tanto nos compra tanto nos vende,

la altitud de la copa que nos tienta cuanto más su insolencia

como las memorias de nuestra juventud, la resolución

definitiva y san-se-acabó de la azul espada.

La retirada de Antonio fue el replegarse de la defensa

a las líneas disolutas y lamentables de la retaguardia,

la soldadesca ebria, relajada por la derrota, bajo la sombra agujereada del escudo.

Ah, Antonio querido, nunca podrías imaginar

cuántas veces me salvaste de caer de la maltrecha y vieja escalera,

cuántas veces diste la luz por mí, cuántas me alimentaste en la mesa,

y cuántas diste razón a las vastas e inmensas sábanas.

Huyó la realidad a sus ensueños,

huyó el año al mes,

la semana al día, y éste al minuto que nos quiere regalar el siguiente:

una hoja en otoño tiene mejores noches, sorpresas más alegres.

Y si te enamoras de Anderson, de Jaime, de Alexandro, de Borja,

de cómo-se-llame o cómo-venga, venga-de-dónde-venga;

si quieres que tu novia sea la espuma del algodón que se relame en el perfume;

será sólo de ti tu amor tu propio pánico, el pálpito de un umbral

desierto, cinta patética que tu pecho raja

pues vencida estaba y ganada la competencia te convierte en perdedor.

¿Tragedia?: ¡masacre!

Te revuelves colérico contra el otro corredor

porque en él ves el signo de la fatiga que en tu espejo se pierde tras la arista.

© 2007 David Lago González

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Dedicado póstumamente a mi amigo Oscar (1950-2009)

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Encontré anoche este mensaje formando parte del cuerpo de un mensaje personal dirigido en abril del 2007 a mi amigo Oscar León.  No estoy seguro ahora mismo si lo tengo archivado en alguna otra parte.  De paso, me parece muy apropiado para celebrar el Día del Orgullo Gay.