martes, 5 de octubre de 2010

No direction home

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Robert and Shana Parkeharrison - Undergrowth - from Counterpoint Robert & Shana Parkeharrison - Undergrowth (from Counterpoint)

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Esta noche tampoco quería regresar a casa.

¿Ves? Lo de no querer volver

sucede mucho antes de ti, y continuará así

cuando ya no estés, dentro de cuatro días;

como antes de antes, y antes de mañana,

y antes de la memoria agolpada tercamente hasta el blanco indiferente.

A pesar de ti, acontece.

Simplemente sobreviene porque no hay casa,

no existe en verdad una morada, un regazo para el secreto;

nada siento mío y todo cuanto me rodea

y poseo es más precario que la vida.

No falta una isla, ni una gran idea, ni un bosque, no hay mar,

ni mitifico la muerte de un recuerdo o la fluida sangre de la ilusión;

únicamente desaparecieron dos sillones con balancín

a los que ni siquiera puedo dar forma, estaban en la sala desde que nací,

no puedo tallarlos al fondo del horizonte

ni puedo intentar comprar algo semejante: eran únicos.

¿Ves?  Tanta alharaca por nada.

La razón, el pretexto, el objetivo no eras tú.

Era solamente yo.  Y ni eso; era algo por encima y por debajo

de todo lo que significa vivir de nuevo.

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(Madrid, 3 de septiembre de 2005)

© 2005 David Lago González

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un blog, el blog y ese incierto oficio del Blogger

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I’m afraid of everyone.

(I’m afraid of everyone.)

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Entiendo que algunas o muchas personas no conciban que un blog pueda haber sido hecho sin una intención determinada. En realidad todo tiene una razón, aunque no necesariamente tenga que coincidir con promocionarse comercial o profesionalmente. Yo, persona, individuo, no tengo la más mínima finalidad de vender ningún producto, ni nada de lo que escribo considero que merezca llamársele de esa forma porque, todo, absolutamente todo y empezando por mí mismo, es prescindible. Por supuesto, teniendo en cuenta que cualquier persona —aun un loco— esgrime una justificación para quitar la vida a otra, iniciar un blog también tiene las suyas. En mi caso, son de índole estrictamente personal.

En un primer momento pensé en tres blogs distintos:

1. Indicios de Desorden Dedicado exclusivamente a la poesía que escribo.

2. El Penthouse de Heriberto Ático en el que entra de todo: memorias, reflexiones políticas y de cualquiera otra índole, actualidad, memoria histórica (eso que yo llamo “la pequeña historia”, la que se cuenta en las cocinas de las casas camagüeyanas, que además de servir para guisar también hacen su función de confesionario y de cuarto obscuro donde sacamos los corazones y las entrañas para que les dé el aire); trabajos y poemas de amigos, algunos de los cuales siguen viviendo en Cuba; textos de amigos y terceros; cualquier cosa que me interese señalar, criticar o condenar.

3. Strawberry Fields forever Opiniones políticas, mayormente relacionadas con la situación cubana.

Como editaba poemas y textos de amigos residentes en lugares políticamente difíciles, quise separar mis opiniones políticas, por lo general muy verticales (existe una diferencia entre lo vertical y lo radical, y es de donde parte cada reflexión: si de la razón o de las vísceras), para preservar el acarrearles algún contratiempo desagradable con El Poder ya que Áquel es un lugar absurdo, en el que todas nuestras vidas han pasado entre tres días de soltura del cordel y cuatro días de recogida del anzuelo con la intención de convertir al pez en pescado. El absurdo sigue siendo el mismo de cuando yo “disfruté” in situ de aquella experiencia, pero ahora multiplicado geométricamente por la más perversa maquinación diabólica. De modo que, en un momento determinado, yo mismo tiré la toalla declarándome (a mí mismo) incapaz de sostener ya todos los subterfugios necesarios para esquivar lo variado y congestionado del camino en materia de obstáculos. Tal parece que uno, desgraciadamente, termina acostumbrándose a la libertad de la misma forma que se acomoda a la falta de ella, pero lo que sí requiere de un esfuerzo inaudito es mantener los dos estilos de vida al mismo tiempo. De ahí que Strawberry Fields forever (http://theplacewherenothingisreal.blogspot.com) colgara el cartel de “The End” y quedara para siempre (who knows!) en el éter del ciberespacio.

Ahora bien, la verdadera justificación y el verdadero propósito de todos estos blogs es simplemente hablar conmigo mismo. O hablar con las paredes. También escribir mis memorias, mis opiniones, hablar de cómo han sido las cosas, de lo que ha sido y es importante para mí. Por supuesto, en los blogs pongo un cuidado: no permito la gresca en la que tan fácilmente cae la mayor parte de mis paisanos, en gran parte porque su vida se ha visto reducida a la más rampante elementalidad de tener que buscarse, no solamente los medios de vida (cosa que es lo normal que sucede en todas partes, incluso en las más finas y civilizadas ciudades y hasta en lo más rancio del barrio de Salamanca) sino también a perseguir el alimento diario. Una vida de interminables filas esperando un trozo de piltrafa o robando de un lado para comprar del otro; una vida donde desde hace más de 50 años, en el mejor de los casos, en los extremos más dignos, la gente ha terminado finalmente aceptando y conformándose con que son el resto de lo que queda después de haberles pasado el rodillo por encima a todo intento de aspiración normal de existencia, genera en la mayoría una equivocada forma de afrontar y no asustarse de respirar un poco más de aire. No sé si con eso coacciono la libertad de expresión o cualquier otra estupidez que quieran pesar: es simplemente cómo yo quiero que sean estos blogs que escribo y voy rellenando cada día desde una actitud absolutamente personal y humana. Si todo este les parece bien a los que accedan a los blogs, me parece fantástico. Pero no hay mucho más.

Todavía estoy en condiciones mentales de sentirme ridículo si comienzo a hablar en voz alta, rebotando mis palabras contra las paredes como una pelota de ecos y murmullos. En vez de hablar con las paredes, escribo blogs. ¿Está claro?

Y en ello no hay más oficio que el que, de forma natural, me sirve para escribir un verso.

 

 

Blog, diario, cuaderno

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Aquí sólo reposa el misterio de la palabra.

No la razón de por qué fue pronunciada.

Y mucho menos, para qué fue hecha sonido.

Eso, en todo caso, queda para que el desconocido

tantee su propia verdad

a través de lo sugerido.

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© 2010 David Lago González

(Madrid, 3 de abril de 2010)

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© 2010 David Lago González

lunes, 27 de septiembre de 2010

Desprecio

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let's make better mistakes tomorrow

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Lo verdaderamente dañino a largo plazo

no es ni la vaca ni los matarifes, ni siquiera los instrumentos

con los que la descuartizan en infinitas partes,

sino la legión de manos que aguantan sus patas

y alrededor del morro tensan un torniquete bien fuerte

para que no muja y descubra la verdad del crimen.

Si la vaca es la vida, y el carnicero aquél que desde su poder la ejecuta,

lo demás es el instrumento que nunca pierde su forma,

o la torna en nueva silueta, y sobrevive a todo,

incluso florece cuando se le creía muerto.

La vaca se desdibuja dentro de tanta algarabía;

los matarifes enloquecen aunque mantienen la astucia;

y la legión, reproduciéndose como la cola cortada de un lagarto,

se multiplica más allá de los años

para mantener sin respiración y contra el suelo al Hombre Justo,

hasta que se una a ellos o se pegue un tiro.

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(Madrid, 27 de septiembre de 2010)

© 2010 David Lago González

martes, 21 de septiembre de 2010

El otoño se adelanta sobre Madrid

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2 autumn leaves

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Otoño

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Tú, que te deslizas subrepticiamente en este cuerpo,

alevosamente y con nocturnidad, como un ladrón

dispuesto a matar, capaz de todo

por llevarse la chatarra de engañosos cofres

excesivamente valorados.

Tú, que armado de gran soledad

me impones recordar,

me obligas a observar en terco silencio,

más me conduces hacia un río

del cual las aguas escapan buscando ellas mismas la sequía,

te instalas en el corazón de la bellota como una larva

vaciándola silenciosamente,

haciendo de ella la cáscara hueca y aparente

que cualquier pie humilla...

Ah, tú, que me mezclas con la hojarasca.

Tú, que me haces mirar al cielo con el asombro calmoso del lerdo,

que reduces mis pensamientos a líneas que se diluyen

como trozos de hielo en vasos de vodka,

osos blancos saltando entre las ruinas de su imperio;

o haces girar las ideas en peligrosos círculos.

Tú, a quien tengo que callar, propinarte un bofetón,

para que no caigas en la letanía que mueve a risa

o a conmiseración.

Tú, que de pronto no estabas y ahora estás en cada minuto,

en cada objeto que toco, en cada sonido que antes vibraba con brío,

que has ido llegando sin yo darme cuenta,

que siempre has estado,

que siempre has sido lo impensable, lo imposible,

lo que sucede a otros, la traición,

el murmullo de la fila, lo que ya nadie llena,

la mirada que duda, la palabra que no se atreve a vivir...

y cae.

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¡Ay, otoño!

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(Madrid, 17 de diciembre de 2005)

© 2005 David Lago González

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sábado, 11 de septiembre de 2010

Partner in crime

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A man whom I can call a partner in crime.

Because there’s a crime called love,

And it takes two to commit it.

There’s blood in passion,

There are two bodies on the bed

And only one heart beating,

One hand holding The World.

Just only one mouth

saying “I love you”.

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© 2010 David Lago-Gonzalez

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viernes, 3 de septiembre de 2010

Once de septiembre

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Once de septiembre, mi padre muere

escuchando voces de nativos paisanos

que le hablan desde lejos.

Un año antes, el General Pinochet ataca La Moneda

y se viste de rojo sangre.

Desde la silla frente al obrador del comedor,

él extiende los brazos formando un cuadrado

para reposar sobre ellos la cabeza.

La noche púrpura es un leviatán.

Años después, el World Trade Center en Nueva York

se desploma herido de muerte por dos aviones.

Él permanece sentado después de ya partir

y las voces de los nativos siguen hablando

sin que nadie les escuche. El mundo

seguramente sigue su curso.

 

(Madrid, 3 de septiembre de 2010)

© 2010 David Lago González

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Mi padre murió, sentado y solo en el comedor de casa, mientras escuchaba Radio España Internacional.  Tal vez un año antes, o cosa así, había comenzado a sintonizar esa emisora en onda corta, afición que nunca antes le había conocido.

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lunes, 23 de agosto de 2010

Encaje de bolillos

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Caperuza de Camariñas

como corona

cubre la boca de la redoma.

Dentro otra manufactura de sapiencia popular

se hace pardo licor azucarado y subido de tono.

Alambique milenario son las manos

de la buena Maruxa.

Interior de la alegría y bastilla

que acumula en su oscuridad restos secos de heno,

vida vivida y sufrida, polvo de las calizas

que conforman las lindes de todo sueño.

Hay quienes para los que los sueños se resisten

y encuentran sombras donde debía lucir la luz.

Pero la vida se acomoda en el equilibrio de los años.

Encuentra sitio propio, teje

o prepara mejunjes de exquisito paladar.

Ve la televisión. La fuente del patio

rememora la música del agua

que una vez trajeron los árabes hasta estas tierras tan arribas.

Tan arribas que sólo están a un paso del cielo y del mar. Más arriba Camariñas,

pueblos atrapados entre las olas y los riscos,

enriquecidos de contrabando y provocadora naturaleza.

Una soda en la terraza.

En una isla lejana, allá por la década del veinte del pasado siglo,

las muchachitas Fagundo también hacían encaje de bolillos, cuenta ella,

pero la más avezada era la diminuta Bertha. Vida dura

pero más dulce, quizás porque la melaza todo lo disfraza.

Camariñas y yo,

pueblos atrapados entre las olas y los riscos,

enriquecidos de contrabando seductor y provocada naturaleza ya dormida.

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(Madrid, 23 de agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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(De “ A Rapa das Bestas”)

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Hace un rato conversaba digitalmente con un amigo que esta costumbre (mala costumbre) que llevo ya algunos años haciéndola y consiste en estar empezando continuamente libros que luego dejo inconclusos, no es más que un pobre pretexto para tener siempre algo pendiente que terminar.

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sábado, 21 de agosto de 2010

I gaze in your eyes

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I gaze in your eyes,

and to my joy I find

that every fear which used to be near,

has gone, gone from my mind.

Cole Porter

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Algunas veces la felicidad no es ya más una simple sensación

sino algo tangible, visible.

Recuerdo, hace tiempo,

una muchacha hablaba a mi sonrisa como al milagro de una luz

que iluminaba mi rostro, y de paso el suyo.

Acotando los excesos, he pensado

que el amor lleva desde magníficas palabras para el recuerdo

hasta lastimosas consideraciones para olvidar.

Sólo pocos días antes de escribir este pobre reclamo de paz para mi corazón,

yo toqué la gloria de la luz sobre tu almohada. Allí estaba,

como una luciérnaga posada sobre tus labios.

Volaba de ellos a tus ojos y volvía, y volvía a empezar de nuevo.

La funda tenía líneas azules y blancas, como la sábana,

rematada por un borde que imitaba el denim.

Estábamos debajo del mundo en ese mismo instante,

tú debajo de mí. A nada parecía tenerle miedo,

incluso asuntos tan espinosos como la muerte y la vida.

Me asomo a tus ojos, y para regocijo encuentro

Que todos los temores que solían estar cerca

Se han ido, y han volado de mi mente...

Con nada que pensar, ¿cómo podría tropezarme con ellos?

Fantasmas o piedras, qué más da lo que sean.

La luz que hace mil noches di a aquella muchacha

vuelve ahora a mí, verde también, en mi desnudez gratifica la tuya.

En la de ambos se crece.

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(Madrid, noviembre 2004) 

© 2004 David Lago González

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martes, 17 de agosto de 2010

Los años grises y la muerte de los poetas

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Los años grises

y la muerte de los poetas

Los años grises pueden disculparse de mil maneras:

siempre

hay una difusa sombra de luz para el cegado por el sol;

siempre

una tierra bañada por las aguas del pantano salvador

o la campana de una iglesia que bajo su peso ya no tañerá y no nos molestará más;

siempre

existirá alguien que adore el brillo enmudecedor de los sables;

siempre

                 habrá un siempre

                                                    y otro siempre

                                                                                 y otro más.

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Los años grises se pintan de añil y agua de cal

y parece que recobran cierta alegría, cierta vivacidad,

cierto “aquí no pasó nada”, o “el tiempo, el implacable”

también es bienhechor para el olvido y los recuerdos.

Pero la muerte de sus poetas pesará eternamente

sobre las palabras del consuelo y del remiendo:

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los años grises

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no podrán jamás recuperarse de la bala silenciosa

con que para siempre le dieron el verso a Federico y a Miguel;

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los años grises

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no podrán jamás recobrar el vergonzoso olvido

con que suenan las voces de Virgilio y de José;

y a quien quiera santificar lo grisáceo de esos tiempos,

bastará pronunciar solamente estos cuatro nombres

para secar el mar y la distancia y emparentarnos más fuerte

y tristemente que con ancestros, indios muertos y capitanes generales.

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(Madrid, 24 de julio de 2000)

© 2000 David Lago González

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domingo, 15 de agosto de 2010

El centenario de mi madre

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Centenario

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Es tu centenario y yo apenas tengo dos monedas

que no son suficientes para comprar esas flores

de tallo largo y aspecto de lirio,

que tanto perfume esparcen por las habitaciones.

Sé que una vez más te conformarás

al saber que vivo todavía,

y encenderé un cirio durante todo el día

para desearte que hayas llegado al fin

al término de tu viaje

y que el trayecto haya sido tranquilo,

sin grandes sobresaltos.

El mío no lo ha sido tanto

pero ahora estoy bien.

Una suerte de paz reemplaza tímidamente tu presencia.

De cualquier forma, sé que desde el sofá

puedo extender los brazos hacia la mecedora

y volveré a tocar tus rodillas, y sobre ellas tus manos.

 

(Madrid, 15 de agosto de 2010)

© David Lago González

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miércoles, 11 de agosto de 2010

La crisálida rompió

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 (Recycled Life in a Box by Anthony Rojas)

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                                           A mis primos carnales Aida del Sol y Julián Delgado (RIP)

                                                                                                   A mis primos segundos Julian Emilio y Álida

                                                                                                   A Lily

 

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La crisálida rompió,

y la bella mariposa pudo regresar a aquella flor

que en sueño o duermevela presentía como bruma indescifrable.

Volvía más hermosa aún que el fantasma de la memoria, la vieja alada

en cuyo prodigio del vuelo se posó la herrumbre de las malas ideas,

el veneno de los pesticidas que los hombres esparcían sobre ellas.

Para la ocasión, recuerdo que se hizo un cinturón trucado

con cientos de pañuelos multicolores que en torno a su cintura

enardecían la hermosura propia de su delicadeza,

y luego, como en un acto de magia, fue deshaciendo

con la dulzura que le recordábamos, uno a uno

de cada tramo de aquella cincha, para dejar

sobre el cabello de las muchachas sorprendidas

el transparente velo del arcoiris.

Estábamos todos subidos a la cama, abstraídos

por la placidez de aquella voz que había limado las mieles de la huída

y que sabía tan bien disimular el chero del acíbar.

Varias generaciones nos agrupábamos en derredor suyo,

y desde la vejez hasta la infancia nos unía una misma fascinación.

Las orugas eran reales y habían roto en colores luminosos

pese a todas las cochinadas de los libros de instrucción.

A su lado el hombre-mariposa tenía suavemente los ojos cerrados,

y no sé si por ello o por confusión natural entre la alegría y el dolor,

el tono de las voces era moderado, suave, lento.

El recuento de los duros tiempos de la huida y el asentamiento

se convertía en una fábula de sabiduría y paciencia,

y sufrimiento y amor.

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(Madrid, 11 de agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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NOTA DEL BLOGGER Y AUTOR:  En el año 1977, la Revolución comunista de Fidel Castro permitió (por intereses pecunarios y sabrá Dios cuántas más cosas enrevesadas), que los cubanos que habían dejado el país desde incluso antes de ese accidente histórico, volvieran a la isla.  Ésta es una muestra dulce de las consecuencias.

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viernes, 6 de agosto de 2010

la perrita atada al álamo

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3.  La perrita atada al álamo

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Era un hombre mayor, de unos setenta años.

Se ataba el pantalón con una cuerda,

no sé si por promesa o por miseria.

Tenía el pelo blanco, ancho el cuerpo en el centro

y afinadas las piernas, como las jamaicanas.

Casi no hablaba, quizá por dignidad o por vergüenza.

Sus modales eran finos, cosa mala para algunos.

Y él llegaba temprano, a eso de las siete de la mañana;

ataba su perrita sata al álamo del portal y le pasaba la mano para que no ladrara;

luego entraba en la casa y se ponía a limpiarla

desde el fondo hasta la calle, como las putas, para echar lo malo fuera.

A pesar de los años, era rápido.

Le brindábamos café, o chucherías, y nunca aceptaba;

creo que una sola vez se quedó a comer.

Sólo consentía la comida que le traía a su perra.

Sudaba mucho, ya no estaba para cargar

aquellos muebles de caoba, más propios de gladiadores.

Era un hombre mayor, canoso engominado,

y ataba su perrita al álamo frente a la puerta,

la acariciaba y le hablaba como a alguien muy querido.

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(Madrid, 21 de mayo de 2000)

© 2000 David Lago González

(de Tributos, “El ciclo del bienestar”)

martes, 3 de agosto de 2010

felicidad

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Lo imprevisto es la felicidad, o al menos

una buena parte de ella.

Y sucede también que la felicidad es imprevista.

No se la ve venir. No se le oye silbar.

Es como uno de esos últimos asesinos medievales

que pueblan estos harapos de siglos sin control,

y de pronto nos explotan al lado,

en medio de una carcajada o de un dolor.

Felicidad: risa serena cercana a la pena que se aleja.

Cruel también.

Inmisericorde. Pletórica de iniquidad.

Termina arrasando lo que para unos quedaba

como parte de tórrida inercia

cuando para otros se torna en dos recias manos trabadas

para ayudar al salto,

al salto del muro que nos lleve al corral de las gallinas.

Roba los huevos de oro

para acumularlos en la escarcela.

Luego olvida que allí los guardó

y en un bandazo los revienta contra el lomo:

inesperadamente se ha marchado de nuevo.

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(Madrid, 3 de Agosto de 2010)

© 2010 David Lago González

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lunes, 2 de agosto de 2010

Your terse verse…

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Beyond Desire by Harm Erkov

© Harm Erkov, Beyond Desire

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Your terse word denotes the description of the excited man...*

Excited about something as intangible as the imagination,

Waiting for something as harmful as chance.

Longing to love himself again

And by loving the shapeless desire, the world sinks.

As the tragic error, oh horrors,

Desire instills every minute of waiting

To again become a mockery of all adversity.

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© 2010 David Lago-Gonzalez

© Kurt Findensein, translation

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*Roger Salas

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miércoles, 21 de julio de 2010

la multiplicación de los panes y los peces

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Alfred Kubin, Solitude

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Ah, Señor de las Tinieblas Ignotas, dime Tú, si aciertas,

cómo es que, pasado el peligro de la molesta presencia

de aquellos que en vida fueron comprometedora compañía,

esquivado fantasma, saludo negado o respondido

por una fugaz y minúscula señal que resultara inapreciable;

o simplemente un muerto en vida, solitario y apestado;

al cabo de los años de perdón que la muerte otorga,

cuando el riesgo de la sangre es sólo cenizas,

comiencen por doquier a aparecer los peces multiplicados de la amistad

y se escancie con profusión el vino ―como en las bodas de Canáh― de las íntimas (confidencias.

"Yo, que le acompañé como una sombra en las últimas semanas..."

"Yo, que estuve a su lado" ―nunca se precisa de qué lado― "en los momentos (difíciles..."

"Yo, que le sostuve de la mano cuando le dieron la mala noticia..."

"Yo, yo mismo, que le cerré los ojos..."

"Yo, que me senté en sus rodillas..."

“Yo, que dormí en su moisés...”

"Yo, que nunca le negué, por más que el gallo cantara..."

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Ah, Señor de las Tinieblas Ignotas, dime Tú, si aciertas,

cómo la cálida y entregada amistad no les llevó también

a ser sombra y silencio,

                                          párpados yertos,

                                                                        temblona rodilla del pánico,

muerte,

                    muerte,

                                       y muerte.

Pregúntale a Virgilio y a Lezama y a tantos otros

si estos apacibles tiburones de la carne resucitada

fueron en verdad aquellos panes y peces

que salvaron del hambre a los cinco mil en la ribera del Tiberíades.

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(Madrid, 22 de octubre de 1999)

© 1999 David Lago González

A Coruña

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(A Coruña – Gaviotas)

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El graznido de la gaviota

No es un canto que denote mucha alegría.

Al menos eso me parece a mí.

Es como una conversación

Mantenida en un dialecto que no entiendo pero me gusta.

No se qué hablan, si se insultan o cortésmente se saludan,

Pero adoro que vuelen allá arriba sobre mi cabeza,

Y de pronto inunden mis oídos

Como si el agua del mar bajara volando del cielo,

Como si una ola reventara contra el paredón de mi silencio.

De A Coruña quiero resguardar en mi baúl

Este sonido de mar inverso,

La mística de A Praxa de Azcárraga, las copas entrecruzadas

De los magnolios inmensos,

Y esa flor que hoy ya es ocre resto

De la magnolia deslumbrante

Que un par de días atrás retuve en mi universo.

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(A Coruña, Praxa da Azcárraga, magnolia)

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(Praxa de Azcárraga, A Coruña, 12 de julio de 2010)

© David Lago González 2010

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sin título

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Antonin Soungouroff. Russia, 1894-1982.tumblr_kwjfi1dWus1qawuo0o1_1280

© Antonin Soungouroff (Russia, 1894-1982)

 

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tu lacónico denota la descripción del hombre ilusionado...*

ilusionado por algo tan intangible como la imaginación,

expectante por algo tan hiriente como el azar.

Anhelando amarse de nuevo

mientras se hunde el mundo al amar el informe deseo,

y el trágico error, horror,

de que el afán que pone en cada minuto de espera

sea una vez más una burla de lo adverso.

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(Madrid, 21 de julio de 2010)

© David Lago González

 

*Roger Salas

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martes, 13 de julio de 2010

A Coruña

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(A Coruña – Gaviotas)

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El graznido de la gaviota

No es un canto que denote mucha alegría.

Al menos eso me parece a mí.

Es como una conversación

Mantenida en un dialecto que no entiendo pero me gusta.

No se qué hablan, si se insultan o cortésmente se saludan,

Pero adoro que vuelen allá arriba sobre mi cabeza,

Y de pronto inunden mis oídos

Como si el agua del mar bajara volando del cielo,

Como si una ola reventara contra el paredón de mi silencio.

De A Coruña quiero resguardar en mi baúl

Este sonido de mar inverso,

La mística de A Praxa de Azcárraga, las copas entrecruzadas

De los magnolios inmensos,

Y esa flor que hoy ya es ocre resto

De la magnolia deslumbrante

Que un par de días atrás retuve en mi universo.

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(A Coruña, Praxa da Azcárraga, magnolia)

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(Praxa de Azcárraga, A Coruña, 12 de julio de 2010)

© David Lago González 2010

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lunes, 5 de julio de 2010

Viaje a la semilla

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Picture taken somewhere in the periphery of the Russian Empire. Early 20th century.(Picture taken somewhere in the periphery of the Russian Empire. Early 20th century.)

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Regreso a la casa del padre (por una semana).

Fique com Deus.

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viernes, 2 de julio de 2010

PÁNICO

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Robert and Shana Parkeharrison - da Vinci’s Wings - from The Architect’s Brother© Robert and Shana Parkeharrison - da Vinci’s Wings (from The Architect’s Brother)

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Estamos todos en la misma carrera

alcanzando el mismo umbral a un mismo tiempo,

como una masa compacta de obreros aguerridos, o no, pamplinas,

admitámoslo de una vez: como una miríada de ovejas

desesperadamente empujadas contra las rejas del matadero,

con sus ojos espantados buscando en el vacío del reojo

un destello de la luz de Dios, o de Ribera o de Johannes Vermees,

algo divino o humano, pero inusual,

algo que nos aplaque, que nos deje como un libro abierto

descansando sobre la esquina de la mesa,

encerrando la remota esperanza de ser leído el próximo verano,

cuando retornen el bochorno y la limonada.

La ironía de esta competición es ser el último el ganador,

pobre consuelo para quien verdaderamente nunca añade sino merma,

pues el resultado tiene en la tragedia el signo menos,

cuando menos, en la quietud de la resignación

la indiferencia es el mayor triunfo: el basto fornido como brazo de atleta,

el resplandor del oro que a tanto nos compra tanto nos vende,

la altitud de la copa que nos tienta cuanto más su insolencia

como las memorias de nuestra juventud, la resolución

definitiva y san-se-acabó de la azul espada.

La retirada de Antonio fue el replegarse de la defensa

a las líneas disolutas y lamentables de la retaguardia,

la soldadesca ebria, relajada por la derrota, bajo la sombra agujereada del escudo.

Ah, Antonio querido, nunca podrías imaginar

cuántas veces me salvaste de caer de la maltrecha y vieja escalera,

cuántas veces diste la luz por mí, cuántas me alimentaste en la mesa,

y cuántas diste razón a las vastas e inmensas sábanas.

Huyó la realidad a sus ensueños,

huyó el año al mes,

la semana al día, y éste al minuto que nos quiere regalar el siguiente:

una hoja en otoño tiene mejores noches, sorpresas más alegres.

Y si te enamoras de Anderson, de Jaime, de Alexandro, de Borja,

de cómo-se-llame o cómo-venga, venga-de-dónde-venga;

si quieres que tu novia sea la espuma del algodón que se relame en el perfume;

será sólo de ti tu amor tu propio pánico, el pálpito de un umbral

desierto, cinta patética que tu pecho raja

pues vencida estaba y ganada la competencia te convierte en perdedor.

¿Tragedia?: ¡masacre!

Te revuelves colérico contra el otro corredor

porque en él ves el signo de la fatiga que en tu espejo se pierde tras la arista.

© 2007 David Lago González

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Dedicado póstumamente a mi amigo Oscar (1950-2009)

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Encontré anoche este mensaje formando parte del cuerpo de un mensaje personal dirigido en abril del 2007 a mi amigo Oscar León.  No estoy seguro ahora mismo si lo tengo archivado en alguna otra parte.  De paso, me parece muy apropiado para celebrar el Día del Orgullo Gay.

miércoles, 30 de junio de 2010

elogio del viajero

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Joao Ruas - NYNHM, 2010 ©  Joao Ruas

 

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El hecho es que cuando la verdad no es suficiente

exageramos. Las proporciones

importan. Es difícil calcularlas bien.

No debe haber nada

superfluo, nada que no sea elegante

ni nada que lo sea si no es más que eso

Charles Tomlinson

 

 

Estoy muerto y soy un viajero.

Pero me detengo en el punto exacto entre la sombra y la ilusión del que se tuvo y se perdió en esa carne trémula que anhelaba un colérico atardecer de leones encerrados tras coches mal aparcados y sombras de lentes misteriosas.

Inolvidable, eso quiero, y sobre los precipitados oasis de Judea o sobre las desbordantes arenas de Malacos por igual me detengo, ideando un cuerpo donde acomodar la espesa niebla que baja como una paloma a comer en nuestras manos volutas de almidón, papelitos deshechos por el rugir silencioso de los años, la tierra abierta y temblorosa devorando las historias que nos inventamos mezclando la alquimia con la plausible belleza del sueño en instantes sin fecha ni días ni horas, sólo vagos instantes recordados al azar y como sin importancia, sólo trazos imprecisos que la memoria luego puntualiza y ocupan el hueco de la noche sola que nos disgusta tanto.

Adherido a las carnes que visité tantas veces como penetrando por las puertas del hogar, los regalos ocultándome el rostro como al rey del petulante encanto de la nieve y las alegres y brillantes envolturas estallando con sorpresa incontenida, voy surgiendo de cajas entreabiertas lentamente mientras recorto mi silueta como un fantasma que arrastra un pie tras otro y con una palmada acallada por sus manos enguantadas de blanco brinda al aire con una copa de cristal soplado por ese mismo aire sin sombra ni canción.

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Estoy muerto

y soy un perfeccionista al que le estalla el corazón como en una guerra el ojo del especialista es el que se atasca de sangre y no la precisión de la herida que detrás del biombo horada el caparazón del cuerpo.

Nuestros ojos abren el abismo, palpan los límites en que dos cuerpos dejan de ser uno cobrando forma el horror de una estancia tan pequeña que la mirada recorre en apenas un segundo infernal que tiene ante sí la distancia sin fin de los siglos. Con estos ojos descubrimos que la vida es una conjura para perder el temor a los fantasmas. A través de estos ojos armamos el amor. Con estos ojos viajamos desde Estambul a Toledo, donde los hombres cierran sus párpados para encerrar su amor bajo el declive del ocaso.

Ay, Dios, con estos ojos no fui yo, sino fui tú,

fui el chisporroteo del guerrero sobre la cáscara de la piña, fui el que se extiende como una manta para acallar la marea de la noche; fui todo, dejé de ser nada; hinqué la carne de una aceituna con el diente de una estrella y me hice a la mar, como el velero dentro de una botella, tras un cristal de infinita perspectiva, tan próximo a la Nada que nada advertía del paso entre la viva sombra y la sombra errante que cruza el corazón como un relámpago calando sus carnes con unas pocas gotas de eterno acíbar.

Poco basta para subirse a unas alas y alejarse, sin ruido ni motores, viendo los labios que se mueven sin sonido, las paletadas que no hieren porque la tierra es muda, y estamos lejos, muy lejos y tan cerca, y sin abandonar nos abandonamos, como si nuestros brazos no tuvieran sangre, sólo nubes que nos recorren el cuerpo por dentro y fuera, sólo aire, y ganamos una presencia que nunca tuvimos porque al mismo tiempo atravesamos unos ojos o nos acomodamos en una mano o quebramos un pecho, el pecho donde muchas veces dejamos caer la cabeza.

Sabía de la muerte y la temía; no quería verla, quería para siempre ser Aguirre y arrastrar la nave a través de las montañas.

No quería preparar los testamentos, quemar las fotos, deshacer la historia de mi vida.

Mi abuelo fue el barbero de Alfonso XIII, tuvo su nuca entre sus manos.

Mi abuela huyó a Burdeos al empezar la guerra, ambos en un tren de mercancías, con esos pequeños respiraderos en lo alto de los vagones a donde sólo llegan los adultos, y yo entonces era un niño que inventaba historias porque la realidad era tan pobre, tan misérrima, tan poca cosa como el hambre o tener una novia al final de alguna calle. Enterró las joyas y los valores en el cortijo de Andalucía y los dineros en las columnas huecas de las camas, y yo reunía los diez céntimos con que comprarme una bola de cristal que imitara la nieve para cuando llegase el verano y nada existe.

Yo la veía venir,

la sentía llevándome ella de las piernas, haciéndome dar tumbos contra los contenes, haciéndome confundir en la distancia un rostro cualquiera con tu sombra, y la sombra al acercarse se convertía en un antílope que escapaba por el boulevard como el perro cuyo dueño deja libre para que eche una meada o huela una brizna de hierba.

Más fieles en el alma que en la carne, en las noches fuimos los gendarmes de Israel,

guardamos las puertas de Jerusalén, las bisagras de Toledo, arrastramos la historia hasta el punto en que coincidíamos al yo querer inventarla y tú querer escucharla.

Ambos sabíamos en el fondo que el pasado era humo; que la tallada familia a golpe de sueño y desvelo no eran las tres hermanas de la Cenicienta con sus ralas ambiciones y sus pobres realidades, como el hambre, o tener una novia al final de alguna calle.

La tía Cecile se asomaba al balcón insinuándose en el recuerdo, irrumpiendo en el espacio abierto como el confeti espolvoreado sobre el desfile, jugando en la brisa que les lanza por manos invisibles para que las sílabas de su nombre no rocen el suelo. Cecille, Cecille... Ese suave nombre que suena a secreto y golosina, que suena a fantasma cuya carne por carencia se hizo murmullo de la tarde, mano que en la siesta mide la fiebre sobre la frente, toma el pulso con sólo alargar el oído, armoniza el pálpito del corazón que transita su sueño pesado queriendo traspasar con cada mirada la sabiduría que acumuló del mundo, que es inútil y lo sabe, pero quiere ser provechosa y protectora y se repite e insiste como la abeja que se empecina en libar aquella flor y sólo aquella flor que nunca tuvo y soñó.

Allá vamos ―dijo― fuera del sueño de los tibios: a las aguas rizadas y salvajes.

Yo escogí la flor que quise libar.

Yo escogí las aguas para que a mi sueño se abrieran y le dejaran transitar con pie bíblico, anterior a Jesucristo y descendiente de Abraham.

Yo les escogí por ser grandes, por ser los primeros, los elegidos,

como reuní mis días y mis noches en Casablanca y Argel, y en Nueva York y en Burdeos y en Hamburgo, desde mi celda oscura de monasterio solitario y pobre, como una novia al final de alguna calle.

Pero yo la presentía,

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cuando una fuerza como la cuerda de un cadalso me tiraba hacia atrás y ya las flores me desinteresaban o la soledad o la compañía y la noche eran una mente desierta como el Sahara con algún berebere cruzando solo las dunas, aterido de frío y presintiendo que la mañana no le llegaba a tiempo para ver el sol y oler la flor y evitar la soledad con la compañía de alguna conversación trivial de cafetería o tu llamada puntual a media mañana como la oliva del aperitivo.

Y yo la temía.

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Todo el coraje de crearme la vida con la acumulación de las sombras propias y las que pasaban alrededor hasta convertirlas en una gran encina, quedaba reducido a un hilo, a un dedo trémulo que la señalaba y la veía cómo se acercaba sin yo poder evitarla: yo, con mi tía Cecille asomada al balcón,

y mi abuela judía con su sabio consejo de papel biblia,

y mis padres entre el fandango de los bailaores,

y mis hermanas con sus novios gordos y de domingos cruzando manitas bajo los árboles del jardín de Arturo Soria, donde la casona se alzaba de la nada para que mi abuela y yo cruzáramos Madrid desde la Plaza Mayor y dejáramos atrás la Plaza de Ventas, la calle de Alcalá ―cruel parte de la realidad― y nos adentráramos en las nubes del elegante e incipiente barrio donde mis sueños iban aumentando su tamaño, doblando mi estatura.

Yo sabía. Pero prepararme era admitirla.

Ordenar las escrituras,

quemar las fotos de familia para que no terminaran en los puestos agitanados de la Ribera de Curtidores; destinar la vida después de la muerte, los libros, las esmeraldas del collar, los cuadros,

entregar los recuerdos,

vender lo superfluo,

salvar lo invencible,

significaba verla, y yo, como Lorca, no quería ver la sangre de Ignacio sobre la arena. Mi nombre era Ignacio, mi nombre era Ángel, mi nombre era David; mi nombre es el nombre de todos los nombres de la muerte.

Llega un día en que todo pierde su valor, o te sobrepasa, porque ese valor que diste a las cosas, a tu vida imaginaria, a tu vida real, a tus sueños y tus anhelos no realizados, a lo que te hizo feliz y por lo cual sufriste, a los que amaste y a los que te amaron, a los que te entregaste y los que se entregaron a ti, con los que compartiste las noches y los días y las ausencias y el pensamiento lejano queriendo trenzar un lazo para anudar la felicidad:

todo ese valor es el peso de la muerte.

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Y la muerte llegó al mediodía cuando tú no estabas

y todo lo que me rodeaba era la realidad, la odiada realidad.

La muerte se llevó mi mundo ideado para ser feliz y me dejó tan solo, tan pobre, tan inerme, tan misérrimo como tener una novia al final de alguna calle.

No te dejaron quemar las fotos, como era mi deseo, y hoy serán el único testigo de que,

entre dos vidas,

          una se escoge

                           y la otra te atrapa y te despedaza vivo,

                                                                   como un tigre al antílope indefenso.

Untitled (Crowd 3), from “City of Shadows” — Alexey Titarenko, undated© Alexey Titarenko - Untitled (Crowd 3), from “City of Shadows”, undated

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© 1997 David Lago González

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lunes, 21 de junio de 2010

de repente

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How Molecules Are Measured pendant by Keith Lo Bue( How Molecules Are Measured pendant by Keith Lo Bue)

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DE REPENTE todo se relativiza,

y la mañana es una ola inmóvil

que se viene abajo como un edificio dinamitado;

como una palabra que se corta, silenciosa, bajo una mirada fría.

De repente, el día que fue ayer

ya no es la trama de la historia que debemos continuar

sino un recuerdo que termina mal,

que se enreda y trastabilla como un pantalón a medio subir

cuando llaman a la puerta.

De repente, el otoño es invierno

y los árboles se desnudan, fríos como una verja.

Tus manos definitivamente se adelantan a la lluvia

y su humedad mancha las barras de los bares,

los manteles de las mesas donde comes,

como culos de heladas botellas.

Y en esos terribles momentos cierras los ojos y rezas como un niño,

o le preguntas a Dios cosas muy tontas,

y quisieras empezar de nuevo, de repente, a vivir otra historia.

 

1996. 7 de enero.

© 1996 David Lago González

domingo, 13 de junio de 2010

canciones rusas al anochecer

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© Desiree Dolron

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a Roger Salas

 

 

De nuevo frente a mi balcón entona la cantante rusa

la nostalgia de su tierra.

Ahora mismo modula la tristeza de la noche moscovita

como si los bárbaros que pasan por su lado

pudieran realmente apreciar el alma de Chejov.

Me destroza por dentro y por fuera, me vuelve un ovillo,

como hacían aquellos ciempiés inofensivos que pululaban por el cantero de casa

y al tocarlos, se recogían en si mismos, encaracolándose.

Despedían un fuerte olor que quedaba pegado a los dedos.

Continúa su repertorio en un giro hacia Una Paloma,

convirtiéndola en otra tonada que penetra como un rostro ya muerto.

La tarde, casi noche, le es propicia a esta mujer regordeta

que armoniza a capela con su voz de mezzo

algo muy lejano que yo no puedo precisar,

tal vez no se trata del pasado, sino que atiende al futuro,

a un futuro que nunca tendremos ya jamás.

¿Por qué ha escogido esta calle donde vivo?

Por aquí sólo pululan vulgares mercaderes de Xin Huang

o autóctonos de los bares del Madrid profundo lleno de colillas y carajillos;

alguna drogata desorbitada que se caga en sus muertos;

un chaval neo-anarquista y anti-sistema que creerá en la CCCP

y su resurrección, o un trozo de ébano africano cubierto por una larga túnica

que la mira con recelo.

Pero no hay rusos blancos ni nobles arruinados en los casinos

cazando una fortuna que no llega.

El samovar no levanta y exhala el humillo por el picacho.

Ajmatova ya ha muerto. Ossip Mandelstam sigue escondido en el sótano

por si los bolcheviques tornan de nuevo. Y Tatiana Tolstoi ya se cansó

de cuidar en vano la dacha de su padre. Todo el futuro está perdido.

Y esta tarde-noche los poetas anónimos del larguerá de Vorkutá

me envían a esta mujer para advertirme.

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(Madrid, 13 de junio de 2010)

© 2010 David Lago González

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SombRAS CHINESCAS

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yo me he quedado fuera del prodigio

Dulce María Loynaz

 

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Dos manchas de sangre atadas a un espectro que yerra y se escapa,

lentamente se posan sobre la cabeza haciendo parpadear la luz de la linterna.

Vienen con un lenguaje chinesco, como de mimo que se quiebra,

y omiten un universo escondiendo su pañuelo tras la cara oculta de la luna,

la que no habla, la que se esconde,

de la que no se sabe si de ella parten los galeones

a depositar sus tesoros en el fondo del mar.

Persíguela ―te digo―, no la dejes escapar,

y regresa con el agua que habla sin detenerse entre las piedras,

sin enredarse en las zarzas de un prodigio que nos omite y abandona,

y no estas gotas mudas, encerradas en tan precarias vasijas

que dejan más sed que ser perseguido por ejércitos de arena.

Desierto, vaciado el costado de tu memoria,

te deja exhausta, buscas las naves que han ardido en la batalla

y contra la pared haces tristes gestos con los dedos.

Una tijera que corta el aire. El ánade que mudo

se vuelve contra tu boca y quiere preguntar con un idioma nuevo.

Una cueva es la redondez rotunda de una o.

Una mano como un cuchillo que corta una cebolla.

Buscar y buscar, buscar y no encontrar.

Qué pensarás de esta noche oscura, sabrás que estoy a tu lado

diciéndote "Persíguela, no cejes, no la dejes escapar con tus palabras.

Esa alevilla inoportuna te lleva sobre sus alas,

por sobre tu cabeza remonta el vuelo

con sus dos manchas de una sangre que no corre,

de un agua que se hiela. Por Dios, haz que tus dibujos manuales

sobre la pared sean una puerta que te devuelve al día.". Ahora duerme, y descansa.

La luz de la mañana borrará las sombras chinescas que la oscuridad pone ante tus ojos

y hará correr el agua por los cauces de tu presencia.

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(Madrid, Abril 26, 1992)

© 1992 David Lago González

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