viernes, 28 de noviembre de 2008

4 C - Raquel

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Raquel

tiene la voz del profundo horizonte

que se derrama allá en esa barrera entre lo incógnito y la mirada.

Suave y dulce como el menudo cuerpo de la rama frágil

que esconde su fuerza en la sonrisa.

Debe ser muy fácil amar a esta muchacha

y Pepe quizás sea uno de los pocos hombres tan dichosos como yo

por tener un ángel al otro lado de su cama,

o en la cocina preparando un café, tan poco celestial.

No hace milagros,

no concede ni un día más del que se tenga marcado,

pero –ah, amigo– si te sonríe,

puedes rozar el sol remolón del trópico

que, al nacer, en el ocaso lánguido

se recrea tanto como Narciso sobre las tranquilas aguas.

Raquel

halla mis venas como la levedad de una mariposa

que al tacto encuentra el néctar en el silencio de un convento.

Y sangra de la rosa la espina ponzoñosa,

del dedo el gavilán de la uña que clava en la carne

el filoso dardo de la muerte.

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(marzo 13, 2007)

© 2007 David Lago González

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4 C - Las duchas

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El cuerpo estragado

–incluso en su “delgadez extrema”, como cantaba Pablito–

se acomoda con dificultad al apaisado erguido del plato de aseo.

Cada mañana mi cautela es gigantesca,

también esa contorsión involuntaria de la paranoia

que me hace dudar entre la sorpresa del agua o del éter macabro

que saldrá por los orificios del surtidor.

Algún junkie olvidó el porro sobre el alto murete

que separa los dos manantiales de la muerte.

¿Por qué he tenido que llevar mi mano hasta tan alto,

como si levantara el puño cerrado en una señal de airada doctrina?

Ah sí, para no escurrirme sobre la intempestiva basura inconveniente.

Junk, junkies,

el agua lo limpia todo,

lo arrastra hacia la oscura cuenca del desaguadero.

Pero de nuevo revierte el miedo

a revivir ese vaho irreversible:

estamos en guerra, los gusanos al exterminio,

todos marcados en el brazo y dentro de los ojos

para ser nuestros propios espejos, es un castigo;

apenas hay espacio para la toalla y los torpes huesos,

el uniforme azul es una humillación,

y la verdadera historia de una vida es la historia de sus humillaciones.*

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(marzo 16, 2007)

*Vijay Seshadry

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© 2007 David Lago González

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4 C - Florence Nightingale

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Para cerrar aquella noche vergonzosa,

un ángel me arropó.

Me dio un beso en la mejilla

y me deseó mejores sueños, sosiego a mi desconcierto.

La infamia me había llevado a desnudarme bajo la luna,

correr por las tinieblas manchando de barros y malas hierbas mi cuerpo,

y aquel ángel me limpió en silencio,

con tanto respeto y dignidad como los que yo había perdido.

Vestía de blanco, era la más hermosa de todas,

pequeña como una dama de noche gaditana.

Severa las más, pero, las veces que cedía,

su rostro se iluminaba con una sonrisa

como liberando la rigidez de una autoridad que asumía por regla.

Aquella noche su beso me sorprendió.

No recuerdo si dormí mejor o peor,

pero gracias a ella estoy escribiendo este poema

en otra noche en la que estoy demasiado cansado

para arroparme yo solo.

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( junio 1, 2006)

© 2006 David Lago González

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4 C - Obsesión por un icono roto

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La atracción de la provocación con su belleza espanta por igual

a las moscas y a las mariposas.

La provocación de un perfil que se desliza con la brusquedad

de una roca de desconocido pasado sobre los prados de Stonehenge.

Esa combinación antagónica imana de tu rostro,

atrayendo el metal pesado de los perdedores de buena cepa

y marca registrada. Sobre esa piel se desliza

quien asume la pasión como una riña de gallos,

sangre, saliva, buches de ron a la cabeza, las espuelas

como las alas afiladas del corazón,

o las aristas cortantes de la lengua.

Tú no abres la puerta,

y yo no saco el pie que impide que la cierres.

Estás desesperado, te apoyas en vanas palabras

para descargar la sombra que te cubre.

Estás tan exasperado,

estás trágicamente muerto de miedo;

ya ni siquiera mañana podrás concluir alguna vez.

Lo niegas todo: el mal no existe,

sólo Baudalaire lo bebió de sus flores.

Las broncas facciones transportan el salvajismo de la hermosura.

Quien venza todos los obstáculos seguramente rozará

el oro líquido de tus labios, la caricia del agua

que de tus manos podría manar

para mitigar la impotencia ante lo irremediable.

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(abril 7, 2007)

© 2007 David Lago González

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4 C - That crazy little thing called…

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Esa pequeña cosa loca que todos llaman...

por nombre tan poco poético

pero tan imperativo y contradictorio

porque día a día te quita la vida y la devuelve

en un drama que comienza siendo macabro

y luego se enquista en el rincón lúdico

de este garito donde habitamos los malditos.

Toda la dulce verdad que tienen mis dolores...”

dice la canción que canta una mujer que ya partió,

estos dolores

que se han hecho en la noche hermosa y sorprendente,

siempre sorprendiéndonos

siempre maravillándonos

con la vuelta de la tuerca y la pompa del barranco

y el sol de la madrugada

siempre nuevo

siempre el mismo

siempre asombrándonos

cuando, sentado en el desaguadero, a un palmo del placer y de la muerte

tú estás y ya te has ido

y yo nunca he estado.

Bello, bello misterio

de tu carne entrando en la mía,

mi sangre inundando tu silencio

tu loco rumor sin nombre.

La obsesión por retomarte desde menos de cero, estación gélida,

es prueba de fuerza

prueba de amor, la inercia existe

más fuerte que la muerte

menos doloroso que el propio dolor

más dulce que la verdad

porque todo se confunde en esta hora

para qué precisar, la precisión

es una imposición de los poderes fácticos,

tú estás y ya te has ido

y yo nunca he estado.

¿Te basta?

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(11 de agosto de 2007)

© 2007 David Lago González

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4 C - Imprecisión, algo así

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No sé, hay cosas que no puedo detallar.

Cuando más, acercarme a decir “algo como...”, “parecía como...”

Sólo sé que venía por la derecha.

No era precisamente una luz. O sí.

Un resplandor que yo veía entremezclado al resto de las cosas normales.

Algo así como un retrato de la velocidad de la luz...

pero ni avanzaba ni retrocedía: estaba allí, simplemente.

Estuvo conmigo los tres o cuatro primeros días;

después me di cuenta que había desaparecido,

algo así como “volado”.

Mas días pasados, volvió a aparecer. Puño de luz.

Era como un puño de luz dando un solo y continuado golpetazo

a los ojos cerrados. O ¿tal vez los ojos se asomaban a tus ojos,

con la curiosidad de una ventana

que tiene un rumor a lo lejos,

sofocado por otros ruidos

menos atractivos pero más cercanos?

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¿Me llamabas, madre?

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© 2006 David Lago González

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4 C - El largo proceso hacia la curación (Side effects)

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El largo proceso hacia la curación

(Side effects)

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a Pepe

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Legiones que deambulan sobre la explanada abierta del cuerpo,

pisadas, pies tan pronto al norte como al sur,

resbalan al este, hincan al oeste sus espuelas sin caballo.

Huyen hacia Egipto, huyen de Palestina la inhóspita.

También los he visto en los campos aledaños a Tirana,

paso sin mirada, mirada sin paisaje, paisaje sin lejanía.

De pronto, alguno corre hacia el cuello,

se sumerge en esa línea tan propensa al beso

y a la rendición grotesca de las fuerzas del comportamiento,

y aparece en el antebrazo para dejar un pellizcazo

bajo la correa del reloj que sigue, indiferente, con su obsesión por el tiempo.

Sutiles legiones delicadas, numerosas

sandalias que pisan la era,

aplastan la uva a la vieja usanza gallega,

la uva de la vida que en el cuerpo bullía,

mostos, caldos, alambiques

que acompañan el proceso de curación.

¿Vendrá buena la cosecha?

¿Qué grado de acidez tendrá este vino?

¿Valdrá la pena?

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(30 de julio de 2007)

© 2007 David Lago González

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jueves, 27 de noviembre de 2008

4 C

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¡Viviste todas las pasiones de la vida!*

La pasión de la muerte, la pasión del aliento.

La pasión de sentir cómo la luz del sol, a través del alto manto de las sequoias

se filtraba hasta el liquen que en tu sueño agónico dormía

y añadía más capas a la cebolla; cómo luego el bulbo reventaba

mudado en flores y hongos y perezosas orugas

y febriles hormigas que arrastraban el tesoro a su cueva,

a la cueva de nunca jamás.

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(c) 2008 David Lago González

*Lesley Blanch

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4 C - Tarde em Itapoã

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É bom pasar a tarde em Itapoã

Vinicius de Moraes

(como lo canta Maria Bethânia)

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No he estado nunca en Itapoã,

no he pasado esa tarde exquisita de la que hablan los versos,

pero, habiendo vivido tantos años enjaulado,

tengo experiencia en esos fortuitos ejercicios de la mente

que algunos llaman “imaginación”, otros más osados “sueños”

y algunos mucho más estúpidos se obstinan en llamar “ideales”.

Itapoã;

dígase i, ta, pú acentuada levemente,

y suavizando aún más la dura lengua española hasta el desquicie total,

cierre el nombre con una a liberada sobre la que caiga

todo el peso de los ciegos ojos que ven más allá de la “janela”

el cálido escondite abierto del portugués errante

que como agua de mar acaricia el corazón con su espuma sin forma definida,

nunca más definitiva.

Tómese un respiro para saltar del “pú” a la “a”

hasta que boca y mirada se extienden en un “¡ah!”

¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

y se hace la tarde en Itapoã: el sol burla el cristal de la ventana,

el cristal tramposo que no se abre del todo

para que a nadie se le ocurra ir a buscar una tarde en Itapoã.

El sonido del agua invade la habitación,

la cárcel de las paredes, la cárcel de mi cuerpo,

la cárcel de la mentira, la prisión de la ilusión,

y nunca más escucharán mis oídos

el timbre irritante de esa aguja blanca

que me repite como a un niño tonto “mañana te pondrás bueno”,

cuando ni siquiera entonces fui tan inocente.

Es bueno pasar una tarde aquí, el sol

es un sedativo que también nubla la vista,

“ensoñece” por igual distancia y cercanía.

Busca un lugareño que escale la palmera, uno que sepa bien

encontrar lo siempre dispuesto entre lo verde

y descubra por el retumbar hueco de la esfera,

el misterio del agua que nadie sabe de dónde llega.

Da cinco machetazos a la boca del coco, tú que tienes fuerza,

y dámelo en las manos para yo alzarlo por encima de mi cabeza

y como de un cántaro dejar caer sobre la mía

ese agua lechosa que me regala Dios.

Te toca a ti, Antonio; o cuando mucho, a ti, Sergio;

el primero y el último que sobresalen de la arena de Itapoã

caminando hacia atrás, hacia el que fui,

hacia el que fui y el que soy

en esta tarde exquisita de Itapoã.

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(Madrid, 20 de abril de 2008)

© 2008 David Lago González

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4 C - 4 C

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Como en cualquier otro círculo cerrado,

en estas galerías y cubículos

la imitación de la vida dispone el azar del solitario.

Saluda todas las mañanas con un “buenos días” formal y patético,

y víctima y homicida están convocados

en la punta de una aguja,

como la belleza y el espanto en un huso emponzoñado.

Cada mañana entre diez y once, la camarilla de las Makarenko

pasa revista a la observancia de sus preceptos: como en cualquier estado de sitio,

no se permiten ideas propias ni palabras que provengan del corazón.

“Cada uno deja lo que tiene”, dijo una muy fina, con cara de arpía,

refiriéndose a ciertos pudores que salen al exterior irreflexivamente.

Cada uno deja el recuerdo de lo que es,

cada uno deja el pálpito de lo que siente,

cada uno deja la delicada burla de sí mismo en su sonrisa,

en las frases que dice y omite, en los golpes que esquiva,

en las humillaciones que simula,

en el silencio con que cubre la mala sinceridad.

Hay buena y mala sinceridad, las arpías lo saben bien.

También lo saben algunos ángeles buenos.

Malvada transparencia fue la de la limpiadora

en cuyas arrugas deformadas por la contracción del enojo

se leyeron unas líneas dedicadas al demonio

para que de mí hiciera uso, o abuso, cualquier cosa,

a pesar de mis excusas por la sangre que me envenena.

Nunca podré olvidar que la mujer parecía pronta a la huelga

y habría matado si un esquirol se hubiera cruzado en su camino.

La 4 C se debate entre la caridad y la repulsión,

entre la rutina y la sonrisa amable,

entre el dictamen rígido y el juego al escondite

antes de que pasen los monarcas que no deben ver súbditos enfermos.

La cama –jergón para el descanso o lecho de muerte— rueda

por el pasillo como un patinete en busca del espacio vacío detrás de la puerta.

Aquí la presencia también es importante:

el salón debe estar ordenado,

la mesa con el mantel bordado que conjugó mi madre

siguiendo el patrón de La Familia.

Aunque la apariencia no impide

que, con una ligera discreción y el párpado entornado,

el espíritu se anime con resinas pestilentes

o una delicada nieve sobre los hombros de quien pasa siempre alegre

y habla sin cesar del fin del mundo y de su primer recuerdo

enhebrando hilo, aguja, un botón de nácar y una chapa con dos ojetes.

La voz quemada del aluminio en su fina hoja de papel

muestra un pedacito del infierno, cierta luz del paraíso,

y un patio trasero lleno de cacharros y flores muertas.

Aquí se llega para vivir o morir,

y en los festivos días del desentendimiento,

cuando la pradera se anima con las voces de los niños,

mandan las sombras fuera, a deambular entre el basurero

y las hojas que se arrastran por el suelo de los parques

cuando el otoño llega corazón adentro.

La tarea consiste en distinguir los colores primarios y los tonos,

y aprender de la serenidad con que pasan de unos a otros.

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(Madrid, 20 de mayo de 2008)

© 2008 David Lago González

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4 C - Testamento

A ti te voy a dejar las tierras

que el aire borró de los ojos de mi padre;

y la matanza del puerco en el patio trasero,

entre el limonero y el guayabo, aquel pánico en sus ojos

al negro matarife, fauno asesino de los pantanos de la Nueva Orleans;

también el cacharro donde mi madre recogía la sangre para después freírla.

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A ti te voy a dejar los puentes de Babilonia,

deshechos por la guerra y reconstruidos en la memoria del misterio.

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A ti te dejo el sueño que me despertó una mañana.

Yo regresaba a mi pueblo natal

y alguien me dejaba en su coche a la entrada del barrio.

A la izquierda un muro blanco, rugoso y chapucero

sustituía lo que originalmente dejé y no recuerdo.

Yo comenzaba a caminar al lado de esa tapia rechinante de sol,

escandalosa en su blancura,

marcando una raya negra a todo lo largo.

Luego me adentraba por la línea del tren, el campito,

los cometas y papalotes colgando desde el cielo

cual cuervos deshilachados,

y traviesa a traviesa,

hasta llegar a un hermoso lugar, algo como un lago artificial

rematado en playa sobre grava gruesa, cantos, piedras de río.

Comenzaba a entrar en el agua,

y entonces me daba cuenta que aquella era la poceta

a la que siendo niño nunca me habían dejado ir.

A ti te dejo el desconcierto de una noche en la que regresé a ti, ciudad

que me viste marchar para no volver jamás.

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Y todo cuanto dejo de forma carece,

solidez no tiene, fuego no quema,

pues trémulas las cenizas se asientan en el fondo de mis ojos,

pesado sueño, eterno ya.

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© 2006 David Lago González

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4 C

NOTA DEL BLOGGER: Decido colgar el libro "4 C" con el que he concursado para el Premio Loewe 2008, otorgado ayer a la poeta Cristina Peri Rossi. Indiscutiblemente, ni mi inocencia ni mi esperanza eran completas cuando decidí participar en un concurso, pero también siempre queda la posibilidad de la duda o del "tal vez pueden equivocarse conmigo". No creo que mande el texto a ningún otro certamen pues estoy un poco crecidito y lo suficientemente cansado como para estar continuamente llenándome de ridículas ilusiones juveniles con premiecitos de Cierza o de no sé dónde y mostrarlos después al mundillo intelectual como si me los hubiera otorgado Jorge Luis Borges en persona.

Cuelgo los poemas empezando desde el final, para que el orden quede como el de un libro real, físico, preferiblemente en formato de bolsillo pues detesto la cubierta dura de las ediciones lujosas. En fin de cuentas, qué es uno sino un orgulloso paperback writer.

I hadn’t a cat yet.

Sylvia Plath

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Y todavía no tengo un gato...

El que tenía, lo perdí.

Lo perdí en el bosque a causa de este terrible miedo.

Y se volvió un salvaje,

macho nocturno de vivaces ojos azules

que iluminan los sesgos de esa agreste hierba rala de Castilla

y las frondas espectrales, más que troncos

escuálidos dedos que se empinan hacia el cielo en busca de El Greco.

Me dicen que aún reconoce el nombre que le di...

Pero ya es un hombre de peligros,

hecho a la vida ruda,

a la carne apenas tibia del muerto,

a la fibra tensa del que huye de sus dientes.

Aunque mejore, aunque me ponga bien del todo,

aunque un milagro ocurra

y desaparezca este quieto temor

que me ayuda a esperar y rechazar,

no volverá de nuevo.

¿Cómo, acaso, podrá confiar en mí una segunda vez?

¿Soy yo el muslo firme de aquellos viejos versos juveniles

que ni siquiera imaginaban la posibilidad de alguna vez clamar en el desierto?

No, yo ya no soy nada

con lo que se deba ajustar un pacto de vida otra vez,

una alianza de amor, ni siquiera un trasunto de mercadeo:

estoy y no estoy.

Ja, ¿recuerdas, Enrique, que teníamos esa suerte de apuesta?

Las palabras se repiten, o se hacen hombres, crecen

y se hacen viejas, y son las mismas que pronunciamos

pletóricos, ausentes del dolor, insolentes como una risotada.

Sí, sin duda alguna,

el último acto valeroso de mi vida

fue forzar su libertad: los gatos no aceptan la muerte

de quien tanto les debe y al que todos, mecánicamente, llaman “amo”.

(marzo 2008)

(C) 2008 David Lago González

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lunes, 24 de noviembre de 2008

Se me hace tarde

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Se me hace tarde, pero no recuerdo para qué.

No sé si para salir o para entrar, suponiendo

que haya alguna diferencia.

Quizás para morir, tal vez para vivir;

trabajos pesados que debieron suceder en el pasado,

ahora se tornan forzados

o mecánico reflejo de una inercia galopante.

Para escribir otro verso: miro hacia la ventana

y recuerdo que sus cristales aumentan excesivamente el otoño

recién comenzado; escucho al violinista de la esquina

y me doy cuenta que es domingo: llevo varios días encerrado.

Se me ha perdido algo, y no sé qué es.

¿Un gato, la mano de un amante o el frasco del veneno,

otro amigo que maté la última semana,

un país,

una cama?

Algo, algo que no puedo precisar...

En fin,ya me vendrá.

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Aunque tarde, siempre llega el tiempo.

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(Madrid, 24 de septiembre de 2006)

© 2006 David Lago González

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martes, 18 de noviembre de 2008

à la recherche d'un poème perdu

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NOTA DEL BLOGGER & AUTOR: En mi búsqueda de archivos perdidos: poemas, cuentas, propósitos de novelas, opiniones políticas y sueños eróticos, me he encontrado con este poema sin título, pero que ahora con posterioridad he "entitulado" como IRACUNDIA. Las iracundias son unos arrebatos que me dan de vez en cuando, en realidad con cierta frecuencia, y que hasta ahora se han resuelto en versos, palabras acaloradas, insultos y resaca depresiva. Aún no ha aflorado la sangre.

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IRACUNDIA

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Soy la barranca abajo y el sin freno, la puerca de Valladares,

la copa rebosante de fluoxetina y la frustración del Prozac,

y el párpado inerme, inerte pellejo, bajo el tacón del lormetazepam.

El empujón me lo doy yo mismo, no hace falta que me atropellen.

Calma, compañeros, la cola en vela ha sido en vano:

no llegaron los tennis ni el tafetán

ni las banderitas hispano-cubanas para saludar la democracia –quesque cé?

Y, para colmo, España ya dejó de ser un modelo de transición

y volvió a lo que siempre fue: enchufe y besamano, usura, suciedad apañada,

crema exfoliante y agresiva, lejía con olor a menta allá por el sur, el cinturón de papá:

prepara el culo, mi niño, que quien la hace la paga.

¿Y qué hice yo?, me encuesto en este minuto sin tiempo.

“Es sólo un segundo”, me digo, como un profesional improvisado y mal pagado

bajo el arcón de mi puerta, esperando la respuesta, corre el tiempo,

el reloj sin manecillas de McCullers, que también se suicidó,

y las cuatro plantas sin ascensor,

el comedor para indigentes del General Martínez Campos, Sor Isabel Viñedo,

donde saboreé mis primeras sopas de cocido madrileño.

Pero no, esto no es un mero acto personal e intransferible, íntimo y aislado,

ajeno a cualquier circunstancia, como caído del cielo

o higienizado hasta la más recóndita molécula en el laboratorio:

laboratorio o cielo, dos extrañamientos brechtianos.

Les ahorro el matarife, ¡vaya!

Pero a esta vaca que soy yo, además de cerda y poeta,

muchas manos la han aguantado por más de una pata.

No se me pongan tiesos (o, tal vez, para ser más español,

¿deba decir “no ME SE pongan tiesos”?) ni carraspeen;

tampoco quieran mirar al de al lado --¡eh, tú, impío lengua de trapo!--

empezando por el pie como si el minueto a ensayar fueran:

pocos

se salvan de asesinar al maricón; al fin y al cabo,

nadie sabía muy bien qué hacer con él, ni allá ni aquí ni acullá,

tampoco aquellos que cama en delirio o asco compartieron.

Les descargo un poco añadiendo que ni siquiera yo mismo lo he sabido mejor…

Pero, ¡hala, garrulos! “¡Cochuzas!”, como Nina de Romero en gracia les bautizó.

¡A vuestras miserias, hermanos, que se acumula la labor!

Duro e infinito sudor aquel que gotea de lustrar la mierda propia y la ajena,

la oportunidad, el discurso y su método, la lisonja,

y esa aterradora palabra que la mediocridad se agenció: patria.

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Del fango salimos y al fango volvemos: estos, polvos no son.

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(Madrid, 4 de noviembre de 2005)

© David Lago González, 2005.

martes, 11 de noviembre de 2008

Ellos no tienen

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para Antonio Desquirón

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Ellos no tienen lo que tenemos nosotros.

El repunte de mandarlo todo a paseo

en un momento determinado,

quizás en el mejor de nuestros “ciclos vitales”.

Darse cuenta al comienzo de la plácida vejez

que la verdad espanta pero no mata

y que las numerosas manchas de sangre bajo la luz ultra-violeta

denotan las manos de un asesino.

Ellos fueron educados en la disciplina,

y acatan la rigidez como una función natural.

Fueron niños-soldados de una guerra que aún no ha comenzado

y confunden la palabra con la comandancia.

Pero lo mejor está por llegar,

the best is yet to come, lo dice el silencio

que escucho entre los ruidos.

Ellos no tienen lo que tenemos nosotros.

La casa de Usher que habitamos

ni la defendemos ni la entregamos,

pero si el curioso mete por aquí su nariz respingona,

mi hermana, le mandaremos al sótano con el carbón y las ratas.

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(Madrid, 10 de noviembre de 2008)

© David Lago González, 2008.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Another man gets away

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viaje

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Another man gets away,

a man is always getting away, as far from the shore

as a shipwreck survivor adrift on his raft,

under the umbrella he improvised in his hunger to survive

a sea that devours him from within and without.

The man that gets away,

is forever gathering up his gear,

the diminutive poetry that shapes his life,

the gravity of the mystery that bears him to that remoteness

from which he surveys the receding shore,

a distance beyond any possible return by the currents.

The choppy waters, a mouth that swallows his form and shadow,

make of a man a sand dune that builds up and is submerged.

He and the shoreline never meet: a man who always leaves

and a shore that seems to remain when in reality it withdraws

phantasmagorically, like a huge frigate under a monarch’s command.

The man, although loving the will to live more than life itself,

realizes that the gates through which he can start his new world,

the island he observes and that observes him,

will likewise be a drop of water from the sea,

a fleeting slap of light beneath the waves.

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© David Lago-Gonzalez, 1975.

© Kurt Findensein, translation, 2008.

viernes, 31 de octubre de 2008

La mano (Antonio)

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Antonio's hand01

© David Lago González / Digital Art. 2008.

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La mano era amplia, grande

―"heredada de mi padre", dijo―,

como España toda, o más: como Australia.

La isla más grande del mundo rodeada toda de agua,

en mitad del infinito, el azul infinito

que es un misterio para el hombre

que no sabe calcular hasta dónde se extiende

por la rosa náutica,

el hombre

que no sabe imaginar hasta dónde baja

por corales que pierden su armonía

a la sombra de monstruos tenebrosos.

Las yemas romas, las uñas como roídas por el tiempo...

Llegado el segundo fugaz del fin del mundo

la mano buscaba la mía como si de pronto perdiera la vista,

todo oscuridad o todo luz,

y apretándola, ciñéndola a la muerte que es vida,

repetía mi nombre.

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(Madrid, 10 de diciembre de 2007)

© David Lago González, 2007.

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Antonio's hand02

© David Lago González / Digital Art. 2008.

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domingo, 26 de octubre de 2008

La lavandería

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Laundry_Detail

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Lava la ropa sucia. Limpieza exterior,

ética. Etérea materia de la cochambre,

oportunidad. Futuro abrillantador.

Ojos verdes relucientes sobre piel de quemada arena.

Labia del berebere espabila’o, que diría Lorca resucitado.

Yo iré a Santiago, en un carromato informe

o con las maneras de una oruga y no por ello gusano,

con mil negros y una tumbadora, la vianda

convertida en una pepita de oro,

el pingajo de la visita tomando un refrigerio de mamey y marañón

y mi mulato ceniciento: yo iré a Santiago.

Ah, tú tienes lavadora, ¡qué magnífica ocasión!

Y qué “bonito” escribes, la hermandad hispano-cubano

nos amancebará sobre la página en blanco y sobre la blanca sábana.

También a lo largo de las sabanas camagüeyanas,

rica en haciendas portentosas y cursilerías pequeño-burguesas.

Las mismas de la nostalgia del exilio,

que no se quiere ensuciar con la conciencia.

No hay culpa ni perdón: mejor, así no nos complicamos.

Cambia el tiempo: hoy nieva y mañana llueve en demasía.

Todos somos hermanos; incestuosos, pero hermanos.

Yo me tiro hasta a mi madre, como Vargas Vila.

Pero yo estoy en la parte dura, en el lado salvaje de las rebajas de enero.

Aprovecho la ocasión y lavo hasta la ropa que llevo encima.

Me siento frente a ti, con mi aldaba de oro quemado reposando sobre el cojín.

Cojín y cojón, ¡que venga Servando Cabrera Moreno a eternizar con su trazo

la sombra alargada y profunda de este creyón!

Ah, maricón, qué bonito escribes...

Papeles, gacetas cual gacelas, portadas aliñadas en Photoshop.

Practiquemos el doggie como buen bugarrón, luego te diré un versito, dame dinero,

una cátedra, alguna conexión en el Instituto Iberoamericano de Cooperación.

Serás el primero cuando construya el árbol del amor

entre nuestros cuerpos hermanos, nuestros fluyentes dorsales

que son Madre Patria e Hijo Fiel, rol daddy & son,

malecones de una misma mar: ¡a Santiago me voy!

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(enero 2006)

© David Lago González, 2006

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© 2008, David Lago González / Digital Art

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domingo, 19 de octubre de 2008

Correr sobre la nieve

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Aquí

seguimos como allá,

murmurando en casa

la otra parte de lo que decimos fuera.

No sé si es inercia

o la suma de innumerables virus para los que no hay antídoto.

Una mala costumbre, la vuelta al abejeo de las corralas

o síntomas de un deterioro adelantado.

Mejor cobrar en dinero, ese metal ya sin metal que todos adoramos,

a ser pagado con un destino en los ferrocarriles, o una posición

incómoda pero soportada por la resignación: la brisa quema

en lo alto de la silla desde donde se vigila el paso de los cruceros

donde otra vez se enamoran los más hábiles.

Con cuánta facilidad el cuerpo soporta una prenda más,

la piel se arruga bajo tantas capas

sin que el sol la curta en invierno o en verano

ignorando el placer que se siente

corriendo totalmente desnudo sobre la nieve.

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(Madrid, 19 de octubre de 2008)

© David Lago González, 2008.

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martes, 14 de octubre de 2008

Cuando sea mayor

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Cuando sea mayor, quiero ser intelectual,

pero no como Messié Julián, que además era “chic”,

tocaba el piano y todo el mundo sabía que

recibía el correo cubierto por un batín de seda verde.

Quiero tener la voz profunda, el andar pausado,

dominar la escena sin atragantarme con la oliva del martíni seco.

Y muy importante, quiero unificarme,

porque un ilustrado sin una unión detrás

nunca tendrá cabida en la nueva constitución.

El armisticio ya está pactado,

y se zapa desde siglos atrás el tono neutro

y sosegado, el olor del habano, el humito diabólico del café,

el encuentro atenuado del desencuentro,

ya sea en barraca o en una tacita de plata.

Ah todo viene tan bien... Ni siquiera

tienes que quitarte tú para ponerme yo: espacio

sobra,

como sobra Gorki después de usado bien,

al fin y al cabo el mismísimo Máximo escribió antes su propia historia,

y ése era otro docto unificado.

En todo caso, apañaremos un huequito en los libros de la academia

para las novísimas palabras del idioma que evoluciona,

como evoluciona

la mentalidad

de la intelectualidad.

Qué poética tan poco apalabrada, pensará Julián

si está despierto, pero pongamos a Dios de pretexto

para que no se vuelva a poner ese batín que le torna tan sujeto

al desorden y el relajo entreverado como una masa del puerco.

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Cuando sea mayor, quiero entonar mis versos

como un jilguero a lo Neruda, con voz presente pero lejana,

que eso da un eco como ausente.

Sencillo y sincero como en el léxico oficialista,

como si ambas cosas juntas sugirieran la discordancia

en otro lenguaje oficioso.

Espero, de mayor, leer lentamente

porque pensaré que la empleomanía no es

lo suficientemente sagaz como para seguirme.

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Cuando sea mayor, quiero ser mujer

y vestirme de hombre, a lo George Sand,

para luego casarme con un hombre como Oscar Wilde,

de lánguida mirada bajo los párpados caídos

que esperan lo inevitable del juicio: la terrible sentencia

del déjamelo ver Carlota-que no te lo enseño Juan.

Y luego, cuando ya todo sea bala viril, pétalo febril,

ingresar en el ejército rebelde

cuando deje de existir el bien y el mal

y los imperios de antaño sean las colonias de las colonias

que, unificadas como el intelecto,

dominarán al universo con una palabra y un gesto,

un gesto que no diré cuál, para mantener el “suspense”

y no el “suspenso”, aunque sí suspendido

el arco bucal en ese instante en que la garganta

argumenta un “¡aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!” quedo y prolongado.

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Cuando sea mayor, no quiero ser como yo.

Quiero ser intelectual, con ese intermedia y erre al final.

La barba dejarla crecer, y, si blanca no es,

decolorarla a la fuerza para conseguir ese efecto

que ya Bellow, en los 50, definía como “intelectualización de la imagen”,

y que afecta por igual al burgués melindroso

y al amanuense sudoroso de la fábrica de neumáticos.

Respuesta tener para todo, y mil colores de chaquetas,

que los tiempos son rameras disfrazadas de beatas

que en un

plis

plas

cambian el misal por el manual.

Ah, no ser nunca, de mayor, docta de cabaret como Madame Bacallao,

ni mucho menos “chic” y cantar baladas en el Monsegnor,

para no caer en la tentación de ponerme el batín de seda verde

que con descuido Messié Julián se tiraba sobre los hombros

para franquear la entrada a las buenas y malas del correo.

Y yo lo sé bien

porque mi primo Miguel Sotolongo Glez era cartero

y llevaba hasta su puerta las cartas de sus ahijados.

La oscuridad sonreía traviesa en las tinieblas

su luz conspicua y rechinante, y él bajaba del Foxa en un lift súper-rápido.

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© David Lago González, 2008.

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lunes, 13 de octubre de 2008

a mess of blues

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A mess of blues

Lays along me at the end of the night

As a bunch of sheets drowning me into dark

I cannot take it off of my eyes

Even when I open them to dream of idiot’s tomorrow

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(C) David Lago-Gonzalez

sábado, 11 de octubre de 2008

One more cup of coffee... for the road (Bob Dylan)

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Una taza más de café...

antes de marcharme. Ven. Tráela

a la cama, como si fueras mi madre

en aquel viejo pueblo cubano

que esquivaba a Henry Morgan y sus piratas,

cuando todavía el aroma del galán de noche

quedaba prendido de las estrellas escondidas de la mañana.

Como las palabras de Saint-Exupery,

las cosas importantes

no eran visibles a los mortales,

pero allí estaban, viajaban de la cocina a mi cuarto

sobre la crema color tabaco

pegada a los bordes de la pequeña taza.

Mezclo las imágenes. Mezclo la realidad

con lo que pienso en silencio.

Aquel café carecía de crema, los cremosos son los de ahora.

Pero yo le añado un poco como si fuera azúcar,

licor de naranja amarga,

o tu pezón gravitando sobre mi boca... ding

dong

ding

dong...

péndulo de mi alegría y mi fulgor

péndulo de mi agonía

reloj de mi silencio

manecillas del laberinto que se pierde

quién sabe dónde

quién sabe cuándo

quién sabe qué

tengo tantas cosas que tú no tienes

tantas cosas inútiles.

Tanto pasado...

que ya ha pasado. ¿Ves? Ya terminé de beberlo,

el café,

de

la

taza

al papel,

y ya se fue, y ya te fuiste,

pero como aquel pasado deshabitado

amaneces conmigo, mi secreto inolvidable,

escondido olor a contrabando,

calla..., no, no se lo digas a tu mujer.

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(Madrid, 7 de julio de 2007)

© David Lago González, 2007

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